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Estímulos económicos chinos no funcionan por una razón

En lugar de diseñar una recuperación, la confusa combinación de políticas resultante sólo está alimentando una creciente sensación de incertidumbre entre los mercados, las empresas y los hogares chinos.

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Banco Central de China. (Foto: Reuters)

Los proclamados gerentes económicos de China no son infalibles, y actualmente están cometiendo un error común. Están tratando de lograr demasiados objetivos simultáneamente, muchos de los cuales entran en conflicto entre sí.

En lugar de diseñar una recuperación, la confusa combinación de políticas resultante sólo está alimentando una creciente sensación de incertidumbre entre los mercados, las empresas y los hogares chinos. Eso continuará deprimiendo el crecimiento de China –y de la economía mundial– en el 2019.

Sin duda, los líderes chinos merecen cierto reconocimiento por su prudencia. A pesar de que el crecimiento del crédito cae a mínimos históricos, una economía que crece al ritmo más lento desde 2009, y la intensificación de la guerra comercial, se han resistido al tipo de estímulo a gran escala que lanzaron en respuesta a la crisis financiera mundial.

El banco central ha aumentado las inyecciones de liquidez y reducido drásticamente los requisitos de reservas de los bancos. El Ministerio de Finanzas ha recortado los impuestos y aumentado el apoyo fiscal, y se han emitido bonos del gobierno local por 2.4 billones de renminbi entre julio y septiembre, el doble que en el trimestre anterior. Pero esa es más o menos la extensión de su estímulo.

En cambio, los responsables de políticas están buscando formas más específicas de mejorar el entorno empresarial general y canalizar los fondos hacia las empresas más necesitadas, especialmente las empresas privadas y las pequeñas empresas.

En el último mes, cada uno de los altos funcionarios económicos ha esbozado nuevas medidas para canalizar el financiamiento a dichas entidades. El grupo que lidera este esfuerzo es el Comité de Estabilidad Financiera y Desarrollo, que recientemente llegó a enviar equipos de inspección desde Pekín a siete provincias diferentes para asegurarse de que se están llevando a cabo las políticas más recientes.

El problema es que estos esfuerzos entran en conflicto con las políticas que el gobierno promovió a lo largo de 2017 y el primer semestre de este año. En ese momento, las autoridades centrales se centraban intensamente en abordar los riesgos del sistema financiero mediante el control del mercado interbancario especulativo, los préstamos fuera de balance general y los productos de gestión de patrimonios sospechosos.

Esos esfuerzos fueron más exitosos de lo que muchos analistas creen: Los activos interbancarios de China, el nexo de las financiaciones de riesgo en China, se contrajeron en más de 3 billones de renminbi en el 2017. Esto representa la primera contracción en los activos interbancarios desde 2010, cuando el programa de estímulo masivo del gobierno llevó a los actuales desafíos de la deuda del país.

Debido a que los reguladores chinos son reacios a retroceder en el progreso que han hecho en la eliminación del riesgo del sistema financiero, están instruyendo a los bancos para que continúen mejorando la gestión del riesgo y el control de los balances, incluso mientras destinan una porción cada vez mayor de sus préstamos a las pequeñas empresas. Estos últimos conllevan un mayor riesgo de crédito, casi por definición.

Durante las recientes visitas de inspección, uno de los vicegobernadores del banco central de China, Pan Gongsheng, exhortó específicamente a 30 bancos pequeños a nivel de ciudad a tomar más medidas para ayudar al sector privado, ya que estos bancos tienen un historial de atender a este tipo de clientes.

Sin embargo, los bancos a nivel de ciudad están teniendo dificultades para cumplir con ese mandato, precisamente porque dependen en gran medida de la financiación del mercado interbancario en contracción en lugar de los depósitos de los hogares. Por muy sincero que sea el deseo del gobierno de ayudar a las pequeñas empresas, el apoyo hasta ahora ha sido débil.

La descripción actual de la política monetaria del banco central, actualizada a principios de este mes, parece encapsular la confusión. Las autoridades describen la política, sin ironía, como "neutral, moderadamente ajustada y moderadamente relajada... [con] una oferta monetaria bien controlada".

El Banco Popular de China también reconoce cuántos incendios está tratando de combatir cuando dice que "se debe [establecer] un equilibrio integral dentro de estos múltiples objetivos" y promete hacer "ajustes y modificaciones oportunas y dinámicas... de acuerdo con la situación cambiante...".

Tales formulaciones hacen que las declaraciones ya inescrutables del banco central rayen en lo incomprensible. También señalan por qué el mecanismo de transmisión de la política monetaria de China se ha vuelto en gran medida ineficaz, ya que el aumento de la liquidez no ha logrado detener la desaceleración en el ritmo de crecimiento del crédito, que ya lleva 15 meses.

Los bancos simplemente no saben cómo reaccionar ante la política en este momento. A muchos les preocupa que si aumentan la exposición a las pequeñas empresas, como se les ha ordenado hacer, serán castigados más tarde por haber tomado riesgos excesivos.

Para decir lo obvio, la gestión de una economía en transformación compuesta por más de mil millones de personas no es fácil. Pero la política tiende a funcionar mejor en China cuando hay una prioridad clara y predominante. Esa es exactamente la razón por la que los reguladores tuvieron tanto éxito en sus esfuerzos iniciales para erradicar el riesgo del sistema bancario el año pasado.

En aquel entonces, después de que el presidente, Xi Jinping, declarara en una sesión de estudio del Politburó en abril del 2017 que el riesgo financiero se había convertido en un riesgo para la seguridad nacional, cada agencia y funcionario económico o financiero supo poner sus energías a reducir esos riesgos.

Ahora, sin embargo, se les dice a los bancos que eliminen el riesgo mientras que apoyan a las empresas riesgosas. Se está pidiendo a los gobiernos locales que pongan en marcha proyectos de infraestructura local, al tiempo que refuercen las restricciones presupuestarias. A las autoridades de inversión se les dice que la economía debería ser más autosuficiente y más abierta a las empresas extranjeras.

Todo ello se traduce en una sensación casi palpable de incoherencia política. Mientras exista esa falta de claridad, es improbable que se alcance ninguno de los objetivos contrapuestos del gobierno, y la desaceleración económica de China continuará profundizándose.

Por Andrew Polk

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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