ENCUESTA. Los resultados de una reciente encuesta de GfK sobre la confianza del consumidor muestran que este mes el índice general siguió en el tramo negativo, pero la buena noticia es que no se deterioró más, a pesar de todo el ruido político y los aún magros resultados económicos del país. La mala noticia es que no se consolida una recuperación clara de este indicador. Lo que muestra el sondeo es un comportamiento diferenciado. Por ejemplo, la confianza mejora en Lima, pero cae en el interior del país. También hay diferencias por niveles socioeconómicos.

Detrás del estancamiento de la confianza del consumidor probablemente está el hecho de que la economía creció solo 2.4% en el 2014, muy lejos del optimista pronóstico oficial inicial de 5.8%. Ello ocasionó un menor empleo formal urbano (crecía solo 1.9% a noviembre) y un comportamiento diferenciado de este (2% en Lima y 1.6% en el resto urbano, donde incluso caía en 15 ciudades).

Se esperaba una mejora importante en las expectativas y en la confianza de los agentes económicos, después de las medidas reactivadoras dadas por el Gobierno, entre las que figuran la disminución del Impuesto a la Renta a personas naturales, aguinaldos especiales, medidas para destrabar las inversiones, entre otras. Sin embargo, el ruido político (proveniente de las denuncias de corrupción en diferentes niveles de gobierno y de los descubrimientos de reglajes a personajes políticos, el mal manejo en la difusión de las bondades de la ley laboral juvenil) habría contrarrestado la tendencia positiva que se observaba en esos indicadores hasta octubre del año pasado.

Que crezca la inversión privada depende de que las expectativas empresariales estén bien y la confianza del consumidor es crucial para que el consumo interno mantenga su dinamismo. Ambas variables (consumo e inversión) representan alrededor del 80% del PBI, por lo que resulta indispensable hacer los esfuerzos necesarios para recuperar ambas lo antes posible. Dejar de hacer ruido político puede ser un buen inicio.