Comunicación en tiempos del Covid-19 (Foto: iStock)
Comunicación en tiempos del Covid-19 (Foto: iStock)

Consultor en Comunicaciones y Relaciones Comunitarias

Director de Efecto Estrategia Comunicaciones

Y ya llegamos a los 50 días de “aislamiento social obligatorio” (ese eufemismo inicial edulcorado para no llamar a la cuarentena por su nombre). A estas alturas, estoy seguro de que todos los que lean estas líneas, saben en números gruesos cuántos muertos y enfermos hay. También qué hacer para cuidarse y qué comportamientos son de riesgo. Sabemos aquello de la distancia social, el uso del gel, que no hay clases, los síntomas, el subregistro, etc. ¿Cómo nos enteramos? Pues generalmente somos consumidores de programas de radio, televisión (abierta y por cable), así como de internet y redes sociales. Una muestra que comprueba este hecho es que los últimos estudios de Kantar, por ejemplo, señalan que los peruanos casi hemos duplicado nuestro uso de la TV. Y, obviamente, los medios de comunicación han redoblado sus esfuerzos por informar, lo cual es esperable.

Y en este contexto, me surge una pregunta: ¿Cómo informa el Estado?

Como estrategia comunicacional de arranque, se vio una iniciativa compacta liderada por el presidente Vizcarra encabezando una tanda de presentaciones que apelaban a la conciencia y al sentido de emprender una gesta épica. Esta blitzkrieg estuvo secundada por apariciones ministeriales calculadas en distintos horarios y programas, así como apariciones regionales. Y, además, con una muy buena narrativa conceptual de fondo, orgánica y coherente. Hasta allí, muy bien como fase inicial.

Pero si vamos un poco más allá, vemos que el Estado ha cargado a la buena voluntad y limitaciones noticiosas/informativas de unos cuantos medios privados -del tamaño que sean- la columna vertebral de la comunicación. Eso no es comunicar; es hacer de la necesidad una virtud. Es ingenioso, no inteligente. No olvidemos que la guerra relámpago es una táctica, no una estrategia.

¿Qué hay más allá de los espacios noticiosos, las frecuentes conferencias presidenciales y las entrevistas ministeriales? Pues muy poco.

Todo manual de comunicación sabe que ese modelo se agota en el muy breve plazo. Allí es cuando debe entrar a tallar la estrategia de mantenimiento y profundización, de “machacar” y, sobre todo, de llegar a los resquicios a los que no llegan las noticias.

Si estamos en una situación de emergencia nacional ¿Dónde está la publicidad estatal que informa y educa sobre la prevención y cuidado frente al Covid19, llegando hasta la última estación radial, en el pueblecito más alejado?, ¿Dónde está la publicidad estatal, explicando qué hay que hacer y qué no hay que hacer?, ¿Cómo se aterriza el mensaje del Estado, pensando en la población que no tiene televisor o que solo escucha por ejemplo, radio de onda corta, pues está en el todavía poroso margen de la vida moderna?, ¿Cómo le informamos, por decir algo inventado, a Pisihuancay?

Lamento haber encontrado una respuesta un poco triste: Visto en perspectiva crítica, el Estado no ha informado de manera adecuada ni suficiente. Lo que ha hecho es generar noticias. Y en las noticias se queda. A más de seis semanas de cuarentena: ¿Dónde está la campaña, cuál es la estrategia? Pues lamento pensar que, si hay buenos comunicadores, no se la ve.

Esta enfermedad que revela décadas de debilidades acumuladas, también nos muestra que el Estado se olvida de los más olvidados y no les habla. Es amnésico y mudo.

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