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Editorial de Gestión: Flexibilizando a la fuerza

Desde el lanzamiento del paquete de medidas para reactivar la economía, hemos venido insistiendo en que se requieren medidas más audaces, particularmente, para flexibilizar el régimen laboral. Las buenas noticias en este campo no han llegado desde Palacio ni el MEF, sino a través de dos fallos judiciales.

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RÉGIMEN LABORAL. Desde que el Gobierno lanzó su paquete de medidas para reactivar la economía, este diario ha venido insistiendo en que, si bien son necesarias las acciones tomadas por el Ejecutivo, se requieren medidas mucho más audaces para alentar la inversión privada en el país. Particularmente, hemos propuesto que dichas medidas adicionales deben apuntar necesariamente a flexibilizar el régimen laboral en el Perú, uno de los más onerosos de Latinoamérica y, por ende, uno de los mayores promotores de la informalidad en este país. Sin embargo, las buenas noticias en este campo no han llegado desde Palacio ni desde la sede del MEF, sino a través de dos fallos judiciales recientes.

Esta semana trascendió que una sentencia reciente del Tribunal Constitucional establece que un empleador puede reducir el sueldo del empleado, no solo con su expreso consentimiento, sino también de manera unilateral, siempre y cuando exista una causa legal, claro. Una de estas razones podría ser, por ejemplo, que la empresa esté atravesando por una situación económica complicada.

En un caso aislado pero relacionado, un reciente fallo del Poder Judicial también pondrá fin a otra práctica precaria de nuestro régimen laboral. De acuerdo a nuestra legislación, un empleado despedido arbitrariamente (no importa que la empresa esté enfrentando graves problemas financieros) podía reclamar automáticamente a su empleador, entre otras cosas, todo el sueldo que dejó de percibir durante el plazo del juicio que, como sabemos, no se resolverá de forma particularmente rápida en nuestro país. Despedir a un trabajador que no haya cometido una falta grave es prácticamente imposible entonces. Por lo tanto, las decisiones de contratación deben ser sumamente cuidadosas, pues el costo en que se incurra es permanente.

Pero, contrario a las primeras impresiones, estos dos cambios trascendentales tienen la capacidad de aumentar tanto el empleo como la inversión. Si las empresas saben que tienen un colchón para ajustar sus costos en tiempos difíciles, no tendrán que pensarlo tanto a la hora de contratar. Por otro lado, la flexibilización de sus costos laborales puede permitir a la empresa a seguir operando en condiciones difíciles en vez de, por el contrario, caer en bancarrota, salvando el trabajo de sus empleados.

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