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Por qué Trump no logró acabar con el TLCAN

La mayoría de las discusiones de política comercial tienden a centrarse en China, pero como se puede ver en un mapa elaborado con datos de Bloomberg, China es el mayor socio comercial de solo cinco estados.

TLCAN

Canadá insiste en mantener el mecanismo de solución de controversias que EE.UU. rechaza. (Foto: Reuters)

El discreto Canadá es el mercado de exportación más grande para 36 estados. (Foto: Reuters)

Si quiere entender por qué era tan importante que Estados Unidos y Canadá cerraran el acuerdo sobre un Tratado de Libre Comercio de América del Norte ( TLCAN) actualizado –algo que finalmente hicieron la noche del domingo, después de 13 meses de discusiones–, eche un vistazo al siguiente mapa.

La mayoría de las discusiones de política sobre comercio tienden a centrarse en China, que tiene un déficit comercial de US$ 337,000 millones con EE.UU., y que ha llevado a que el presidente Donald Trump imponga aranceles sobre US$ 200,000 millones en productos chinos. Sin embargo, como se puede ver en el mapa, China es el mayor socio comercial de solo cinco estados.

Mientras tanto, el discreto Canadá es el mercado de exportación más grande para 36 estados; en efecto, en el 2017, Canadá compró bienes y servicios por un valor de US$ 340,700 millones a EE.UU., el doble que los chinos.

La razón fundamental de algunas de estas relaciones es obvia. Debido al TLCAN, los fabricantes de automóviles han creado cadenas de suministro transfronterizas, por lo que es natural que Michigan y Canadá sean socios comerciales importantes. Nueva York es la capital financiera del mundo, y para colmo tiene una frontera colindante. Si desea importar dispositivos médicos, debe hacer negocios con Minnesota, que es el centro de esa industria.

Pero ¿Colorado? ¿Oklahoma? ¿Pensilvania? ¿Virginia?

Durante la mayor parte de un año, el Consulado de Canadá en Detroit ha estado tuiteando hechos y cifras que señalan la importancia de la relación comercial entre Canadá y los estados individuales. No hace mucho, me encontré con un tuit sobre Virginia de Chris Young, quien trabaja en el Consulado, en el que señala que Canadá es el cliente número 1 del estado, con US$ 5,000 millones en ventas al país vecino el año pasado.

Eso hizo que me preguntara. ¿Cómo se convirtió Canadá en una parte tan vital de la economía del estado? ¿Qué vende Virginia a Canadá? ¿Y cuánto tuvo que ver el TLCAN con eso? La gran frase sería: el TLCAN tuvo mucho que ver con ello.

Un pequeño contexto sería apropiado. A fin de cuentas, US$ 5,000 millones en comercio –US$ 3,000 millones en exportaciones y US$ 2,000 millones en importaciones– no es una gran cantidad dado el producto interno bruto de US$ 508,000 millones de Virginia.

Pero es una gran porción del comercio internacional del estado, que representa casi una quinta parte de las exportaciones totales del estado. El comercio con Canadá es responsable de aproximadamente 281,000 empleos en Virginia. Unas 200 empresas canadienses tienen oficinas o fábricas en Virginia; las personas que emplean, y las cosas que hacen, le importan al estado, incluso si no aparecen en las estadísticas comerciales.

El argumento contra el TLCAN por parte de los trabajadores (y el presidente Donald Trump) es que trasladó los empleos de manufactura de EE.UU. hacia México, donde los costos de mano de obra son significativamente más bajos. Y, de hecho, durante los primeros años después de su firma en 1993, eso es en gran medida lo que sucedió en Virginia. Los textiles, autopartes y otros fabricantes, principalmente en el sudoeste de Virginia, cerraron sus puertas.

Estados Unidos

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Mapa creado por Elaine He, columnista de visualización de datos de Bloomberg Opinion.

Algunos se fueron a China, especialmente la industria textil, que estaba en declive mucho antes del TLCAN, pero otros se fueron a México. "Hubo un impacto a corto plazo", dice Don Beyer, congresista demócrata que representa a las ciudades de Arlington, Alexandria y Falls Church, en el norte de Virginia.

Sin embargo, al mismo tiempo, las compañías estatales comenzaron a encontrar ventajas en el TLCAN; en el 2003, una década después de que el pacto comercial entrara en vigor, Virginia había duplicado con creces sus exportaciones a Canadá y México, de US$ 1,200 a US$ 2,500 millones. Desde principios de la década de 1980, por ejemplo, Volvo estaba ensamblado camiones pesados en Dublín, Virginia.

Debido a que la mano de obra es un porcentaje menor de los costos para los camiones que para los automóviles, Volvo no necesitó trasladar su operación de camiones a México.

Por el contrario; debido a que el TLCAN había eliminado en gran medida los aranceles entre los tres países, Volvo pudo consolidar su fabricación de camiones en América del Norte en Virginia, donde los camiones podrían exportarse fácilmente a Canadá. Hoy, la planta emplea a 3,200 personas y sus camiones tienen el 14% del mercado canadiense. Los camiones y tractores generan US$ 280 millones en ingresos de exportación para Virginia; la mayor parte de eso gracias a la planta de Volvo.

El TLCAN hizo más fácil para las compañías papeleras y de productos forestales de Virginia competir con una de las industrias más importantes de Canadá: la madera. Virginia ahora exporta más de US$ 400 millones de dichos productos a Canadá (e importa otros US$ 200 millones más o menos). Lo mismo ocurrió con otras industrias como el aluminio, las aleaciones de acero y los equipos de calefacción y refrigeración.

Según Paul Grossman, vicepresidente de comercio internacional de Virginia Economic Development Partnership, el estado tenía varias otras ventajas que ayudaron a la relación comercial. Transportar algo desde Virginia hasta el este de Canadá, o viceversa, solo requería un viaje directo hacia la carretera interestatal 95. La proximidad de Virginia con Washington significaba que las compañías canadienses que establecían una tienda en el estado tenían fácil acceso a funcionarios de comercio en la Embajada de Canadá.

Virginia es el estado más septentrional que se rige por la ley de "Derecho al Trabajo" (que asegura el derecho de los empleados a decidir si desean o no unirse a un sindicato), lo cual es atractivo para las empresas extranjeras. Además, el idioma es el mismo (excepto en Quebec, por supuesto), al igual que las normas culturales y comerciales.

Aquí hay otro factor importante; Virginia no se dejó estar en cuanto al comercio. Al menos desde la crisis financiera del 2008, ha buscado intensamente acuerdos comerciales con Canadá y muchas otras naciones. Esto se ha intensificado especialmente desde 2014, cuando Terry McAuliffe se convirtió en gobernador del estado.

Como me contó el otro día, Virginia estaba en una difícil situación cuando ingresó al cargo porque los recortes presupuestarios federales habían provocado que los grandes contratistas de defensa del estado eliminaran miles de empleos. Entonces se dio cuenta de que el comercio era un medio para recuperar la economía.

"Realicé 35 misiones comerciales en cuatro años", dijo. "Comí patas de pollo en China, pero conseguimos que los chinos levantaran la prohibición de las aves de corral para que Virginia pueda exportar pollos a China". Llevaba a los empresarios de Virginia con él, los presentaba a compradores potenciales, y luego los veía cerrar acuerdos.

"Fui a Canadá todos los años", dijo McAuliffe. "Llevamos cerveza artesanal, vino y ostras".

Travis Croxon, el máximo coejecutivo de Rappahannock Oyster Co., estuvo en uno de esos viajes. "Estamos cara a cara con la gente", dijo. "Podemos mostrarles la calidad de nuestro producto y contarles sobre nuestra compañía". Croxon firmó acuerdos con dos empresas canadienses que suministran productos del mar a restaurantes. Su negocio canadiense aún es pequeño, pero en general, los ingresos que genera Rappahannock por el comercio se acercan al 10%.

Como sucede en muchas partes del país, la economía de Virginia está prosperando: la tasa de desempleo es del 3.2%. "Incluso en el suroeste de Virginia, es de alrededor de un 4%", dijo Beyer, que era concesionario de automóviles antes de postularse para el Congreso.

Le pregunté si los habitantes de Virginia creían, como lo hace Trump, que el TLCAN era "un mal negocio". No, contestó. "Postulé como demócrata de libre comercio", dijo. "No tuve ni un solo grupo que se quejara del TLCAN. He podido argumentar que no se puede hacer crecer una economía únicamente desde dentro. Necesitas el comercio. El comercio ha creado muchos buenos empleos".

Según los primeros informes, parece que Canadá relajará las protecciones en su industria láctea, algo de lo que Trump se ha quejado prácticamente desde que comenzó a postularse a la presidencia. Pero EE.UU. acordó mantener un mecanismo de resolución de disputas en el que Canadá insistió, y también acordó no imponer aranceles a los automóviles, y levantar los gravámenes que el presidente aplicó al acero y el aluminio.

Los medios se apresuraron a etiquetar el acuerdo con Canadá, llamado Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés) como una "victoria" para Trump, pero la verdad es que a pesar de todas sus fanfarronadas, el TLCAN no ha sido "renegociado", sino más bien ha sido retocado en los bordes.

El nuevo TLCAN –que sin dudas Trump elogiará– será más o menos lo mismo que el antiguo TLCAN, al que ha llamado "el peor acuerdo comercial de la historia". Virginia sin duda dará un suspiro de alivio, al igual que las empresas y sindicatos y estados en todo el país. Todos entienden que el comercio crea más trabajos de los que destruye, que es exactamente lo que demuestra el ejemplo de Virginia.

Le pregunté a McAuliffe qué pasaría si alguna vez se volviera el tiempo atrás, y EE.UU. y Canadá repentinamente volvieran a imponer aranceles significativos sobre los productos recíprocamente. "Los países tienen opciones", respondió. "No están obligados a comerciar con EE.UU. Pueden ir a otro lado".

Aunque McAuliffe tenía la esperanza de que la normalidad comercial se reanudara una vez que Trump dejara el cargo, le preocupaba que la inclinación de Trump a imponer aranceles perjudicara a los exportadores durante mucho tiempo.

"Trump está arruinando las relaciones", dijo McAuliffe, las relaciones entre los vendedores estadounidenses y los compradores extranjeros que, en algunos casos, tardaron años en desarrollarse. Una vez que las empresas encuentren otras formas de obtener los productos que una vez obtuvieron de EE.UU., es poco probable que regresen en el corto plazo, sin importar quién sea el próximo presidente electo.

Mire el mapa una vez más. Al final, no era solo Canadá el que no pudo abandonar el TLCAN; EE.UU. tampoco pudo.

Por Joe Nocera

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

Nota Original: This Map Shows Why Trump Couldn’t Kill Nafta: Joe Nocera

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