PERSPECTIVA. La al punto de crecer tan solo 1.84%, la tasa más baja desde octubre del 2009, año en que nos pegó la crisis internacional. No suena bien. Pero, a pesar de algunas diferencias decimales, que sí sorprendieron a algunos –nosotros incluidos-, el número que esperábamos no está muy lejos del finalmente reportado. Tanto la suerte de mayo como la de junio (si no también la de julio) ya está echada, y el crecimiento de la economía por estos meses no será muy diferente al de los últimos datos que tenemos.

Sin embargo, estas tasas no son representativas de nuestro crecimiento potencial. Este periodo es solo un "bache" que se explica principalmente por el enfriamiento de la inversión privada y el de las exportaciones, ambos con un crecimiento cercano al 0% en el primer semestre del año. Esperamos que la tendencia de ambos factores, no obstante, comience a revertirse en el segundo semestre y continúe durante los próximos dos años. Las exportaciones se verán beneficiadas por la mayor capacidad de producción de grandes proyectos mineros así como de un entorno internacional más favorable. La inversión privada, por su parte, comenzará a reaccionar ante las medidas del Gobierno y del Banco Central de Reserva, siempre y cuando los inversionistas confíen en la recuperación de la economía. Paralelamente, el inicio de obras de los proyectos licitados por ProInversión –alrededor de US$ 15 mil millones- no deberá tardar mucho más y se mantendrá constante por los próximos años.

Por ello, es sustancial que tanto el MEF como el presidente en su mensaje a la Nación expliquen con claridad la naturaleza transitoria de la situación por la que estamos atravesando y cómo es que planeamos salir de ella. De forma directa y sincera; pues, como reveló la última encuesta de Pulso Perú, un 48% de la población atribuye la desaceleración a factores internos.

Lo peor que nos puede pasar en este momento es caer en la desesperación. Con un bajo crecimiento y pocos avances en temas de seguridad y corrupción, el gobierno de Ollanta Humala no entra en la mejor forma a su tercer año. Sin embargo, si el Gobierno apunta a recuperar la inversión privada, la época de vacas gordas no tardará en volver.