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Y Merkel decidió bajarse en la próxima

El adiós de la estadista europea coincide con la llegada al otro lado del Atlántico de gobernantes con posiciones menos centradas.

Angela Merkel

Angela Merkel. (Foto: Bloomberg).

Angela Merkel. (Foto: Bloomberg).

Angela Merkel ya no será ni líder de su partido ni sucesora de sí misma como canciller de Alemania: este lunes decidió empezar a planear ella, antes de que lo hagan otros, los que serán probablemente sus últimos años en política.

La despedida de esta mujer nacida en Hamburgo hace 64 años llegará por fases y la primera de ellas la protagonizó el lunes al confesar que la "imagen" que está ofreciendo su Gobierno es "inaceptable", algo que en los últimos meses parecía reticente a aceptar.

"Es una retirada a plazos, anunciada en el último momento. Y es que la larga e impresionante carrera política de Angela Merkel amenazaba con terminar en una tragedia", escribió en "Stern" el historiador Tilman Gerwien a propósito de las tensiones sufridas por la canciller en los últimos meses.

Políticos que quizás no le lleguen a su talla de estadista le complicaron el inusualmente caluroso último verano alemán y en la capital federal ya hasta se asistía con curiosidad al argumentario al que podría recurrir la próxima vez para eludir declarar una crisis ya muy anunciada.

Su propio ministro del Interior, Horst Seehofer, de los "hermanísimos" socialcristianos bávaros, se convirtió en un quebradero de cabeza persistente, su particular tortura, pero al final han sido los votantes alemanes quienes le han dado el peor disgusto.

En dos asaltos, así le han batido los electores a Merkel y a sus socios en las urnas regionales -primero en Baviera y el último fin de semana en Hesse- tras una trabajosa renovación al frente de la cancillería, en una gran coalición que desde que se formó vaticinaba problemas en el horizonte.

"Debería haberse marchado con tiempo suficiente antes de la última elección, victoriosa e invicta. Eso hubiera sido admirable. Ahora ella va a ser vencida", estimó por su parte el coeditor del semanario "Der Spiegel", Jakob Augstein.

El mismo analista opinó también que, sin embargo, "eso no es una vergüenza en democracia. Pero es amargo para una mujer que siempre ha dado la imagen de alguien que se hizo a sí misma".

La siguiente fase para llegar a la era post- Merkel -una expresión que hasta parecía casi imposible de pronunciar tras trece años al mando de la locomotora alemana- vendrá en diciembre, cuando ya no sea candidata de una Unión Cristianodemócrata (CDU) que preside desde el 2000.

La tercera fase se cumplirá, así lo desea ella, cuando iguale con 16 años el récord de permanencia en la Cancillería de Helmut Kohl (1930-2017), que ya ha pasado a la historia como el canciller de la reunificación. Merkel lo hará probablemente por ser la primera mujer al mando de la ahora primera potencia europea.

"Mamá" o ya para muchos "abuela" de Alemania, con una mezcla de disciplina tan propia, dicen, de los alemanes y de una cierta sensación de protección maternal, la canciller de Alemania que se empieza a ir ha dado forma no solo a lo que hoy es su país, sino también a la actual Unión Europea.

Crecida en el este alemán, Merkel se aleja del poder justo cuando en las costuras de la reunificación algunas puntadas estallan con las manifestaciones neonazis que el último verano han resucitado fantasmas del pasado.

Empieza a decir adiós al poder la hija de un pastor protestante y alguien que no participó de la multitudinaria explosión de júbilo con la que cayó el Muro de Berlín, en 1989, y en un momento en que se constata que aún hay muchos aspectos que alejan a unos alemanes de otros.

Que haya alemanes que a duras penas lleguen a fin de mes y que muchos de ellos vivan en el este del país no es algo que se le pueda atribuir estrictamente a su gestión de 13 años, pero en la Alemania de 2018 se dan casos, aunque a algún conciudadano europeo de los socios menos desarrollados de la UE esa realidad les pueda parecer una broma.

En Europa, la sensación que dejará tras su salida de escena irá desde la de gobernante implacable ante los incumplimientos de una sacrosanta disciplina fiscal que contribuyó a la merma de las clases medias en el sur a la de generosa estadista que no cerró fronteras ante la más reciente oleada de inmigrantes y refugiados.

Pero también la de defensora de unos ideales de la Unión Europea y de lo que este concepto significa.

El adiós de la estadista europea coincide con la llegada al otro lado del Atlántico de gobernantes con posiciones menos centradas.

Ejemplo de ello es la poca química que desde su primer contacto ha existido entre una mujer que en Europa es paradigma del sentido común y el presidente de Estados Unidos, el republicano Donald Trump, que cuando la ha invitado a la Casa Blanca le hizo sentir de alguna manera que no era una invitada grata.

Trump también ha menospreciado lo que Merkel representa para muchos alemanes y europeos para dotar a la UE de credibilidad en el diseño de su estructura como potencia económica, comercial y monetaria.

Política ciertamente ya histórica, se aplica ahora a sí misma la máxima que observó en su precedesor en el cargo, el socialdemócrata Gerhard Schröder (1944), y emprende la retirada cuando percibe una pérdida de autoridad en toda línea.

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