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Recep Tayyip Erdogan consolidó en 2018 el poder casi absoluto en Turquía

Actor dominante de la escena política turca desde comienzo del siglo, Erdogan tiene ahora cinco años de gobierno sin elecciones nacionales hasta el 2023, año cuando se celebra el centenario de la República de Turquía.

Recep Tayyip Erdogan

Recep Tayyip Erdogan

Recep Tayyip Erdogan. (Foto: Bloomberg)

Con su victoria en las elecciones generales y presidenciales del pasado 24 de junio, el presidente turco, el islamista conservador Recep Tayyip Erdogan, ha logrado consolidar un poder casi absoluto en el país eurasiático.

Actor dominante de la escena política turca desde comienzo del siglo, Erdogan tiene ahora cinco años de gobierno sin elecciones nacionales hasta el 2023, año cuando se celebra el centenario de la República de Turquía.

Su contundente victoria en las elecciones presidenciales asegura al mandatario y a su alianza electoral en el Parlamento una sólida base para gobernar Turquía sin apenas cortapisas.

Gracias a la reforma constitucional aprobada en referéndum en 2017, y abolida la figura del primer ministro, Erdogan no es solo presidente y líder del partido mayoritario en la Cámara (el islamista AKP), sino también jefe de Gobierno que preside los consejos de ministros.

Además, la reforma le ha dado amplia potestad para determinar la composición de la cúpula del Poder Judicial, lo que en opinión de la oposición difumina la separación de poderes.

Toda esta concentración de poder en manos de una sola persona se habría vuelto contra Erdogan, de haber perdido los comicios, pero el espaldarazo recibido en las urnas lo confirma como el líder incontestable de la Turquía actual.

El 53% de los votos recibidos en la primera vuelta de las presidenciales mostró que Erdogan se mantiene desde hace más de una década en niveles muy similares de aceptación.

Si bien el resultado de su partido, el islamista Justicia y Desarrollo (AKP), cayó hasta el 42%, la alianza electoral con el ultranacionalista MHP da a ambos partidos una cómoda mayoría de 344 escaños en un Parlamento de 600 diputados.

Quedan aún en el horizonte las elecciones municipales del próximo marzo, pero su resultado no podrá ya influir en la posición de Erdogan, si bien están en juego las dos alcaldías más simbólicas del país: Estambul y Ankara, hasta ahora en manos del AKP.

La concentración del poder en manos de Erdogan ha llevado a la oposición a denunciar la deriva hacia un "régimen de un solo hombre", mientras que el propio presidente asevera que es positivo para eliminar "trabas burocráticas".

Erdogan caracterizó los comicios de 2018 como el paso definitivo que coronaba una carrera de 17 años, desde la fundación del AKP en el 2001, para alcanzar una posición que permite fundar una "nueva Turquía".

Una carrera escalonada por seis elecciones parlamentarias, tres municipales, dos presidenciales y tres plebiscitos, todos ellos ganados por el AKP, y casi siempre con una mayoría absoluta justo por encima de la mitad de las papeletas.

Con esta nueva Turquía, en la que se pondrá fin a la "oligarquía burocrática" y se tomarán las decisiones "sin las ataduras" del sistema parlamentario en vigor hasta el año pasado, Erdogan pretende recuperar la grandeza del Imperio Otomano, antecesor de la República Turca fundada en 1923.

Esto implica devolver al país, hasta ahora formalmente laico, un marcado carácter islámico, pero también convertirlo, para 2023, en la décima mayor economía del mundo, desde el actual puesto 17.

Pero el verano pasado ha arrojado dudas sobre esta meta, ya que la tensión diplomática con Estados Unidos aceleró la devaluación de la lira turca e hizo caer la moneda nacional un 28 % en las dos primeras semanas de agosto.

Aunque entre setiembre y noviembre, la lira fue recuperando lentamente casi todo el terreno perdido, el descalabro hizo desbocarse la inflación, que superaba el 20% hacia finales del año, el doble del registrado en el 2017.

Erdogan ha utilizado esta crisis económica, que ha supuesto un duro golpe al tejido empresarial del país, sobre todo para muchas pequeñas y medianas empresas, para cimentar su visión de que "el mundo está atacando a Turquía".

"Pero si ellos tienen dólares, nosotros tenemos a Dios", fue una de las frases más emblemáticas del líder turco.

Al mismo tiempo, pedía a la ciudadanía sacrificios para ganar esta "guerra económica", asemejando la contienda a las batallas que dieron lugar a la formación de Turquía hace casi un siglo.

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