MEDIDAS. Desde que se hizo evidente en nuestro país, un grupo de economistas vienen sugiriendo reiteradamente reducir en uno o dos puntos porcentuales el Impuesto General a las Ventas (IGV) como un mecanismo para dinamizar la demanda interna y así poder darle un mayor impulso a la economía.

Aún no se sabe si esta medida será incorporada en el cuarto paquete anunciado por el MEF, como algunos han intuido; sin embargo, hace una semana Julio Velarde, presidente del BCR, desestimó esta propuesta públicamente por carecer de sustento técnico. En esta ocasión, nosotros estamos de acuerdo.

En primer lugar, según Velarde, una reducción del IGV en 1% no necesariamente se trasladaría al precio final. En la práctica, las empresas tienden a ampliar su margen de utilidad en vez de reducir sus precios finales en este tipo de situaciones, llevándose ellas el beneficio tributario en vez de llegar hasta los consumidores.

Efectivamente, algo similar ocurrió en el 2011 cuando se redujo el IGV de 19% a 18%.

Pero aun si todo el descuento se trasladase al consumidor, el efecto sobre la economía seguiría siendo marginal. Una reducción tan sutil, pues, no alentaría a las personas a cambiar sus patrones de consumo (ni de inversión). Un descuento del 1% en el precio de un producto, por ejemplo, no hará que lo compremos más. Y el dinero que ahorren los consumidores en sus compras mensuales (la canasta básica mensual cuesta alrededor de S/. 300 por persona. El 1% equivale a S/. 3) no será suficiente como para destinarlo a otra actividad.

Por lo demás, un estudio realizado por el MEF el año pasado encontró que el multiplicador del gasto es mayor que el multiplicador de los impuestos en nuestra economía. Es decir, por cada sol que el Gobierno gasta, el resultado sobre el PBI es mayor que por cada sol que el Gobierno reduce en impuestos. Esto es algo importante a tener en cuenta cuando se habla de estímulos.

Con esto no queremos decir que la tasa impositiva actual del IGV es intocable (menos que no hayan otros impuestos que deban reducirse). Solo decimos que reducir el IGV en uno o dos puntos no es una herramienta útil para lo que se quiere lograr en este caso específico.