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Multimillonarios más jóvenes del mundo cargan pasado alemán

Su abuelo fue el hombre más rico de la Alemania nazi y su padre estuvo involucrado en uno de los mayores escándalos políticos de la Alemania de posguerra.

Friedrich Flick

Friedrich Flick escuchando su sentencia en los juicios de Nuremberg.

Friedrich Flick escuchando su sentencia en los juicios de Nuremberg.

Se dice que su abuelo fue el hombre más rico de la Alemania nazi después de construir un imperio de armas gracias al trabajo de esclavos.

Su padre estuvo involucrado en uno de los mayores escándalos políticos de la Alemania  de posguerra. Casi derrochó la fortuna familiar.

Pero quedó bastante para que Viktoria-Katharina Flick y su gemelo, Karl-Friedrich Flick, pudieran reclamar, a los 19 años, el puesto de los multimillonarios más jóvenes del mundo. Cada uno tiene US$ 1.800 millones, según el índice de multimillonarios de Bloomberg.

Detrás de la riqueza, discretamente administrada por su oficina familiar en Austria, yace una oscura historia de una de las dinastías industriales más ricas de Alemania.

La riqueza de los Flicks tiene sus raíces en Friedrich Flick, quien pasó tres años en prisión después de que fuera declarado culpable por el tribunal de crímenes de guerra de Núremberg por usar mano de obra de esclavos para fabricar armamento para los nazis , entre otros crímenes.

Creó un imperio de acero, que se expandió al apoderarse de empresas en los territorios ocupados por los nazis y en Alemania a través de ‘arianizaciones’, es decir la expropiación y venta forzosa de negocios de propiedad judía.

Flick fue liberado de la prisión en 1950, después de que el Alto Comisionado de Estados Unidos para Alemania concediera controvertidos indultos a industriales alemanes. EE.UU. y el Reino Unido le devolvieron su dinero y sus propiedades comerciales, incluido un activo ‘arianizado’.

Flick vendió sus negocios de carbón e invirtió los ingresos en numerosas empresas, incluyendo Daimler-Benz AG, convirtiéndose finalmente en el mayor accionista del fabricante de automóviles.

"Dejando de lado todos los estándares morales, Friedrich Flick tuvo la genial capacidad de convertirse en la persona más rica de Alemania, dos veces", dijo Thomas Ramge, autor de "Die Flicks", una historia familiar.

Otras dinastías empresariales alemanas cuyas fortunas en parte provienen de la era nazi, como los Quandts y los Ötkers e incluso algunos miembros de la familia Flick, han hecho alguna forma de restitución por usar mano de obra esclava. Friedrich Flick y su hijo menor, que se convirtió en el único propietario del conglomerado, nunca lo hicieron.

Friedrich Flick sostuvo que era inocente y dijo que no tenía obligación legal ni moral de pagar la restitución. El hijo "simplemente no tenía la ambición intelectual de lidiar con la complejidad de la historia alemana y cómo estuvo involucrada su familia", dijo Ramge.

Ese hijo, Friedrich Karl Flick, tomó las riendas del negocio familiar tras la muerte de su padre en 1972. Se convirtió en el único propietario de lo que entonces era el conglomerado de capital cerrado más grande de Alemania  después de comprar las participaciones de tres miembros de la familia en 1975. También vendió ese año el activo ‘ arianizado’ restante, los altos hornos de Lübeck, en el norte de Alemania, a U.S. Steel Corp.

En la década de los ochenta, se vio envuelto en un escándalo que involucró donaciones políticas ilegales que llevaron a la renuncia del ministro de Economía y el presidente del Parlamento de Alemania.

Friedrich Karl Flick negó tener conocimiento de los pagos y no fue acusado. En 1987, su socio más cercano fue multado por evasión de impuestos y condenado a seis meses en prisión con pena suspendida.

Friedrich Karl Flick vendió los negocios a Deutsche Bank AG por 5,360 millones de marcos alemanes (US$ 2,170 millones) en 1985, en el peor momento del escándalo. Después de eso, se retiró de la vida pública.

Casi una década más tarde, Flick se mudó a Austria, hogar de su tercera esposa, Ingrid Ragger, 32 años menor que él. Se conocieron cuando ella trabajaba como recepcionista de un hotel en un centro de esquí. Flick murió en 2006, cuando Viktoria-Katharina y Karl-Friedrich, su hermano menor por un minuto, tenían 7 años.

Cuando Flick murió, dejó US$ 1,000 millones para cada hijo, de acuerdo con el índice de multimillonarios de Bloomberg.

Hoy la fortuna de los gemelos es supervisada por Flick Privatstiftung, oficina familiar con sedes en Viena y Velden am Wörther See, Austria. Stefan Weiser, miembro del directorio, declinó comentar sobre el cálculo de Bloomberg de la riqueza familiar.

"Dado que somos una oficina unifamiliar, no divulgamos detalles a personas externas", dijo Weiser en un correo electrónico. Los gemelos no estuvieron disponibles para conceder entrevistas. Sus dos medias hermanas, Alexandra Butz, de 50 años, y Elisabeth von Auersperg-Breunner, de 44 años, del segundo matrimonio de Friedrich Karl Flick, tienen residencia ​​en Múnich y Austria. El patrimonio de las hermanas también es de US$ 1,800 millones cada una. Ellas declinaron formular comentarios.

Las vidas de los gemelos se han mantenido bajo la mayor privacidad, y no se han hecho públicas fotografías de ellos. Su madre ha dicho que trató de hacer que su infancia fuera lo más normal posible.

"Han recibido mesada desde segundo grado, apropiada para su edad, no más que sus amigos", dijo Ingrid Flick al periódico austriaco Kronen Zeitung en 2009. "Así es como van a aprender a manejar el dinero y su significado. No quiero que sean diferentes de sus amigos", añadió.

Nota Original: World’s Youngest Billionaires Shadowed by Ghosts of German Past

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