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Lo que la Unión Europea quiere escuchar de Gran Bretaña

En lo más alto está la petición de que el Reino Unido retrase su salida del bloque, programada para fines de marzo.

Theresa May

Theresa May

Theresa May. (Foto: Reuters)

La reacción de los políticos europeos al contundente rechazo del Parlamento británico al acuerdo de divorcio de Theresa May parece ser, en la superficie, pasiva-agresiva.

En primer lugar está la sorpresa por la magnitud de su derrota, luego el rechazo a renegociar el acuerdo y finalmente un grito exasperado de "por favor díganos lo que quiere conseguir", tal y como preguntó Manfred Weber, líder de la mayor facción del Parlamento Europeo.

No se equivoque: la Unión Europea continúa negociando y estas reacciones son parte de ese proceso. Si bien líderes de la UE como el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas, han instado a Gran Bretaña a clarificar cuáles son sus deseos (como lo han hecho en reiteradas ocasiones durante las conversaciones del Brexit), ellos solo quieren escuchar ciertas cosas específicas de los británicos.

Si uno escucha con atención, emerge una lista. En lo más alto está la petición de que el Reino Unido retrase su salida del bloque, programada para fines de marzo. El ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, tal vez el aliado y confidente más cercano de la canciller Angela Merkel en el gobierno, comentó a BBC Radio el miércoles que la UE debería "permitir un plazo adicional a fin de conocer una posición clara del Parlamento y la ciudadanía británica".

Añadió que consideraría esa solicitud "razonable". Dado el peso de Alemania en el Consejo Europeo, que decidirá sobre una eventual extensión del cronograma en virtud del artículo 50, se puede dar más o menos por sentado que Gran Bretaña tendrá más tiempo.Las dos cosas que a la UE le gustaría que el Reino Unido hiciera en ese plazo son igual de claras.

Una de ellas la expresó el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, en Twitter: "Si un acuerdo es imposible, ¿quién tendrá en definitiva el coraje para decir cuál es la única solución positiva?". Eso por supuesto es una referencia al retiro de la carta del artículo 50 y la cancelación total del Brexit, tal y como pidieron a Gran Bretaña 147 miembros del Parlamento Europeo en una carta abierta esta semana. El camino hacia tal decisión pasa por un segundo referendo.

La otra opción que el bloque estaría preparado para debatir es el denominado modelo noruego, por el cual el Reino Unido permanecería en el Espacio Económico Europeo o una unión aduanera total y permanente.

El principal negociador para el Brexit de la UE, Michel Barnier, declaró al Parlamento Europeo el miércoles que si Gran Bretaña "cambia sus líneas rojas en el futuro" y adopta "la ambición de ir más allá de un acuerdo comercial simple, pero no insignificante, entonces la UE estará lista de inmediato para ir de la mano con ese desarrollo y dar una respuesta favorable".

Dados todos estos planteamientos, el gobierno de May --si como parece probable sobrevive a la moción de no confianza del miércoles-- no dará palos de ciego. Está claro que la UE va a contemplar y que no va a ceder con el llamado backstop, la disposición en el acuerdo de May diseñada para prevenir el surgimiento de una frontera dura en Irlanda.

En el Parlamento Europeo, el vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, hizo referencia a una frase que se atribuye incorrectamente a C.S. Lewis, autor de los libros de Narnia: "no podemos ir atrás y cambiar el comienzo, pero podemos empezar en donde estamos y cambiar el final". Es una invitación a seguir conversando que va mucho más allá de que pedirle al Reino Unido que le diga a la UE lo que quiere realmente.

A estas alturas sería iluso creer que ambos bandos no entienden nada sobre el otro. Los funcionarios de la UE no quedaron sorprendidos sobre la magnitud de la derrota de May. Leyeron varios análisis en los medios británicos y, estoy seguro, realizaron sus propios conteos de votos. May también oye las señales provenientes de Bruselas y Berlín. Sabe lo que el bloque aceptará y la UE sabe lo que May tratará de hacer ahora que su acuerdo fracasó. Ambos saben que la alternativa es un brexit sin acuerdo, algo que ninguna de las partes desea.

El camino lógico entonces sería que May pida más tiempo y pruebe la opción noruega. Podría ser algo aceptable para los conservadores contrarios al brexit y el opositor Partido Laborista. Barnier prometió moverse rápido en esa dirección si el Reino Unido elige esa opción. De fallar eso, el próximo paso sería convocar a un segundo referendo, y si eso también falla no habría otra alternativa que prepararse para un brexit duro.

Si May no solicita una extensión, la UE mantendrá su postura actual --"díganos lo que quieren y lo vamos a estudiar"-- hasta las horas previas a la salida británica. Las soluciones de última hora son el modus operandi tradicional del bloque. Durante la crisis griega, que amenazó a la eurozona con la pérdida catastrófica de un miembro, las negociaciones se mantuvieron hasta el último momento.

No obstante, dado que al igual que Grecia en el 2015 Gran Bretaña tiene mucho más que perder con un Brexit sin acuerdo que la UE, es poco razonable esperar que los líderes europeos cedan a última hora respecto a algo tan importante como el backstop.

Gran Bretaña no ganará nada con políticas arriesgadas. Todo lo que puede hacer es tomar los próximos caminos lógicos, más allá del resultado de la moción de no confianza.

Por Leonid Bershidsky

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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