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Crece el descontento contra el uso salvaje de los monopatines en París

Más de una decena de empresas de alquiler, incluidos American Bird,Lime y más recientemente Uber, operan en París, y la flota de monopatines eléctricos, que actualmente se estima en 15,000, podría llegar a 40,000 para fines de año.

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(Foto: Bloomberg)

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Con cabelleras y rostro al viento, auriculares bien puestos, zigzaguean peatones o automóviles. Se trata de los usuarios de monopatines que ahora son parte integral del paisaje parisino, donde, como en otras ciudades del mundo, muchos exigen más reglas para organizar un modo de transporte todavía anárquico.

Los monopatines eléctricos de alquiler aparecieron hace un año en París y desde entonces están en todas las calles, en todas las aceras, y el entusiasmo por estos vehículos asociados a la infancia durante mucho tiempo no tiende a desaparecer.

Pero cada vez se suman más voces para denunciar su peligro y su uso anárquico.

Esta semana los operadores de los monopatines de alquiler discutían con la alcaldía de París una normativa de buena conducta "para un uso controlado y sostenible" de estas máquinas y "respeto por el espacio público y la seguridad de los vehículos parisinos".

Más de una decena de empresas de alquiler, incluidos American Bird, Lime y más recientemente Uber , operan en París, y la flota de monopatines eléctricos, que actualmente se estima en 15,000, podría llegar a 40,000 para fines de año.

En sus seis primeros meses de servicio, Lime, que considera que "París es uno de los mercados más grandes de monopatines de alquiler en el mundo", estima el número de rentas diarias en 30,000 y en más de dos millones el número de trayectos efectuados con su flota.

"Es fácil, es libertad", afirma Yosra Haj Jabid, una joven tunecina italiana que llegó recientemente a París y que suele desplazarse a diario en monopatín, más que en transporte público común.

"Rápido, fácil y divertido, menos caro que un Uber", defendió una pareja de turistas ingleses, John y Lizzy, que recorrían el barrio de la Tour Eiffel sobre estas plataformas metálicas a batería.

'Ley de la selva'

Son decenas quienes ruedan a orillas del Sena un lunes soleado de primavera, solos o a dúo, turistas o parisinos apurados por llegar a sus destinos, ante las miradas a veces de censura de los peatones.
Un señor mayor gruñe mientras mueve un monopatín dejado en uno de los tramos de la vía a lo largo del río parisino y la estaciona en una acera.

"Esta gente hace como si estuvieran solo ellos. Toman riesgos, van esquivando peatones, estacionan sus aparatos en cualquier lugar. ¿Dónde está el civismo?", se pregunta indignado Yves Goupil, almirante jubilado de 88 años que todos los días camina a orillas del Sena entre los puentes Alma y Pont-Neuf, corazón turístico de la ciudad. "¡Incluso los botan en el Sena!", afirmó.

"Es hiper peligroso, van super rápido. Hay demasiados y en todas partes", se queja Juliette, una estilista.

En los hechos, sigue siendo excepcional ver a un conductor de monopatín con casco, y ya han habido incidentes fatales. Los datos más recientes de Seguridad Vial dan cuenta de 284 heridos y 5 muertos en monopatines o patines roller en el 2017, es decir antes de la llegada de los operadores de alquiler.

Además, los detractores de los monopatines eléctricos argumentan que el supuesto beneficio ecológico se cae con el litio que emplean sus baterías y por la vida útil de estas máquinas, estimada en solo 28 días, según un estudio reciente realizado en Estados Unidos.

Frente a los peligros y a la utilización anárquica de los monopatines, el Consejo de París adoptó el mes pasado varias medidas de regulación: multa de 135 euros por circular en las aceras, 35 euros por dejarlo estacionado en cualquier sitio y a partir de setiembre introducirán un decreto para terminar "con la ley de la selva", según las palabras de la ministra de Transporte Elisabeth Borne.

Este decreto prohibirá entre otras cosas aquellos aparatos que sean capaces de exceder la velocidad en 25 km/h, y va a instaurar la obligación de circular por las pistas para bicicletas. Además el casco será obligatorio para los menores de 12 años.

Varias ciudades de Europa y algunas de América Latina adoptaron en los últimos meses medidas para reglamentar el creciente aumento de los monopatines. Barcelona, particularmente desbordada por el turismo en masa, ha fijado un reglamento muy específico a través de ordenanzas municipales.

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