TENDENCIA. Un crecimiento del PBI menor al esperado afecta la capacidad de pago de los deudores. Esto es lo que efectivamente le ha ocurrido a la , que en el 2015 se expandió a un ritmo menor al calculado inicialmente: la más reciente proyección del BCR es 2.9%, mientras que en su Reporte de Inflación de enero del año pasado estimaba 4.8%.

En consecuencia, aumentó la morosidad. En noviembre pasado, llegó a 2.62% (según el INEI), cuando un año antes era 2.46%. Las entidades del están tomando una serie de medidas para evitar un mayor deterioro en la calidad de sus carteras de crédito. Entre ellas, la reprogramación de los préstamos en problemas, otorgando a los deudores plazos de pago mayores y, en consecuencia, menores cuotas.

Otra modalidad orientada a reducir las tasas de morosidad es la venta de cartera clasificada como incobrable. Los créditos de consumo –que suelen presentar las mayores tasas de interés– y los destinados a las mypes son los que lideran esta categoría. Algunos analistas prevén que este año la mora subirá a 3%, de modo que bancos y demás empresas del sector se alistan a ofrecer más facilidades a sus clientes en apuros.

La desaceleración de la economía también ha afectado el crecimiento del crédito, que en el 2015 se expandió a un menor ritmo que en años previos (9.2% frente a 10.4% y 12.9% del 2014 y 2013, respectivamente). Las instituciones financieras redoblaron la cautela en la entrega de préstamos, y las familias y empresas fueron más mesuradas en sus decisiones de endeudamiento. Además, el sistema financiero aplicó procesos de reorganización y consolidación, lo que, según el BCR, originó una mejora de su eficiencia operativa (gastos operativos como proporción del activo promedio).

La autoridad monetaria también destaca que a pesar del aumento de los indicadores de morosidad y la desaceleración de las colocaciones, el sector financiero se mantuvo estable. Otro proceso que está rindiendo frutos es la desdolarización del crédito, que debido a las medidas aplicadas por el BCR y la SBS bajó de 38.3% a 30.5% en el 2015. Esta menor dependencia del dólar reduce la vulnerabilidad del crédito ante la volatilidad del tipo de cambio, que el año pasado fue bastante notoria.