Las elecciones generales que se han celebrado en Portugal este domingo han supuesto otro test electoral a la estrategia europea de salida de la crisis de los últimos años, tras el examen (mucho más agitado) que han supuesto las elecciones griegas. Las últimas generales en la primavera de 2011 coincidieron casi exactamente con el inicio del programa de la troika, por lo que se puede decir sin exagerar que lo que evaluarán los portugueses este domingo es el resultado de dicho programa.

Portugal ha sido calificado repetidamente en los últimos años como el "alumno bueno" de la troika, al haber puesto en marcha muchas de las reformas del programa de rescate con un gobierno que defendía las medidas, lo que supone un elemento diferencial clave frente a los gobiernos griegos que en ningún momento han demostrado convencimiento de la necesidad de cambios profundos.

¿Qué han deparado los cuatro últimos años en términos económicos? La legislatura se ha dividido en un primer período de fuerte ajuste y caídas del PIB del 4% en 2012 y del 1.6% en 2013, tras el cual la tasa de paro superó el 17 % de la población activa, y dos años de recuperación moderada (del 0.8% en 2014 y del 1.7% esperado para 2015), menos fuerte que la de Irlanda o España pero mucho más positiva que la de Grecia. Por comparar la situación actual con el período precedente a la crisis, en el primer trimestre de 2015 el PIB en términos reales se situaba un 7.5% por debajo del nivel de principios de 2008, antes de la crisis, frente a un 5% de caída acumulada en España, o un 3.5% en Irlanda, pero comparado favorablemente con el 26% de Grecia o incluso el 9% de Italia.

A pesar de estas pérdidas de actividad, que son comunes a la periferia de Europa, los resultados más recientes invitan a un optimismo moderado: los niveles de confianza de los agentes están en niveles pre-crisis; las exportaciones han continuado creciendo durante todo el período reciente y se sitúan un 18% por encima de las de 2008, ya que las empresas portuguesas han buscado mercados en terceros países (incluyendo sus antiguas colonias) cuando la crisis en la eurozona ha arreciado; el fuerte déficit por cuenta corriente se ha dado la vuelta en pocos años.

Quizás el mejor ejemplo de cómo han funcionado las reformas estructurales sea el mercado de trabajo, donde se hicieron cambios profundos desde el principio del programa que han tenido como resultado una reducción del desempleo desde el 17.5% en el primer trimestre de 2013 hasta el 11.9% de mediados de este año, con una caída de la población activa que explica 1.3 puntos porcentuales de los 5.6 de mejora, pero sobre todo con un aumento de la ocupación que ha llegado en este ciclo económico mucho antes que en los anteriores, y explica los 4.3 puntos restantes.

¿Qué cabe esperar del próximo gobierno? Los resultados de las elecciones han dado la victoria a la coalición actual de gobierno (PSD-CDS, de centro-derecha, que se presentaba conjuntamente a estas elecciones) tras varios meses en los que el opositor partido socialista (PS) estuvo claramente por delante. Sin embargo, los votantes portugueses no han dado la mayoría absoluta al actual gobierno, y una coalición de izquierdas en torno al PS (junto al Bloque de Izquierda y el Partido Comunista) es teóricamente posible, pero improbable.

Las prioridades de política económica no han cambiado: tras los fuertes ajustes y reformas de los primeros años, es necesario consolidar los resultados obtenidos hasta ahora. Los desequilibrios de flujos (déficit externo y público) se han corregido o están en vías de corrección, pero los stocks (deuda externa neta y deuda pública) continúan siendo muy elevados, por lo que la reducción del déficit público y las reformas estructurales que aseguren el mantenimiento de las ganancias de competitividad habrán de completarse. Algo que no será fácil con un gobierno en minoría, aunque cabe esperar que el gobierno pueda consensuar algunas medidas clave con el principal partido de la oposición.

Miguel JiménezEconomista Jefe de la Unidad de Europa de BBVA Research