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The Economist: Piñera intenta volver a encarrilar a Chile

El exmandatario está de regreso con reformas bajo el brazo, dice el semanario.

Sebastián Piñera

Sebastián Piñera

Sebastián Piñera.

En su primer mandato en el Palacio de La Moneda, entre el 2010 y 2014, Sebastián Piñera, un multimillonario empresario de centro-derecha, administró un rápido crecimiento económico, pero no logró inspirar el afecto popular. Después de un interludio en el que Chile giró a la izquierda bajo el mando de Michelle Bachelet, Piñera ha regresado como presidente desde marzo.

Los segundos periodos con frecuencia decepcionan, como ocurrió con Bachelet, pero Piñera dice que ha aprendido de la experiencia. "No hay mejor escuela para ser un buen presidente que La Moneda", dice. "La segunda vez sabes mejor lo que tienes que hacer y cómo hacerlo".

Lo que tiene que hacer, dice, es restaurar el crecimiento económico, mejorar la calidad de la democracia en Chile y promover la igualdad de oportunidades "para que nadie quede fuera".

Esta agenda es similar a la de la Concertación, la alianza de centro-izquierda que gobernó Chile durante 20 años después de la dictadura del general Pinochet, los últimos cuatro de ellos bajo Michelle Bachelet en su primer mandato, del 2006 al 2010.

En su segundo mandato, entre el 2014 y 2018, ella abandonó la Concertación, se alió con el Partido Comunista y declaró que reducir la desigualdad era su prioridad. Impulsó reformas, muchas de ellas mal diseñadas, de educación, impuestos, sistema electoral y relaciones laborales. Las empresas se asustaron; en parte como resultado, el crecimiento económico promedió solo 1.7% en el 2013-17, en comparación con el 5% en el primer mandato de Piñera.

El presidente ha aprovechado la inclinación hacia la izquierda de la oposición para tomarse el centro. Los votantes parecen apoyar el "modelo chileno" de democracia de mercado que encarna su programa. En una encuesta reciente, casi el 70% dijo que estaba mucho mejor que sus padres, pero el 52% dijo que estaba a favor de una mayor igualdad.

En lugar de "qué hacer", lo más complicado para Piñera será "cómo hacerlo". Debe gobernar con un congreso en el que carece de mayoría y en el que el Frente Amplio de la extrema izquierda tiene una presencia significativa por primera vez. Las finanzas estarán bastante apretadas.

La deuda del gobierno, aunque todavía es baja, en 24% del PBI, se ha duplicado en cada uno de los dos gobiernos anteriores. Felipe Larraín, el ministro de finanzas, dice que su objetivo es "estabilizar" la deuda del país y reducir su déficit fiscal desde el 2.8% del PBI en el 2017 al 1.6% el próximo año.

El gobierno está proponiendo una reforma tributaria que deshaga parcialmente la de Bachelet haciendo que la inversión sea deducible de los impuestos. Está confiando principalmente en un crecimiento más rápido para compensar cualquier déficit en los ingresos y para financiar una reforma de pensiones ambiciosa, que agregará un recargo de fondos públicos más generoso a un pionero sistema de pensiones privado, pero ampliamente rechazado.

Larraín dice que espera que la reforma tributaria se apruebe a mediados del 2019. La reforma al sistema de pensiones será más difícil. Mucho depende de la habilidad del gobierno para negociar con moderados en la oposición. En su primer mandato, Piñera era visto por muchos chilenos como alguien arrogante. Ahora parece más astuto y decisivo.

"Su propuesta general es buena, pero el demonio estará en los detalles", dice un exministro de Concertación. “Parte de la derecha todavía está inclinada a escuchar solo a las empresas. Tiene que convencer a la oposición de que ve más allá de los intereses particulares".

Dos cosas aún podrían descarrilar a Piñera. La primera es el riesgo de haber elevado las expectativas a un punto en que no las pueda cumplir. El crecimiento económico se ha acelerado este año. La inversión ha aumentado un 6%, dice el presidente. Pero el contexto esmenos favorable que en su primer mandato. "Dicen que Bachelet usó la economía mundial como una excusa, y ahora ellos la están usando", dice Heraldo Muñoz, quien lidera el opositor Partido por la Democracia.

La segunda trampa son los conflictos sociales, como aquellos con los estudiantes que atormentaron a su primer gobierno. El mes pasado, la policía trató de encubrir el asesinato de un miembro mapuche, un pueblo indígena. A ello se sumaron una serie de escándalos —desde la implantación de pruebas hasta la corrupción— en Carabineros, la fuerza policial antes reverenciada.

El ejército no luce mejor. Se ha descubierto que algunos oficiales han robado dinero público; otros han vendido armas a narcotraficantes. "Han tenido demasiada autonomía", reconoce Piñera. Puede estar en mejor posición que sus oponentes para convertir estos escándalos, que son un legado de la dictadura, en una oportunidad de reforma. Ha enviado un proyecto de ley para modernizar la policía al Congreso y planea otro para el ejército.

Con la oposición fragmentada y populistas a su izquierda y derecha, muchos chilenos le desean a Piñera lo mejor. Si su gobierno tiene éxito, puede dar paso a un largo período de dominio de la centro-derecha. Si es así, será porque ha tomado la idea de la Concertación.

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