(Foto: AFP)
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Por Shuli Ren

La Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda de ha experimentado un renacer en el último tiempo, tras un año de murmullos de países en vías de desarrollo de que el presidente les tendió una trampa de deuda disfrazada de financiamiento de grandes proyectos de infraestructura.

En la primera mitad de este año, Pekín firmó cerca de US$64.000 millones en nuevos contratos, la mayoría de construcción y un salto de 33% respecto a 2018, según datos del Ministerio de Comercio. En ese entonces, Malasia se quejaba por acuerdos alcanzados en la época de un líder golpeado por los escándalos y posteriormente destituido e Indonesia se prepara para elecciones en las cuales ambas partes presentaron sus credenciales nacionalistas.

¿Y ahora? Mercados emergentes vuelven a sentarse en la mesa de negociación. Malasia reactivó el proyecto ferroviario de la costa este de US$ 20,000 millones en julio, revirtiendo la decisión previa de poner fin a la iniciativa. En Indonesia, el controvertido tren de alta velocidad Yakarta-Bandung retoma su curso tras más de dos años de retrasos y nuevos proyectos de vivienda y energía eléctrica han sido aprobados.

¿Qué causó este cambio de postura?

Para empezar, las condiciones financieras en los emergentes de Asia, que todavía siguen el ciclo de flexibilización de la de , han mejorado y registran su mejor nivel en un año. Si la Fed vuelve a bajar las tasas, los mercados emergentes se pueden sentir un poco más relajados a la hora de asumir más deuda.

Mientras el crecimiento del comercio mundial cae a su punto más bajo en una década, la inversión en infraestructura es la única forma de levantar a las economías emergentes. ¿De dónde saldrá el dinero? China se ofrece.

Pekín tuvo suerte de que su economía floreciera en una era en la que el comercio internacional apenas era cuestionado como política global. En su punto máximo en 2007, el superávit de cuenta corriente chino superaba el 10% del PIB. Pese a todo ese beneficio neto proveniente del extranjero, China de todas formas tuvo que acumular billones de dólares de deuda en empresas estatales para llegar a sus trenes de alta velocidad y rascacielos actuales.

Pekín no tuvo otra opción que inyectar parte de su exceso de capital en el extranjero. En 2014, el año en que comenzó a invertir dinero en el Cinturón y la Ruta de la Seda, la creación de crédito se había vuelto tan ineficiente en casa que para generar US$ 1 en PIB, China tenía que gastar US$ 9 en nueva inversión en activos fijos, según estimaciones de la agencia nacional de estadísticas. La relación incremental capital-producto debería estar entre 2 y 4.

Buena parte del mundo emergente no tuvo tanta suerte como China. A medida que se intensifica la guerra comercial incluso Vietnam, considerado uno de los principales beneficiados, ha avanzado poco. El año pasado, su superávit de cuenta corriente fue de solo 2.7%, por debajo del 3% de 2016. El financiamiento a gran escala es incluso más difícil para países con déficit de cuenta corriente y fiscal como Indonesia.

A EE.UU. le gusta retratar la ambición china de integración en infraestructura como la construcción de un nuevo imperio y puede que se vea así de acuerdo con el gran mapa de países incluidos en el plano de Xi.

Pero si hubiese tenido la opción, China habría preferido invertir en EE.UU. en lugar de, digamos, Pakistán. En su techo en 2016, EE.UU. representó más o menos un tercio de las inversiones chinas en el extranjero, según China Global Investment Tracker, que analiza acuerdos por US$ 100 millones o más. Sin embargo, desde que asumió el presidente , las inversiones chinas en EE.UU. se han derrumbado toda vez que Washington adoptó una postura más escéptica sobre las adquisiciones del gigante asiático.

El dinero dice mucho. En una encuesta de enero con más de 1,000 participantes, la mayoría académicos y funcionarios públicos del sureste asiático, el 73% opinó que China tiene la mayor influencia económica en la región. Cerca de la mitad consideró que China tiene la mayor influencia política en el sureste asiático versus el 30% de EE.UU.

A Washington le gusta creer que tiene influencia en el terreno geopolítico, pero se le ve cada vez más indiferente respecto al mundo en general. Mientras el dinero fácil vuelve a fluir y Trump cambia posturas, EE.UU. pierde aliados importantes en los mercados emergentes.

En abril, en su segundo foro sobre la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda, el presidente Xi sonó escarmentado sobre sus ambiciones ligadas al Sueño Chino con el fin de recuperar la grandeza del país. Aunque pude que pronto se sienta triunfante.

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.