POBREZA. Por noveno año consecutivo, podemos decir con satisfacción que la proporción de pobres en el Perú ha vuelto a decrecer. Según el informe "Evolución de la Pobreza Monetaria 2009-2013", del INEI, la pobreza se redujo de 25.8% hasta 23.9% en el 2013. Con este resultado, tenemos que, tan solo en los últimos 10 años, la pobreza en el país ha caído en más de la mitad. Sin duda, un logro importante y una señal de que avanzamos por el camino correcto, pero los 7.3 millones de peruanos que hoy viven en pobreza son, a su vez, un recordatorio de que todavía queda un largo tramo por delante.

Uno de los aspectos más resaltantes del informe es cómo el crecimiento de los últimos años ha sido mejor aprovechado por los sectores más rezagados, desmitificando así la premisa de que el crecimiento ayuda a los ricos a hacerse más ricos a costa de que los pobres se empobrezcan aún más.

Por el contrario, el crecimiento de nuestro país ha reducido la brecha de desigualdad medida por el INEI (vale aclarar que la base de datos utilizada por el INEI –La Encuesta Nacional de Hogares– ha sido calificada como sesgada por algunos analistas. Según ellos, el sondeo no toma en cuenta a las personas con mayores ingresos). En los últimos cinco años, por ejemplo, el ingreso real aumentó 13.2%, en promedio, en todo el país; sin embargo, en el ámbito rural este se incrementó en 22.7% en comparación con el 9.9% urbano (donde tradicionalmente se encuentra la mayoría de la riqueza). Asimismo, el ingreso aumentó considerablemente más en la selva y en la sierra que en la costa. A nivel nacional, el 30% con ingresos más bajos creció más del doble que el 30% con ingresos más altos.

Sin embargo, es imposible dejar de notar que el ritmo al cual la pobreza se está reduciendo en el país ha comenzado a ralentizarse. Esto, es verdad, coincide con una desaceleración del crecimiento económico, pero también con un incremento de la inversión social en más del 50%, en palabras del propio presidente de la República.

Antes de seguir priorizando este gasto sobre otros que se dediquen a aumentar la productividad, por ejemplo –como infraestructura– es necesario evaluar sus alcances reales. Para ello, no obstante, necesitamos una medición de la pobreza más integral que la "monetaria".