UNA OPORTUNIDAD. El 16 de octubre del 2001, el Perú presentó ante la Unesco el expediente para que el (Camino Real, en castellano) fuese declarado Patrimonio de la Humanidad. Casi trece años después, el último sábado, el organismo integrante de las encargado de promover la educación, la ciencia y la cultura, .

Aunque el Mundial está dejando en segundo plano cualquier otra noticia –en especial las de índole histórica y cultural–, las autoridades tienen un caso de éxito que deben saber explotar, más allá de las celebraciones que se tiene previsto realizar dentro de unos días. Si nos asimos del léxico futbolero, podemos afirmar que este gol se ha hecho esperar por tanto tiempo que sería reprochable no cantarlo por todo lo alto, en especial considerando que el Perú no suma patrimonios de la humanidad con frecuencia –los anteriores fueron Caral, en el 2009, y el centro histórico de Arequipa, en el 2000.

Para comenzar, la tendría que diseñar y lanzar una campaña internacional que refuerce el posicionamiento del –el tramo que conduce a y que es el único adecuadamente habilitado para el turismo– e informe al mundo que existen otros tramos del Qhapaq Ñan que esperan a los más aventureros.

Asimismo, corresponde al y al impulsar la puesta en valor de secciones de la vía con potencial, como la que lleva de Pachacámac al nevado Pariacaca o la de Vitkus a Choquequirao, aparte de otras en Áncash y Huánuco. Esta tarea consistirá en mejorar accesos, la construcción de paradores y el desarrollo de servicios de guías y porteadores, a través de concesiones, pues sería un error que el Estado se encargue de su manejo.

También se tiene que aprovechar el hecho de que el Qhapaq Ñan no es patrimonio exclusivo del Perú, pues la declaratoria incluye a Argentina, Bolivia, Colombia, Chile y Ecuador, de modo que podrían realizarse campañas de promoción conjuntas o complementarias. El Gobierno tiene una buena oportunidad para revigorizar la imagen turística del país. La pelota está en su cancha.