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El sabor amargo para los caficultores de la nueva caída de precios

Mientras que en 1983, el precio del café fluctuaba entre US$ 1.20 y US$ 1.40 por libra, para el 2018 el precio promedio de una libra de café arábiga, el de mayor calidad, fue de US$ 1.01; y el pasado 22 de marzo llegó a estar por debajo de los US$ 0.95.

Café

Café. (Foto: Bloomberg).

(Foto: Bloomberg).

La nueva caída de los precios del café tiene en jaque a más de 30 países productores, la mayoría de Latinoamérica y África, ante la "crisis humanitaria" que se cierne sobre una industria cada vez más lucrativa, pero en la que los cultivadores no logran ya ni cubrir los costos de producción.

La alarma centró el Foro Mundial de Productores de Café en Nairobi de finales de marzo, después de que el precio internacional llegara a menos de US$ 1 por libra, en un descenso prolongado que, según la FAO , lo ubica ahora un 45% por debajo de su nivel en el 2011.

Aunque la crisis no es nueva, en meses recientes se ha acentuado de tal forma que ha traído a la memoria la dramática situación del 2001 (cuando llegó a unos 48 centavos de dólar por libra), con amenazas conjugadas contra los pequeños caficultores.

Cifras de alarma

@CaféforChange , una iniciativa global que busca modificar la ecuación del negocio en beneficio de productores y trabajadores, estima que por cada taza en el mercado europeo, por la que el consumidor puede llegar a pagar unos US$ 5, los caficultores no alcanzar a recibir ni dos centavos de dólar.

"El problema es que la industria está muy bien pero los caficultores están en la miseria", explica el guatemalteco Fernando Morales-de la Cruz, fundador de esa plataforma.

También la Organización Internacional del Café (OIC) considera que con lo que se paga por el consumo de café, que Morales calcula en 3,000 millones de tazas diarias en todo el mundo, la actividad puede ser sostenible.

Sin embargo, los países productores aseguran que la mayoría de los 25 millones de familias cultivadoras no logran ya ni cubrir los costos de producción debido a que el desplome del precio lo está asumiendo prácticamente solo esa parte de la cadena.

Y es que mientras en 1983, el precio fluctuaba entre US$ 1.20 y US$ 1.40 por libra, para el 2018 el precio promedio de una libra de café arábiga, el de mayor calidad, fue de US$ 1.01; y el pasado 22 de marzo llegó a estar por debajo de los US$ 0.95.

Exceso de oferta

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha advertido que el principal factor asociado al actual bajón de precios es el exceso de oferta.

Gran parte de ello se debe a Brasil, el mayor productor de café en el mundo y que recogió en 2018 una cosecha récord de 61.7 millones de sacos de 60 kilos (+37%), de un total mundial de cerca de 168 millones.

El Consejo de Exportadores de Café brasileño considera que "los precios no son preocupantes porque son algo puntual, no estructural" y que lo que importa es responder al aumento del consumo mundial, que creció 2.2% en el 2018 y llegó a 165.1 millones de sacos.

En contraste, Vietnam, el segundo de los productores mundiales, bajó su cosecha en el 2018 un 3.4%, hasta los 29.5 millones de sacos; y Colombia, el tercero, la redujo un 4.5%, al reportar 13.6 millones de sacos, afectados por cuestiones climáticas.

Comercio justo frente a emergencia humanitaria

Datos de la ONU indican que el café supone "dos tercios de las exportaciones agrícolas en Burundi y cerca de un tercio (o más) en Colombia, Etiopía, Honduras, Ruanda y Uganda", por lo que el descenso del precio ha tenido gran impacto en el empleo, ingresos y la migración.

Ante esos efectos, los productores de 35 países de África y América Latina han urgido a la industria a que incremente los precios de compra y evite así "una crisis humanitaria", instando, además, a una acción internacional coordinada.

De hecho, el presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, emprendió desde finales del 2018 una cruzada para "hacerle justicia al café" y evitar que los pequeños cultivadores se vean obligados a huir de la miseria en sus países.

Honduras, primer país productor de café de Centroamérica, tercero de América y quinto en el mundo junto a Etiopía, ha pedido en diferentes foros crear una alianza para concienciar a los ciudadanos sobre la importancia del "precio justo" y se ha centrado en buscar el respaldo europeo, uno de los principales compradores del grano.

La Unión Europea es clave porque, según @Café for Change, compra "el 41% de todo el café exportado, pero hoy paga por él hasta 70% menos que en 1983".

Por eso la plataforma ve urgente lograr entre los Gobiernos de los países compradores, multinacionales y otros actores del mercado una fórmula de "valor compartido", que destine 10 centavos de dólar por cada taza vendida para financiar la seguridad social y garantizar la educación de las familias caficultoras.

"La industria está concentrada en unas pocas manos, compradores y grandes cadenas de cafeterías, quienes definen el precio y deciden prácticamente si los hijos de un cultivador pueden estudiar o no", afirma Morales, al criticar también los impuestos que imponen países como Alemania, gigante importador, consumidor, tostador y exportador de café de Europa.

¿Nueva York o Suiza?

La situación en Colombia ha llevado a la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) a proponer que se abandone la referencia de precios de la bolsa de Nueva York y se fije uno propio junto a otras naciones productoras.

De acuerdo con la FNC, aunque el llamado contrato a futuros "C" de Nueva York reflejaba los precios de cafés arábigos lavados, actualmente "está mucho más influenciada por el precio de Brasil", que va hacia abajo debido a su amplia oferta.

Pero @Café for Change asegura que la causa del problema no está precisamente en Nueva York, sino en Suiza, considerado el primer centro de comercio de "commodities".

"La concentración de la industria, cada vez con menos empresas y más poder, está en Suiza, desde donde se realiza el 70% de la compra mundial del café verde, utilizando un modelo de comprar lo más barato que se pueda y venderlo lo más caro", dice Morales.
En tanto, para organizaciones como World Coffee Research la preocupación debería ir más allá del precio.

"El llamado precio 'C' está fuera del control de un pequeño agricultor, pero su situación podría mejorar mucho si tuviera más información, mejor acceso a insumos y datos reales del rendimiento, sequías o plagas", sostiene la estadounidense Hanna Neuschwande, de World Coffee Research.

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