EDUCACIÓN. La reforma de la educación ya está obteniendo resultados: el 44% de los alumnos de segundo grado de primaria entiende lo que lee y el 26% alcanza un nivel satisfactorio en matemáticas (respectivamente, once y nueve puntos porcentuales más que en la evaluación previa). Hemos pasado de uno a catorce colegios de alto rendimiento y el Ministerio de Educación (Minedu) ha logrado comprometer a un grupo de empresas para que inviertan en la construcción y mantenimiento de escuelas bajo el esquema de obras por impuestos.

Pero este solo es el inicio, pues tantas décadas desperdiciadas no se pueden revertir en el corto plazo. Si bien la brecha de infraestructura y la mejora de la calidad del servicio ya cuentan con estrategias y planes, un aspecto que aún espera el inicio del cambio es la revalorización de la carrera docente. El propio ministro Jaime Saavedra ha reconocido su urgencia, al tiempo de señalar que un profesor percibe hoy, en promedio, un tercio de lo que ganaba hace 40 años (en términos reales).

Con este nivel de remuneraciones, es lógico que los jóvenes descarten la opción de estudiar Educación –o peor, que la consideren la última alternativa, si no logran acceder a una carrera más rentable–. Según datos del Minedu del 2012, más del 90% de los postulantes a los institutos pedagógicos a nivel nacional consiguió ingresar; el resto no se presentó a los exámenes de admisión. En otras palabras, hubo más vacantes que postulantes.

El desinterés por convertirse en profesor es tal que el 45% de locales escolares estatales es multigrado. Es decir, en una misma aula un docente dicta clases a estudiantes de más de un grado. Faltan profesores y, lamentamos decirlo, muchos de los que hoy ejercen la profesión lo hacen porque no tuvieron más remedio.

¿Cómo revalorar la profesión? Un paso es elevar las remuneraciones, una meta ya planteada por el presidente Humala (duplicar salarios al 2021) que seguramente contará con la opinión favorable del MEF, pero también es necesario un salto de calidad en la preparación de los futuros docentes y en la capacitación, que debe ser constante. La carrera magisterial tiene que dejar de ser el "plan B" de los jóvenes y convertirse en un imán vocacional, como ocurre en los países que ocupan los primeros lugares de las pruebas PISA.