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Xi Jinping celebra 40 años de reformas económicas en China

Durante un gran encuentro en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, Xi volvió a prometer que su país continuará su apertura al comercio y a las inversiones, con el ímpetu de las reformas emprendidas el 18 de diciembre de 1978.

Xi Jinpin

El presidente Xi Jinping se reunirá finales de noviembre con Donald Trump para lograr poner fin a las tensiones comerciales entre EE.UU. y China. (Foto: AP)

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China celebró con gran pompa los 40 años de reformas económicas que la propulsaron a la segunda posición de las potencias económicas mundiales y el presidente Xi Jinping defendió los colores del socialismo "con características chinas".

Frente al desafío representado por Donald Trump , quien lanzó una guerra comercial para intentar poner fin a los excedentes del gigante asiático, el presidente chino aseguró que nadie puede "dictar al pueblo chino lo que debe o no debe hacer".

Durante un gran encuentro en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, Xi volvió a prometer que su país continuará su apertura al comercio y a las inversiones, con el ímpetu de las reformas emprendidas el 18 de diciembre de 1978.

En 1976, tras diez años de caos provocados por la Revolución Cultural y con la muerte de su gran timonel, Mao Zedong, China era un país extremadamente pobre, con una economía planificada y colectivista.

Pero entonces dio un giro histórico: la tercera sesión plenaria del XI Congreso del Partido Comunista Chino (PCC), celebrada entre el 18 y el 22 de diciembre del 2018, ratificó el viraje hacia la "Reforma y la Apertura" y una "economía de mercado socialista", bajo la batuta de su promotor, Deng Xiaoping.

Deng lanzó las "Cuatro modernizaciones" que había defendido desde 1975 el primer ministro de Mao, Zhou Enlai: agricultura, industria, ciencias y tecnología, y defensa.

Hasta ahí llegó la modernización. El joven Wei Jinsheng, quien en diciembre de 1978 pidió una "quinta modernización", la democracia, pasó unos 18 meses en la cárcel por esta osadía.

Diez años más tarde, la sangrienta represión de las manifestaciones prodemocracia de la plaza de Tiananmen (junio de 1989) confirmó la ausencia de contestación posible al sistema político y a la supremacía del PCC.

El marco está claro: apertura y reformas económicas, pero bajo el estricto control del Partido.

Primero, en el campo

En 1979, en esta nación que entonces era fundamentalmente rural, la reforma se llevó a cabo primero en el campo, donde los campesinos vivían en la miseria.

Algunos de ellos ya se habían sublevado, convirtiéndose en los precursores de la descolectivización agrícola.

Dieciocho campesinos del pueblo de Xiaogang, en la provincia oriental de Anhui, alcanzan un pacto secreto en 1978: abandonaron la "comuna", el sistema colectivo, por un "sistema de responsabilidad familiar" que dividía las tierras comunes en parcelas individuales.

Los resultados en la cosecha de 1979 fueron impactantes, y la experiencia se convirtió en una bola de nieve, ahora con el parabién de las autoridades.

La reforma alcanzó las ciudades a mediados de los años 1980, progresivamente. Antes de eso, Deng abrió zonas económicas especiales en el sur, donde se incitaba a invertir a los extranjeros.

Entre estos lugares piloto, Shenzhen, cerca de Hong Kong, pasó de ser un pueblo de pescadores a una ciudad puntera en innovación.

La adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en el 2001 supuso otra importante etapa para el gigante asiático que lo obligó a realizar aún más esfuerzos en materia de apertura y de adaptación a las reglas internacionales.

Pero sus socios económicos estadounidenses o europeos le reprochan que la liberalización de los mercados sigue siendo insuficiente.

Pekín está acusado de falsear la competencia al subvencionar a las empresas chinas, con prácticas comerciales "desleales" como las violaciones de la propiedad industrial o la transferencias de tecnología impuestas a las empresas extranjeras.

Y la tasa de cambio del yuan, que todavía no es totalmente convertible, sigue estando controlada.

Pero aunque Pekín parece determinado a continuar con su apertura, seguirá siendo a su ritmo. No puede arriesgarse a desestabilizar una economía que da muestras de ralentización, con un crecimiento que cayó a 6,5% en el tercer trimestre, su nivel más bajo en nueve años.

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