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Salvar las comunidades para así salvar el capitalismo

Básicamente, los tres pilares de la sociedad son el estado, los mercados y la comunidad. Dedicamos mucho tiempo a debatir sobre los dos primeros pero pasamos por alto el tercer pilar, la comunidad, que necesita más atención hoy en día.

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Las comunidades que más deben adaptarse son aquellas que han enfrentado una gran adversidad y con los recursos más bajos para salir adelante. (Foto: Bloomberg)

Cada revolución tecnológica del pasado ha sido perturbadora, ha provocado una reacción social y, eventualmente, ha resultado en un cambio amplio que nos permite disfrutar de lo mejor que la tecnología puede ofrecer.

Sin embargo, en la actual revolución tecnológica de la información, las personas se han tenido que adaptar rápidamente, antes de tener tiempo de ver los beneficios. Las comunidades que más deben adaptarse son aquellas que han enfrentado una gran adversidad y con los recursos más bajos para salir adelante.

Básicamente, los tres pilares de la sociedad son el estado, los mercados y la comunidad. Dedicamos mucho tiempo a debatir sobre los dos primeros pero pasamos por alto el tercer pilar, la comunidad, que necesita más atención hoy en día.

El estado y los mercados han expandido sus poderes y su alcance, y han dejado a la comunidad relativamente impotente para hacer frente al fuerte y repentino cambio tecnológico.

Las soluciones a muchos de nuestros problemas se encuentran al tratar de sanar las comunidades disfuncionales y, para las comunidades saludables, la aplicación de la democracia hace que el capitalismo sea tanto atractivo como sostenible.

Analicemos lo que ha sucedido en países desarrollados en las últimas dos décadas. La tecnología de la información ha tenido un impacto directo sobre los empleos ya que ha eliminado ciertas categorías de empleos. De igual manera, ha tenido un efecto indirecto a través del comercio, permitiendo la tercerización de ciertas tareas.

A menudo pensamos sobre estos impactos y asumimos que la cantidad total de trabajo se ha arreglado y que aquello que es desplazado por la automatización o el comercio aumentará el desempleo local.

De hecho, a medida que los productos se tornan más baratos, podría haber más demanda y la cantidad general de trabajo humano que se requiere podría efectivamente aumentar. No obstante, el nuevo trabajo será diferente.

Los trabajos que se han perdido por causa de una mayor automatización y computarización han golpeado el sector manufacturero y de servicios y usualmente han afectado a firmas que por lo general están ubicadas cerca de áreas urbanas.

En lugar de cerrar toda la fábrica o empresa, se despide periódicamente a algunos empleados que hacen trabajos rutinarios que pueden ser automatizados.

Los trabajadores restantes que no tienen cargos rutinarios continúan como empleados y por lo general se vuelven más productivos. Así las cosas, si bien la automatización ha tenido efectos variados sobre la calidad de los trabajos, los empleos que se han perdido han equilibrado aquellos que han sido creados.

Por otra parte, cuando se trata de comercio, se sabe claramente quiénes son los perdedores: en los países desarrollados, son los trabajadores con una educación moderada. Cuando las cadenas de suministro de la manufactura estaban contenidas totalmente dentro de estos países, había seguridad sobre el empleo.

La indivisibilidad del proceso de producción les permitía negociar un salario más alto, menos horas laborales y más predecibles, y mayores beneficios en el trabajo. Sin embargo, desde la fragmentación del proceso de producción, cada segmento se ejecuta en el país más adecuado y de esta manera se expone a toda la fuerza de la competencia: mano de obra más barata, más flexible e igual de competente en otra parte.

Los empleos sindicalizados y de buena paga en industrias manufactureras de baja tecnología han sentido efectos adversos. Estos empleos usualmente están en los pueblos pequeños y áreas rurales al interior de los países, donde el costo de vida y, por ende, del trabajo ha sido bajo. Los ingresos que ofrecían estos empleos ayudaban a mantener otros negocios como salones de belleza, lavanderías y almacenes.

Usualmente los trabajadores moderadamente educados cuyas empresas han cerrado debido a la competencia comercial tienen pocas alternativas aceptables.

A la luz de los pocos trabajos cerca a los pueblos o las áreas semirurales donde viven, y que la mayoría de estos trabajos se encuentran en compañías afectadas por los mismos infortunios competitivos, los trabajadores tienen pocas posibilidades si se quedan quietos. Sin embargo, según un estudio de EE.UU., eso es exactamente lo que hacen.

¿Por qué? Volver a capacitar no es fácil, en particular para trabajadores de fábricas que empezaron a trabajar justo después de la secundaria hace muchos años y que en realidad no han utilizado computadores en el trabajo o en casa.

Las ciudades ofrecen trabajos en la industria del servicio pero también exigen alquileres más altos. Para muchos la mejor apuesta es quedarse quietos y esperar que los vuelvan a llamar para realizar el antiguo trabajo. Finalmente los amigos y la familia están cerca.

Las comunidades arraigadas como éstas, que de repente sienten el golpe de la adversidad económica, tienen tendencia a escuchar los llamados populistas nacionalistas. Un líder populista nacionalista reconoce que la gente teme que las comunidades cercanas se están desintegrando.

Sabe que se sienten desorientadas por el vertiginoso ritmo del cambio tecnológico, aún cuando se esfuerzan por lidiar con los efectos de la integración global. Entiende porqué están resentidas, pues las familias y las comunidades que ya están estresadas por las fuerzas económicas y el desplome del estatus social también son avergonzadas por no aceptar los valores liberales de la élite.

Expresa sus temores sobre el debilitamiento de la solidaridad social, ya que una sociedad multicultural más abierta atrae a personas ajenas que no comparten un entendimiento común de los legados culturales del pasado. La alternativa que propone está destinada a restaurar el respeto a sus seguidores.

Anclará a su gente en una comunidad virtual nacional imaginada de nativos étnica o culturalmente homogéneos, que heredan las cálidas y monocromáticas glorias del pasado. Filtrará colores, lenguajes y oraciones alarmantes que hacen que la sociedad de hoy sea tan confusa.

En contraste con el establecimiento de élite que es débil, fragmentado y equívoco, su liderazgo será fuerte y musculoso, enfatizando las creencias populares como verdades obvias. Es importante destacar que las justificaciones minimizan la necesidad de que el grupo mayoritario se adapte: una vez corregido el desnivelado campo de juego, los miembros del grupo recuperarán su lugar natural en el orden social, o al menos eso se les hace creer.

La perspectiva es particularmente atractiva para aquellos que buscan un sentido de identidad, un sentido de pertenencia, porque sus propias comunidades cercanas están en desorden.

Estos son tiempos peligrosos. Si las personas han perdido fe en el estado y su capacidad para competir en los mercados, si sus comunidades continúan disminuyendo, si sienten que la élite se ha apropiado de todas las oportunidades, el resentimiento popular puede convertirse en rabia.

Cuando están angustiados y han perdido la confianza, las masas perjudicadas son terreno fértil para los radicales. Revivir a sus comunidades es absolutamente vital si se espera que las democracias de mercado aborden los desafíos del futuro.

Este es el primer ensayo adaptado de "The Third Pillar: How Markets and the State Leave the Community Behind" publicado hoy por Penguin Press.

Por Raghuram Rajan

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