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Mohamed El-Erian: Bancos centrales ya no amortiguan a los mercados

El reciente anuncio del BCE de que su Consejo de Gobierno aún tiene la intención de poner fin a la QE a fin de año, se produjo en el contexto de lo que los bancos centrales reconocen que es una lista cada vez mayor de amenazas para sus economías.

Mario Draghi

Mario Draghi

Mario Draghi del Banco Central Europeo. (Foto: Bloomberg)

Si los gobiernos, las empresas y los mercados necesitaban más recordatorios de que su entorno operativo está cambiando, los recibieron la semana pasada. A pesar del debilitamiento del impulso económico y la volatilidad de los mercados financieros, un segundo banco central de importancia sistémica, el Banco Central Europeo, reiteró su intención de dejar de utilizar grandes inyecciones de liquidez para dar soporte a la actividad económica y los precios de los activos.

El cambio en este "factor global" se está traduciendo en un "cambio de régimen" de volatilidad en los mercados, requiere una evolución de las estrategias de inversión y exige medidas políticas pro crecimiento compensatorias por parte de muchos países individuales.

El anuncio del 25 de octubre del BCE de que su Consejo de Gobierno aún tiene la intención de poner fin a las compras de activos a gran escala, conocida como flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés) a fin de año, se produjo en el contexto de lo que los bancos centrales reconocen que es una lista cada vez mayor de amenazas para sus economías.

En una conferencia de prensa posterior a la reunión sobre política monetaria del Banco Central Europeo, el presidente del BCE, Mario Draghi, afirmó que los riesgos incluyen un régimen comercial incierto, presiones en los mercados emergentes, la política y el ennfrentamiento presupuestario entre Italia y la Unión Europea.

Y al afirmar que "el mandato del BCE no implica financiar el déficit del gobierno", Draghi enfatizó el mensaje implícito de que ni los gobiernos ni los mercados pueden seguir dependiendo de inyecciones de liquidez regulares, de gran escala y predecibles para compensar sus propios problemas.

Las señales del BCE refuerzan las que la Reserva Federal ha estado enviando desde hace un tiempo. A pesar de la debilidad en el sector de viviendas, un indicador histórico de las tendencias cíclicas de la economía estadounidense, y a pesar de las quejas del presidente Donald Trump, los altos funcionarios de la Fed siguen sin dejar ninguna duda de su intención de seguir subiendo los tipos de interés mientras reducen la hoja de balance del banco central. Además, este equipo de la Fed, a diferencia de sus predecesores, es menos inclinado a recurrir a palabras tranquilizadoras para calmar a los mercados inquietos.

El aumento de la inestabilidad del mercado no debería ser una sorpresa. Desde el comienzo de esta fase excepcional de la política monetaria (que ahora está terminando gradualmente), quedó claro que las "políticas no convencionales" de los bancos centrales tenían por objeto reprimir la volatilidad como medio de promover la actividad económica. Asimismo, los bancos centrales han sido coherentes y claros en sus intenciones de abandonar esta fase a medida que las condiciones económicas lo permitan.

El consiguiente alejamiento de la aplicación prolongada de políticas no convencionales implica intrínsecamente una mayor volatilidad financiera y económica. Esto es especialmente cierto si se tiene en cuenta que los actores del mercado han minimizado el riesgo de liquidez en determinados segmentos y que muchos gobiernos han sido lentos en la aplicación de reformas estructurales pro crecimiento.

Sin embargo, cómo se verá el destino sigue siendo una pregunta abierta. El resultado depende esencialmente del orden y del carácter integral de la transferencia hacia mejores fundamentos económicos y empresariales, así como del restablecimiento de los indicadores técnicos de los mercados.

Como he argumentado, esta transición se hace más incierta por los desempeños económicos divergentes dentro del mundo avanzado, así como por la incertidumbre sobre la política comercial. También será sometida a prueba por dos elementos:

Focos de excesiva adopción de riesgos que surgieron durante el período anterior de amplia liquidez (desde el excesivo alcance de los rendimientos, incluso a través de exposiciones de inversores fuera de los índices de referencia, hasta el diferencial de productos que prometen implícitamente una liquidez inmediata a un diferencial razonable de compra/venta, a pesar de la naturaleza intrínsecamente ilíquida estructural de los activos subyacentes).

El alcance al que ciertos gobiernos y empresas utilizaron el período de tasas de interés inusualmente bajas para acumular demasiada deuda y permitir la aparición de excesivos descalces monetarios.

El mensaje para los gobiernos, las empresas y los actores del mercado es claro: los bancos centrales están hablando muy en serio de la idea de abandonar el negocio de la supresión de la volatilidad, y el proceso podría estar llegando a una masa crítica.

Al igual que lo que le sucede cuando se quita esos sofisticados auriculares con cancelación de ruido a mitad de vuelo en un avión y nota todo tipo de ruidos alrededor de la cabina, los mercados y las economías se están volviendo más sensibles a medida que la QE y la orientación sobre tasas bajas se deterioran.

Los actores económicos y los participantes en el mercado deben prepararse para una mayor inestabilidad ambiental a medida que la política monetaria pasa de medidas inusuales y experimentales hacia medidas históricamente más reconocibles.

Este cambio tiene el potencial de situar tanto a la economía mundial como a los mercados en una base fundamental más sólida a largo plazo. Pero también requiere adaptaciones oportunas en ambos o la posibilidad de algo mejor podría dar paso a la agonía de algo peor.

Por Mohamed El-Erian

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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