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Brasil abraza el rugby como terapia

El crecimiento del rugby en Brasil es exponencial. Según la Confederación Brasileña de Rugby (CBRu), en 2010 solo 30.000 personas lo practicaban y el año pasado esa cifra prácticamente era el doble. El interés del público también sube y ya son algo más de tres millones de fieles.

FOTO 5 | Además del fútbol, el estadio también es utilizado para otros deportes, como rugby o cricket. (Foto: Getty)

(Foto: Getty)

En el país de Pelé, de los cinco mundiales y del "jogo bonito", el rugby se ha convertido en el deporte que más crece, pero también en una herramienta para transformar la vida de miles de jóvenes en las favelas o en centros de menores, donde se practica como terapia pedagógica.

Los brasileños cada vez están más acostumbrados a patear el balón ovalado, anotar ensayos y formar una melé en los rincones más insospechados de un país en el que el fútbol es sagrado, casi una religión.

Lugares tan recónditos como en el corazón de Paraisópolis, la segunda mayor favela de Sao Paulo y hogar de unas 50,000 personas. Como en otras comunidades, olvidadas durante décadas por los poderes públicos, crecer aquí es un desafío diario, especialmente para los niños.

El "Arena Palmeirinha" se ha convertido, sin embargo, en un remanso de paz y una oportunidad para cientos de jóvenes de este barrio vecino de una de las zonas más pudientes de la metrópoli.

Acceder a este campo de césped artificial no es fácil. Hay que consultarlo primero con los "líderes" de la comunidad y en ningún caso se pueden captar imágenes de las personas que están fuera del recinto.

En las últimas semanas el clima se ha caldeado por la muerte de una policía y hay cierto nerviosismo hasta que uno pasa la verja y pisa el césped, donde decenas de niños y adolescentes practican formaciones, saques y placajes.

"Solo quien ama, entiende", aparece escrito en uno de los muros del campo, rodeado de casas de ladrillo desnudo y una pequeña grada de cemento desgastado.

Aquí el "Instituto Rugby para Todos" comenzó en el 2004 una empresa titánica: democratizar un deporte que solo estaba al alcance de las élites.

"El rugby, ocho años atrás, era como si fuera snowboard aquí en Brasil ", explica el exjugador de la selección brasileña de rugby Mauricio Draghi, director y fundador de la organización, por la que ya han pasado más de 5,000 alumnos.

Empezaron ocupando un pequeño espacio del campo, que antes era de tierra y dominado por los futboleros, y hoy tienen siete horarios a la semana exclusivos solo para ellos, además de contar con un equipo multidisciplinar con el que acompañan la trayectoria de los chavales, como la de Wagner de Oliveira Santos, de 12 años.

Cuatro de sus primos y un hermano suyo también se han apuntado a la pasión por el rugby.

"Si no estuviéramos haciendo rugby ahora, podríamos estar en otro lugar... tipo en la calle, pero no, estamos entrenando y esforzándonos", explica a Efe este joven de buena percha y mofletes rosados.

"Mi sueño es continuar jugando hasta que pueda", añade. Un ejemplo a seguir es Karolina Ribeiro, de 21 años y capitana del equipo de las Leonas de Paraisópolis, con el que ha sido tres veces campeona de Brasil y dos de Sao Paulo, en la categoría juvenil.

Ribeiro, natural de esta comunidad, juega desde lo nueve años y hoy entrena a los más pequeños. El rugby le "ayudó en todo", dice.

El crecimiento del rugby en Brasil es exponencial. Según la Confederación Brasileña de Rugby (CBRu), en 2010 solo 30.000 personas lo practicaban y el año pasado esa cifra prácticamente era el doble. El interés del público también sube y ya son algo más de tres millones de fieles.

Con una gestión aplaudida por su transparencia, acompañada de los últimos éxitos dentro de la cancha, la CBRu se ha marcado como objetivo clasificar a la selección masculina para la Copa del Mundo de 2023 -ocupa actualmente el puesto 24 del mundo, el mejor de su historia- y que la femenina acabe entre las diez primeras en los Juegos Olímpicos de París 2024.

"Nuestra ambición es ser altamente competitivos en alto rendimiento y ser un deporte consolidado en Brasil, o sea, que si un niño o una niña quieren jugar al rugby, pueda hacerlo fácilmente", explica el argentino Agustín Danza, CEO de la Confederación, creada en el 2010 por un grupo de empresarios.

Pero el rugby va más allá y es usado también como una herramienta pedagógica en los centros de detención de jóvenes infractores en el estado de Sao Paulo, gestionados por la Fundación Casa.

En cinco de ellos, la Asociación Hurra da clases de rugby para estos jóvenes que, en la mayoría de los casos, son recluidos por robo o tráfico de drogas.

En el centro "Nueva vida", hay alrededor de medio centenar de chavales reincidentes. Un grupo de ellos espera sentado en el centro una aula de lo que para algunos es algo completamente nuevo: el rugby.

Son chicos que vienen "medio desconectados" de la sociedad y el rugby tiene "unos valores que son disciplina, respeto, compañerismo..." que agregan "mucho dentro de los centros de menores internados", dice Karina Lira, de 32 años, coordinadora de la Asociación Hurra.

Ese es el caso de un joven de 18 años que no puede ser identificado, oriundo de una favela de la ciudad Osasco, en el interior de Sao Paulo, e internado desde hace seis meses por robo a un comercio.

"Es la primera vez que he tenido contacto con el rugby. Es una modalidad bastante diferenciada, me gustó mucho y tengo ganas de continuar practicando", afirma.

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