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Los espías de Putin no logran llevarse bien

El mayor conocimiento occidental sobre las actividades del GRU puede ser el resultado de la competencia interinstitucional dentro de Rusia, que el presidente Vladimir Putin no está haciendo mucho por frenar.

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Vladimir Putin pasó gran parte de su vida laboral en uno de los lados del enfrentamiento. (Foto: AFP/Getty Images)

El servicio de inteligencia militar de Rusia, el GRU, últimamente ha estado en los titulares. Demasiados, para ser esta una agencia extremadamente secreta.

El mayor conocimiento occidental sobre las actividades del GRU puede ser el resultado de la competencia interinstitucional dentro de Rusia, que el presidente Vladimir Putin, quien pasó gran parte de su vida laboral en uno de los lados del enfrentamiento, no está haciendo mucho por frenar.

El GRU ha sido vinculado con el derribo del avión MH-17 de Malasia, destruido por un misil ruso en el este de Ucrania hace cuatro años: en mayo, una investigación de código abierto liderada por el blog Bellingcat desenmascaró a uno de los supuestos organizadores de la fallida operación rusa en apoyo de los separatistas ucranianos del este, el agente del GRU Oleg Ivannikov.

El medio investigativo ruso The Insider, que también ayudó a Bellingcat con el caso Ivannikov, vinculó los operativos del GRU con el fallido golpe en Montenegro en 2014. (Uno de los operativos de hecho usó la dirección de la agencia en una transferencia de dinero de Western Union a un serbio acusado por los fiscales en Montenegro de intentar organizar el golpe).

El diario The New York Times informó recientemente que el GRU se convirtió en el foco de la investigación del Reino Unido sobre los envenenamientos con agentes neurotóxicos en suelo británico, primero del ex doble agente del GRU Sergei Skripal y su hija, y luego de una pareja británica que aparentemente entró en contacto con la sustancia sobrante del ataque a Skripal.

Y luego está la acusación del fiscal especial Robert Mueller presentada el viernes contra 12 agentes del GRU por hackear la red informática del Partido Demócrata de Estados Unidos y un ataque de phishing focalizado a la campaña presidencial de 2016 de Hillary Clinton.

Todas estas operaciones del GRU, en cierta medida, fracasaron. Derribar el MH-17 no estaba en los planes rusos: lo que el Kremlin quería era mantener a la fuerza aérea ucraniana lejos de sus representantes en el este del país. El intento de golpe en Montenegro fue sofocado, y la nación balcánica posteriormente se unió a la OTAN, algo que Rusia había tratado de evitar durante mucho tiempo.

Los Skripal sobrevivieron, pero una mujer británica que ni siquiera era el blanco del golpe, falleció. Y la imputación de Mueller revela el asombroso alcance del conocimiento que tiene el Gobierno de EE.UU. sobre qué hicieron específicamente los agentes rusos durante la campaña de piratería de 2016.

No es de extrañar que de las tres agencias de inteligencia rusas involucradas en operaciones en el extranjero –el GRU y los dos servicios ex KGB, el FSB y el SVR– sea el GRU el que aparentemente haya tomado la delantera en estas arriesgadas aventuras.

Mark Galeotti, académico británico del Instituto de Relaciones Internacionales de Praga, para quien los servicios de inteligencia rusos son un campo de interés primario, me dijo por correo electrónico que "cuando se trata de operaciones en el extranjero, el GRU es más grande que el FSB y más agresivo que el SVR, por lo que de alguna manera no es necesariamente una sorpresa que estén más en la noticia en estos días, ahora que la ’guerra de las sombras’ está en un tono más elevado".

"El SVR es el más orientado a las normas", dice Galeotti, "pero en gran medida porque la mayoría de sus oficiales de campo están localizados social y funcionalmente dentro de las comunidades diplomáticas y, por lo tanto, obedecen normas similares".

El GRU tiene un enfoque esencialmente militar: completar la misión. El FSB está, en mi opinión, más imbuido por los valores esencialmente cleptocráticos e ignorantes de las reglas de la élite política nacional, y llevan eso a sus operaciones internacionales".

Las tres agencias tienen sus distintas culturas operativas y estilos que hacen que la competencia sea intensa. El objetivo final es complacer a Putin, a quien le gusta la variedad en su caja de herramientas. Este entorno competitivo podría ser la razón por la cual los fracasos del GRU están ahora en exhibición pública.

Según ha trascendido, el FSB conocía los intentos de Belligcat de identificar a Ivannikov, el oficial vinculado al caso MH-17, y no logró alertarlo, permitiendo que los investigadores rastrearan su número de teléfono y lo llamaran. Él contestó el teléfono y terminó siendo identificado positivamente por su distintiva voz aguda.

En diciembre de 2017, The Bell, una publicación rusa fundada por Elizaveta Osetinskaya, editora que ha publicado algunas de las investigaciones más osadas y certeras sobre la corrupción en el régimen de Putin, publicó un artículo que sugiere que el coronel Sergei Mikhailov del FSB puede haber tenido algo que ver con la divulgación a las autoridades estadounidenses de detalles del ataque al Comité Nacional Demócrata.

Mikhailov y varios de sus colegas fueron arrestados a fines de 2016 por cargos de traición. The Bell citó a fuentes anónimas que señalaron que el GRU había estado detrás de los arrestos.

Esa historia tiene sentido ahora que Mueller ha imputado a los presuntos hackers. Aunque Crowdstrike, la firma de ciberseguridad contratada por el Partido Demócrata, informó que dos grupos rusos de hackers penetraron el Comité Nacional Demócrata independientemente el uno del otro, uno supuestamente vinculado al GRU y el otro a otro servicio de inteligencia ruso, la imputación solo nombra a los agentes de GRU.

Ciertamente podría haber otra acusación de piratería por venir, pero la más reciente deja poco espacio para que eso ocurra, ya que tiene por objeto rastrear todos los documentos robados a los hackers del GRU hasta los medios que los publicaron, entre ellos WikiLeaks. Si fueron hackers rivales del FSB quienes revelaron las identidades de GRU a EE.UU., el foco sería fácil de explicar.

Putin puede disfrutar trabajando con los tres estilos de inteligencia: el SVR, correcto y diplomático; el FSB, astuto y de mentalidad comercial; y el arriesgado GRU, pero las fisuras entre ellas probablemente harán que las agencias sean vulnerables a los adversarios. El GRU es el más expuesto, sus rivales están complacidos de explotar los defectos en su oficio para exponer sus fallas.

"El FSB ha demostrado ser bastante bueno para garantizar que nunca sea culpado cuando las cosas van mal", dice Galeotti, recordando la incapacidad de los servicios de inteligencia rusos para predecir que el expresidente ucraniano Viktor Yanukovych caería en la Revolución de la Dignidad de 2014; el SVR asumió la culpa entonces. "Así que no es imposible que también estén buscando escabullirse de alguna culpa por el pirateo de las elecciones".

Rusia a menudo se ve y se siente como un adversario temible para Occidente, pero sus instituciones, incluida su comunidad de inteligencia, no son lo suficientemente monolíticas para evitar vergonzosos fracasos públicos, incluso si sus rivales occidentales están divididos por sus propias divisiones políticas.

Por Leonid Bershidski

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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