Geopolítica y Mercados: Comienza el otoño

Álvaro Ortiz Vidal-AbarcaEconomista jefe de Análisis Transversal de Economías Emergentes de BBVA Research

Tras un verano tranquilo, parece que el otoño viene acompañado de nuevos vientos. Demasiada incertidumbre, tanto sobre las expectativas de como en la esfera geopolítica mundial.

Sobre las primeras, pocas novedades. La Reserva Federal de Estados Unidos y el afrontan diferentes coyunturas y, por tanto, una clara divergencia en las expectativas ante los próximos movimientos en sus políticas monetarias.

Mientras que al otro lado del Atlántico se especula con el proceso de normalización, en Europa se discute sobre la nueva estrategia, aumentar o no el balance y con qué tipo de activos. Al final, los diferentes tonos de la política monetaria se traducen en mayores dosis de volatilidad.

Para los que seguimos los países emergentes, siempre se da una mayor atención a la política monetaria de la FED, que es la que tradicionalmente marca la dirección de las entradas o salidas de capital.

Como siempre, con especial atención a aquellos países con mayor grado de inclusión financiera en los flujos de cartera, es decir, aquellos con mayor peso en los grandes índices internacionales de emergentes.

La incertidumbre geopolítica mundial ha ido evolucionando de manera dispar, a distinta velocidad y con diferente intensidad según las diferentes áreas geográficas. No obstante, comienzan a coincidir en el tiempo demasiados focos como para ser digeridos sin contagio al menos a la confianza de los agentes económicos.

Dos de ellos han acaparado la atención de los mercados de momento: el conflicto entre Ucrania y Rusia en Europa y el avance del Estado Islámico en Oriente Medio.

En el caso europeo, el conflicto se encamina a cumplir su primer aniversario. Desde las protestas de Maidan y la elección de un nuevo Gobierno en Ucrania hasta la situación de Crimea y el conflicto armado, y posterior alto el fuego, entre las fuerzas pro rusas del Este del país y las gubernamentales.

Paralelamente, la UE y EE.UU. optaban por una estrategia no militar como mecanismo de resolución de crisis, por lo que entramos de lleno en diferentes rondas de sanciones económicas a Rusia, que inicialmente fueron replicadas desde Moscú.

Las sanciones económicas son un mecanismo de resolución de crisis para los que llevará tiempo percibir sus efectos completos. En todo caso, a pesar de la auto-flagelación europea sobre el fracaso de la estrategia, aprovechada sin duda por los estrategas mediáticos rusos, las sanciones están teniendo efectos ya en la economía rusa.

Las previsiones para la economía rusa son de estancamiento para este año, cuando a comienzos de año apuntaban a un crecimiento entre el 2,5%-3,5%. Más aún, y superando las tradicionales divergencias entre los miembros de la UE, la segunda ronda de sanciones fue más dura de lo esperado, poniendo en peligro no sólo el futuro más inmediato de su economía sino la potencialidad de los rusos de aumentar su capacidad de extraer sus principales recursos.

Finalmente, y en lo que respecta a los mercados financieros, el Banco Central Ruso debe estar más preocupado de lo que reflejan las encuestas de satisfacción de sus compatriotas a la vista de los rumores de reconsideración de controles de capital de esta semana.

En Oriente Medio, el conflicto se ha agravado rápidamente. En cuestión de seis meses, las potencias occidentales se daban cuenta que la porción de terreno ocupada por las fuerzas del Estado Islámico era cada vez más extensa y los riesgos mayores.

La Coalición internacional ha logrado frenar el avance del Estado Islámico aunque la incertidumbre todavía es elevada. Las tradicionales tensiones en el precio del petróleo no han aparecido de momento.

Aunque más localizados, otros dos focos de atención preocupan sobre todo por sus potenciales efectos. El estallido del Ébola, que tendrá un impacto económico devastador en los países afectados (Guinea, Sierra Leona y Liberia) como ya ha alertado el Banco Mundial, aunque el reciente aumento de la ayuda internacional pueda contribuir a contener la epidemia.

De extenderse, las interrupciones en los medios de transporte afectarían finalmente al comercio mundial.

Por último, las tensiones sociales más recientes tienen su foco en Hong Kong. Aunque comenzaron hace meses se han intensificado tras el verano. De momento, concentradas en la ex colonia pero con riesgo, aunque bajo, de extenderse por otras ciudades.