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Editorial: Butaca vacía

“La mayor dificultad que enfrentan nuestros cineastas independientes es la distribución”.

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RETO CREATIVO. El Ministerio de Cultura prepara una nueva ley para el cine nacional. Es claro que las películas destinadas al entretenimiento masivo –como comedias o biografías de personajes populares– no necesitan un marco legal que fomente su producción y exhibición, pero las que intentan explorar otras temáticas, sí merecen más apoyo del que ahora reciben y no necesariamente debería provenir del Estado.

Varias leyes han buscado incentivar el cine independiente nacional, hasta se pensó que con la creación de ese ministerio, en setiembre del 2010, el camino sería menos difícil. Pero los pasos dados desde entonces no han sido los más adecuados, incluyendo la eliminación del Consejo Nacional de Cinematografía (Conacine), en mayo del 2011, que era un órgano autónomo.

Ahora, las decisiones sobre financiación de la producción y distribución de obras cinematográficas corren por cuenta del citado ministerio, a través de su Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios. Si se pretende promulgar una nueva ley, habría que reactivar Conacine pero esta vez encargarle la tarea de obtener fondos del sector privado.

La experiencia de países como Chile y Colombia –que están siguiendo los pasos de Argentina, Brasil y México como referentes del cine latinoamericano– podría ser bastante útil para adoptar algunas medidas y evitar otras. En todos estos países, el sector privado financia activamente proyectos independientes, porque sus marcas reciben exposición en la pantalla grande. Pensar en otorgar incentivos tributarios es el camino más fácil pero no necesariamente el mejor.

En el Perú ya existen ayudas y están enfocadas principalmente en la producción, cuando la mayor dificultad que enfrentan nuestros cineastas independientes es la distribución. Establecer cuotas de pantalla sería un error, porque no se puede obligar a las salas comerciales a perder dinero, pero sí se les podría exigir que asuman un mayor esfuerzo en la promoción –proyección de trailers y ubicación de afiches, por ejemplo–.

Sin embargo, para posicionar ese cine será necesario acercarlo al público. La experiencia de ver películas peruanas de calidad no puede circunscribirse a las pocas salas miraflorinas o sanisidrinas que las exhiben. Ese es el gran reto (y no hace falta una nueva ley para comenzar).

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