RUIDO POLÍTICO. El presidente decidió remecer el Gabinete ministerial a fin de tranquilizar en algo el movido escenario político. El mandatario reaccionó obligado por las circunstancias, pero lo hizo tarde porque enfrentaba desde hace meses cuestionamientos por sus supuestos vínculos con una empresa que contrataba con el Estado.

Aunque el renunciante presidente del Consejo de Ministros ignorase las intrigas que tramaba su exasesor, , su permanencia en el Ejecutivo se habría convertido en un lastre demasiado pesado para el Gobierno, que una vez más se ha visto obligado a distraer su atención de los temas cruciales para el país por causa de otro destape.

El reemplazo de Cornejo por es significativo considerando que el presidente Humala no se caracteriza por su elocuencia, de modo que ese vacío podrá ser llenado por ella, además que su cargo tiene la función de portavoz del Ejecutivo –algo que la mayoría de sus cinco predecesores parecía ignorar–. Jara tiene experiencia en ese campo, pues en muchas ocasiones ha dado la cara para defender al Gobierno. Su incondicional posición y lo poco probable de decirle no a la le ha granjeado la confianza de Palacio de Gobierno.

Además, no se le conocen actos que entren en conflicto con su papel como ministra o congresista. El momento del cambio es oportuno porque se inicia el cuarto año del Gobierno, que en realidad es el último para implementar políticas orientadas a impulsar el desarrollo socioeconómico del país. Sin embargo, cabe preguntarse si Ana Jara generará en el sector empresarial.

En el Congreso las cosas sí que están color de hormiga para Humala. Una docena de parlamentarios de Gana Perú no acepta la designación –imposición, denuncian ellos– de como candidata para presidir la Mesa Directiva. El riesgo de cisma en la bancada del partido de gobierno sigue latente, aunque –la candidata de los inconformes– ha llamado a la calma y ha apoyado a la elegida por la cúpula nacionalista.

Es claro que Humala y su esposa prefieren al frente del a personajes de perfil bajo, todo lo contrario a Espinoza, pues hubiera bastado con preguntarle a Lisa Simpson.