El 10% de la población brasileña (unos 20 millones de personas) concentran el 43.1% de la masa total de rendimientos del país. En la otra punta, el 10% más pobre representó únicamente el 0.8%, según destacó IBGE.
El 10% de la población brasileña (unos 20 millones de personas) concentran el 43.1% de la masa total de rendimientos del país. En la otra punta, el 10% más pobre representó únicamente el 0.8%, según destacó IBGE.

La desigualdad de la renta alcanzó en el 2018 un nivel récord en , donde el 1% más rico ganó 34 veces más al mes que la mitad de la población más pobre del país, según cálculos del Gobierno.

Los datos muestran que la concentración de renta volvió a crecer en la mayor economía de Sudamérica después de permanecer prácticamente estable durante los dos años anteriores, informó el estatal Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

El 1% más rico obtuvo una renta mensual media de 27,744 reales (unos US$ 6,700), mientras que el 50% de los menos favorecidos ganó únicamente 820 reales (unos US$ 200).

Esa diferencia es la mayor registrada desde el inicio de la serie histórica, que se inició en el 2012.

De esta forma, el 10% de la población brasileña (unos 20 millones de personas) concentran el 43.1% de la masa total de rendimientos del país. En la otra punta, el 10% más pobre representó únicamente el 0.8%, según destacó IBGE.

Además, ese 1% más rico vio crecer sus rendimientos en 8.4% en el 2018 con respecto al año anterior, mientras que los del 5% más pobre cayeron 3.2%, hasta los 153 reales (unos US$ 37) de media por mes.

En definitiva, los más pobres se quedaron más pobres y los más ricos se enriquecieron aún más, según explicó María Lucía Vieira, gerente del Estudio Nacional por Muestra de Domicilios Continuo (PNAD), del que se han extraído los resultados.

En su opinión, la mayor concentración de la renta está relacionada con la crisis en el mercado de trabajo, que actualmente registra un índice de desempleo del 11.8%, equivalente a 12.6 millones de personas.

En este sentido, los más afectados fueron los trabajadores que tenían menos formación.

"Cuando las personas pierden sus trabajos, buscan otras ocupaciones en las que consigan tener alguna remuneración. Si es un momento en el que la demanda de trabajo es mayor que la oferta, la personas acaban aceptando trabajos con remuneraciones más bajas", explicó Vieira.

Este fenómeno evidencia los efectos aún visibles de la grave recesión que vivió Brasil entre el 2015 y 2016, cuando su Producto Bruto Interno (PBI) se desplomó unos siete puntos porcentuales.

En los dos últimos años, el gigante suramericano ha ensayado una lenta y gradual recuperación económica con crecimientos de apenas 1% en el 2017 y 2018.

Para este año, tanto los economistas como el Gobierno esperan un crecimiento del PBI por debajo de 1%.

El Gobierno de , en el poder desde el pasado 1 de enero, confía en la aprobación de ambiciosas reformas de corte liberal, como una del sistema de pensiones y otra tributaria, para reequilibrar las cuentas públicas e impulsar definitivamente el crecimiento del país.