Nuevas calendas griegas

Por Miguel JiménezEconomista Jefe para Europa en BBVA Research

De nuevo unas elecciones en Grecia centran la atención de la política europea, aunque en este caso parece que con menos dramatismo que en 2012, cuando la posibilidad de una victoria de la coalición de izquierdas Syriza podía poner en juego la pertenencia del país a la zona euro, y con ello la supervivencia de la propia moneda.

Aquello se saldó con la victoria por la mínima del partido Nueva Democracia del actual primer ministro Samaras, dando continuidad a la coalición de gobierno con el Pasok (socialista). Ahora se vuelven a enfrentar Syriza y Nueva Democracia el día 25 de enero, pero en este caso con ligera ventaja en las encuestas (un 3%) del primero.

Grecia fue el primer país que entró en crisis en la eurozona en 2010 cuando se desveló que la situación fiscal del país era mucho peor de lo previsto. El déficit público había llegado al 15% en 2009 y el déficit externo estaba en más de un 10% del PIB.

Desde entonces ha sido rescatado dos veces por el resto de los países europeos y el FMI (la troika) por un total de 237.500 millones de euros, incluyendo una reestructuración de su deuda pública. Al mismo tiempo, se aplicó un programa de ajuste fiscal y reformas estructurales que ha restaurado los equilibrios fiscal y externo, pero ha dejado una caída acumulada del PIB del 25%, y una tasa de paro de más del 25%.

Los problemas estructurales de la economía griega eran muchos, pero destacaban quizás un fraude fiscal muy elevado y una administración pública sobredimensionada e ineficiente, además de la falta de competitividad. Tras la reestructuración y los programas de ajuste la deuda pública se sitúa en un elevado 175% del PIB, pero las cuentas públicas están en superávit primario, el déficit externo ha desaparecido y la economía vuelve a crecer.

Aun así, las dudas sobre la sostenibilidad de su deuda no han desaparecido: Grecia intentó en 2014 volver a financiarse en los mercados privados, pero sin mucho éxito, y tiene pendiente una negociación con la troika para obtener un préstamo adicional.

Syriza ha propuesto en los últimos dos años medidas que revertirían los ajustes hechos bajo los programas de la troika, incluyendo un programa de expansión fiscal para reponer pensiones y salarios públicos y un aumento del salario mínimo.

Además, quiere volver a reestructurar la deuda pública (ahora casi toda en manos de gobiernos e instituciones públicas europeas), lo que es rechazado por prácticamente todos los gobiernos europeos.

En los últimos meses parece haber moderado el tono de sus propuestas, e insiste en negociar con la troika y permanecer en el euro. Syriza sabe que una salida llevaría a una fuerte devaluación con múltiples consecuencias negativas para la economía (y con pocas ventajas, dado que la base exportadora de Grecia es reducida).

Para el resto de Europa (y del mundo) los riesgos de contagio de una deriva griega son menores que hace dos años, aunque no son desdeñables. El Gobierno alemán ha dejado caer que si Grecia revierte los ajustes hechos hasta ahora no recibirá nueva ayuda y probablemente no tendrá más remedio que abandonar el euro (el famoso Grexit).

Implícitamente se envía el mensaje (sobre todo a otros partidos políticos en Europa, que están haciendo propuestas similares) de que no cumplir con las reglas y salirse del euro tiene un coste alto y que, a pesar del coste para los contribuyentes europeos de perder lo prestado a Grecia, el riesgo de contagio a otros países de la periferia de un Grexit es ahora mucho menor. Y esto bajo el supuesto de que los mercados habrían aprendido a diferenciar entre países y de que los avances en materia institucional en Europa, entre ellos la puesta en marcha de la unión bancaria, protege de un fuerte contagio financiero. Sin embargo, no es seguro que el contagio sea tan pequeño, y la salida de Grecia rompería con el tabú de la ruptura del euro, lo que puede dar lugar en el futuro a ataques especulativos a países de la eurozona cuyos fundamentales económicos sean débiles.

Tras las elecciones, lo más razonable es que finalmente se llegue a un acuerdo para el nuevo programa de ayuda. De ganar Syriza, tendrá que gobernar probablemente en coalición con partidos más moderados, todos ellos favorables a la permanencia en el euro.

Muchos países europeos parecen dispuestos a una reestructuración de la deuda a través de alargamiento de plazos y rebaja de las tasas de interés, pero será difícil que acepten un programa de expansión fiscal y subidas salariales.

Quizás haya un punto de acuerdo en la lucha contra el fraude fiscal y los grupos de interés, que interesa a todos. Pero el acuerdo no es seguro y la repetición de elecciones en el corto plazo no es descartable, por lo que la incertidumbre estará presente durante algunos meses. De ahí que toda Europa esté mirando a Grecia en este momento.