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México necesita más que una disculpa de España

Algunas características de las buenas disculpas son la sinceridad, la compatibilidad general con lo que defiende en la actualidad el que se disculpa en otros contextos y una disposición social amplia a aceptar que algo de verdad se solucionó para mejor.

AMLO

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Andrés Manuel López Obrador.

¿Cuándo debería un país disculparse con otro? La pregunta recibe atención renovada a la luz del reciente llamado mexicano para que España y el Vaticano se disculpen por la colonización del país. No se trata de un tema trivial. Si la política mundial reciente nos ha enseñado algo es que las preguntas simbólicas realmente pueden marcar diferencia.

A menudo un bando u otro adopta posturas absolutistas en dichos asuntos y de hecho muchos españoles están molestos por el llamado, el cual su gobierno rechazó firmemente. No obstante, la historia muestra resultados diversos sobre cómo remediar de manera efectiva y justa las injusticias del pasado.

Estados Unidos es particularmente malo a la hora de dar disculpas. Como hegemonía mundial, EE.UU. puede generar grandes beneficios y grandes costos al resto del mundo. Ha decidido en gran parte que las disculpas solo entorpecerían y tal vez sembrarían la duda a nivel público sobre una política externa activista de tal magnitud.

EE.UU. jamás se ha disculpado con México, pese a que se apoderó de casi la mitad del territorio de su vecino del sur en una guerra del siglo XIX. Cuando el gobierno estadounidense sí se disculpa, las palabras suelen sonar forzadas y muy politizadas.

Las disculpas de 2008-2009 por la esclavitud ciertamente fueron apropiadas, pero está lejos de ser un hecho que desde ese entonces las relaciones en materia racial han mejorado. Asimismo, algunos argumentaron que el perdón sin un llamado a indemnizaciones era algo problemático.

Una de las disculpas estadounidenses más efectivas fue aquella por encerrar japoneses-estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial. Fue sincera, resolvió algo, hubo indemnizaciones y ayudó al país, a las víctimas y a sus descendientes a cerrar el tema.

Algunas características de las buenas disculpas son la sinceridad, la compatibilidad general con lo que defiende en la actualidad el que se disculpa en otros contextos y una disposición social amplia a aceptar que algo de verdad se solucionó para mejor.

Nueva Zelanda es relativamente bueno a la hora de disculparse, quizás porque no está acostumbrado a tener el papel del victimario a nivel mundial. El gobierno se ha disculpado abiertamente por varias injusticias históricas contra los maoríes e incluso hubo una disculpa coordinada con la reina en 1995.

En contraste, el gobierno australiano se disculpó en el 2008, con énfasis en los secuestros de niños indígenas del país, pero las injusticias históricas fueron mayores y los secuestros duraron hasta 1970.

Entonces, para muchos observadores las disculpas australianas fueron incompletas y muchos australianos las consideraron una medida para sacarse el tema de encima y ya. En general, las relaciones en materia racial han sido más progresivas en Nueva Zelanda, una causa y efecto del enfoque más efectivo de ese país en lo que respecta a pedir perdón.

Uno podría pensar que Ruanda es un caso en donde una disculpa profunda del gobierno, por un genocidio, es necesaria, pero el aspecto político de las disculpas puede ser complicado. Si bien el genocidio fue de hutus hacia tutsis, hay desacuerdo sobre cuántos tutsis tuvieron parte de la culpa y además Paul Kagame, presidente y líder indiscutido del país, es tutsi y por ende no el portador apropiado de una disculpa.

Ha habido disculpas ofrecidas por algunos hutus y también por la Iglesia católica, pero la estrategia actual ha sido una de represión social de la tensión y el discurso, tal vez para esperar hasta otro momento. Es posible que Ruanda aún sea demasiado frágil para soportar una solución mejor.

¿Y qué hay de España y México? Esta propuesta de disculpa me genera escepticismo, en parte porque parece una maniobra política del presidente Andrés Manuel LópezObrador para obtener respaldo político y distraer frente a su probable fracaso a la hora de reformar con éxito la economía mexicana.

Por otra parte, el gobierno español actual no es descendiente cercano de los conquistadores, ya que es una democracia en toda regla y la conquista fue hace casi 500 años. Se puede reconocer las enormes injusticias de la historia sin pensar que los ciudadanos españoles actuales deban necesariamente sentirse tan culpables y (hasta hace poco) las relaciones entre ambos países no eran problemáticas, así que no queda claro exactamente qué se supone que deba resolver esta disculpa.

Quizás lo más importante es que buena parte del daño lo hicieron españoles que establecieron su residencia en México (aunque con respaldo del gobierno de su país natal).

Las disculpas mayores y más importantes son probablemente aquellas en el ámbito interno mexicano, como de las élites mexicanas a varios grupos indígenas del país. AMLO señaló que él mismo se disculpará ante las comunidades indígenas, lo cual es apropiado, pero los verdaderos defectos están en el área de las acciones políticas y sociales concretas, no el discurso.

El llamado actual a una disculpa es una distracción frente a la persistente injusticia de la segregación mexicana. Si los españoles encontraran sus propias razones para desear disculparse, eso sería un buen resultado, pero respecto a este llamado tienen razón en desestimarlo.

Por Tyler Cowen

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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