Las bazas del Gobierno griego

Por Miguel JiménezEconomista Jefe para Europa en BBVA Research

Los que esperaban una montaña rusa de noticias y de reacción de los mercados en las primeras dos semanas del no habrán quedado decepcionados, pero las decisiones sobre los temas de fondo alivio para la deuda, fijación del esfuerzo fiscal y sobre todo la continuación de las reformas están todavía por definir, y se despejarán probablemente en los próximos días o semanas. Este fin de semana, en concreto, el Gobierno griego deberá concretar sus planes ante el parlamento y obtener el voto de confianza, lo que puede dar una indicación de hasta dónde va a suavizar sus propuestas iniciales o le puede también atar las manos de cara a la negociación con el eurogrupo.

Los del Gobierno griego y las reuniones del ministro de finanzas con el jefe del Eurogrupo desestabilizaron a la bolsa griega, a lo que no ayudó el rechazo de negociar con la troika ni siquiera la extensión del programa de ayuda actual por unos meses. Después han llegado reuniones más amigables con otros líderes y la renuncia por parte griega de hacer una quita de deuda, proponiendo a cambio un canje de la deuda por bonos ligados al crecimiento que, a la espera de más detalles, ha sido en general bien acogida por muchos observadores. El segundo jarro de agua fría ha sido el anuncio por parte del BCE, y antes de lo previsto, de endurecer las condiciones de acceso a la liquidez por parte de los bancos griegos al eurosistema, por lo que a partir de la semana que viene el grueso de la financiación se canalizará a través de la línea de emergencia. Esto estrecha aún más los márgenes de liquidez de la banca y la encarece, pero sobre todo pone presión para alcanzar una negociación cuanto antes.

En el primero de los dos temas de fondo deuda pública, había margen para la convergencia, más allá que el tono de las negociaciones no sea ahora quizás el más propicio para conseguirlo. En los últimos meses, los países de la eurozona han dado señales de estar dispuestos a mejorar las condiciones de los préstamos (plazos más largos, tipos de interés menores) y Varoufakis, al renunciar a hacer un recorte del nominal de la deuda, se acerca a esa posición. Los bonos contingentes que propone son una alternativa que tiene sentido para aliviar la carga de la deuda en el corto plazo, cuando las condiciones económicas son más difíciles, a cambio de (potenciales) mayores pagos futuros. Los acreedores podrían aceptarlo si no altera de forma importante el valor presente de la deuda. Pero estos bonos pueden crear problemas de incentivos a no reportar el verdadero crecimiento del PIB (que genera más pagos por parte del país deudor) o incluso de no tomar medidas que resulten en un mayor crecimiento (ya que los beneficios irían en parte al país acreedor). Quedaría además pendiente el cómo tratar la deuda en manos del BCE (la propuesta de Varoufakis de bonos perpetuos no sería aceptable por la institución) o las deudas con el FMI, que es siempre acreedor preferente y donde los países emergentes podrían presionar para no hacer concesiones a lo que perciben como un problema europeo.

Sobre el ajuste fiscal, el ministro griego ha propuesto mantener un superávit primario (descontando el pago de intereses) de un 1% ó 1.5% del PIB, frente al 4.5% requerido a partir de 2016, según el programa de la troika. La diferencia es importante, pero posiblemente un acuerdo sobre un algún punto intermedio se pueda alcanzar. Hay margen de maniobra para financiar las lógicas medidas contra la pobreza que el gobierno quiere financiar, incluyendo una reforma fiscal que suponga una fuerte reducción del fraude fiscal, que sigue siendo muy elevado en Grecia, y que es algo en lo que el Eurogrupo estaría también muy interesado.

Por último, en el tema de las reformas va a ser más difícil encontrar una solución intermedia. Los ministros griegos anunciaron en los primeros días en los medios varias medidas de aplicación inmediata, incluyendo entre otras una subida del salario mínimo a los niveles pre-crisis (751 euros al mes frente a los 585 actuales o los 565 de Portugal o los 648 de España), la restitución de la paga de navidad a las pensiones de menos de 700 euros, la reincorporación de trabajadores despedidos en el sector público y la paralización de las privatizaciones previstas. De ellas, quizás la más difícil de aceptar por el resto de Europa sea la del salario mínimo, ya que no sólo afecta a los trabajadores que lo reciben, sino que suele presionar al alza toda la escala salarial, deshaciendo las ganancias de competitividad que son una de las claves del programa de la troika. La paralización del programa de privatizaciones tampoco será fácilmente negociable para Grecia; de hecho, un editorial reciente del Financial Times, que ha seguido con el resto de la prensa anglosajona una línea clara de apoyo a los cambios en el programa de la troika, destacaba la paralización de la privatización del puerto del Pireo como un ejemplo de que Syriza también tenía su clientela política a la que satisfacer.

Los rumores en la prensa griega apuntan a que este fin de semana el nuevo primer ministro podría anunciar ante el parlamento unas medidas algo más suaves que las propuestas iniciales, pero no está claro que sea suficiente para satisfacer a Alemania, el país europeo donde tanto la opinión pública como el gobierno parecen más distantes de la posición griega. Será importante ver que todavía se mantienen ventanas abiertas para una negociación que interesa a ambas partes.