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Mohamed El-Erian: Milenio de simbolismo se quema con Notre Dame

"Cuando crecí, Notre Dame siguió siendo parte activa de mi vida. Era una visita obligatoria en cada viaje a París. Es una piedra angular que he compartido con mi hija durante toda su vida, hasta hoy", recuerda el renombrado economista egipcio.

catedral de Notre Dame

Catedral de Notre Dame en llamas.

Catedral de Notre Dame en llamas.

La catedral de Notre Dame en París, de 850 años y que tomó 200 años completar, fue una constante en la vida de muchas personas, incluida la mía. Ahora, lo inimaginable ha ocurrido: un incendio ha reducido parte del ícono a cenizas y paredes ennegrecidas. Con ella se van muchos tesoros, primicias históricas y asociaciones profundas.

Notre Dame representa de muchas maneras mi vida como adolescente en París. Fue un destino muchas, muchas de las veces que acompañé a amigos y familia a conocer la ciudad. También pasaba por ahí en mi motocicleta cuando iba a visitar a mi mejor amigo de la escuela, que vivía en el vecino barrio de Île Saint-Louis. Dado que fue testigo de la rica y variada historia de Francia, tuvo un rol central en muchas de mis clases de historia y literatura francesas.

Cuando crecí, Notre Dame siguió siendo parte activa de mi vida. Era una visita obligatoria en cada viaje a París. Es una piedra angular que he compartido con mi hija durante toda su vida, hasta hoy.

Si multiplicamos mis experiencias y mis sentimientos por un número enorme, desconocido, aún no estaremos cerca de lo que significa Notre Dame para las actuales generaciones en Francia y alrededor del mundo, sin mencionar para las anteriores durante sus más de 1000 años de existencia.

Su destrucción parcial el lunes ya se siente como uno de esos eventos de los que siempre recordaremos dónde estábamos cuando oímos por primera vez la trágica noticia y cuando vimos por primera vez las fotos y los videos terribles.

Probablemente, el sentimiento generalizado de sorpresa y tristeza pronto dará paso a un juego de culpabilidades feo y muy público. ¿Cómo podía estar expuesta una joya como esa a semejante riesgo? ¿Por qué no hubo intentos inmediatos de acompañar el agua que sofocaba las llamas desde abajo con chorros lanzados desde aeronaves? ¿Dónde estaba el plan de contención de daños? Y tantas otras preguntas mientras asimilamos lo inimaginable.

No parará ahí.

La desgarradora noticia llega en un momento en que Francia ha sido sacudida por el movimiento de los chalecos amarillos, que hace parte de una reacción violenta global contra el establecimiento, percibido como menos confiable, menos sensible y menos efectivo; esto justo cuando el presidente Francés, Emmanuel Macron, se disponía a anunciar el resultado del "Grand Débat" con los ciudadanos de todo el país.

Notre Dame representaba mucho antes del incendio que la daño el lunes. Capturó muchas de las subidas y las bajadas de la monarquía francesa y, en últimas, su caída. Fue testigo de la no siempre fácil evolución de la República Francesa. Estuvo ahí en eventos oscuros y muchas celebraciones, incluida la Segunda Guerra Mundial y sus repercusiones.

No obstante, además de todas las ricas historias nacionales y personales que seguirá representando para tantos, Notre Dame también podría convertirse pronto en un símbolo desagradable de los eventos actuales: la frustración popular, la política de la ira y la enorme falta de confianza en el establecimiento.

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