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The Economist: Aranceles de Donald Trump han unido a sus rivales en EE.UU. y en el extranjero

La publicación británica analiza los costos domésticos y diplomáticos de provocar peleas comerciales.

Guerra comercial

FOTO 3 | 23 de marzo: En represalia por los aranceles sobre el acero y el aluminio, Pekín reveló una lista de 128 productos estadounidenses que quiere gravar con impuestos aduaneros entre 15% y 25% en caso de que fracasen las negociaciones con Washington. Entre ellos, figuran fruta fresca, carne de cerdo y aluminio reciclado: los productos estadounidenses involucrados representaban US$ 3,000 millones el año pasado.

Los aranceles al acero y el aluminio funcionan como un impuesto, lo que lleva a puentes, oleoductos, automóviles y latas de cerveza más caros.

"¿Cómo voy a competir?", pregunta Sohel Sareshwala, quien dirige Accu-Swiss, una compañía californiana que fabrica componentes para la fabricación de semiconductores y automóviles. Los aranceles del presidente estadounidense Donald Trump al acero y el aluminio, que Sareshwala utiliza como insumos, están reduciendo sus márgenes de ganancias y retrasando sus pedidos. Mientras tanto, los competidores de Sareshwala en el exterior, libres de estas preocupaciones, pueden sacarle ventaja.

Sareshwala no está solo en su frustración. El 1 de junio, Trump extendió los aranceles a los países que suministraron el 81% de las importaciones estadounidenses de acero y el 96% de las importaciones de aluminio en el 2017, argumentando que esto era necesario para proteger la seguridad nacional. Además se vienen aplicando cuotas rigurosas a la mayoría del resto de importaciones. Sólo Australia se salvó, quizás debido a una amistad entre el presidente Trump y Greg Norman, un golfista australiano, que hizo lobby en nombre de su gobierno.

Los aranceles y cuotas de Trump han desatado un coro de desaprobación por parte de compradores estadounidenses de metal, los gobiernos de México, Canadá y la Unión Europea, y cualquier otra persona o entidad preocupada por la fortaleza del sistema en base a reglas del comercio mundial.

Muchos hombres de negocios, además de Sareshwala, están descubriendo que los insumos son costosos y escasos. Los aranceles, ya sea forzados o como amenazas, han atenuado la competencia extranjera y han elevado el precio del metal fabricado en Estados Unidos. El 5 de junio, el acero laminado en caliente costaba US$ 329 por tonelada más en Estados Unidos que en Europa occidental, según datos de S&P Global Platts, un proveedor de referencia de precios.
La brecha para el aluminio fue de US$ 290.

Los aranceles funcionan como un impuesto, lo que lleva a puentes, oleoductos, automóviles y latas de cerveza más caros. Las cuotas hacen que planear sea una pesadilla. Cuando se anunció los aranceles de Corea del Sur, algunas categorías ya se habían cubierto.

La inquietud entre los consumidores de productos afectados no es una sorpresa. Más sorprendente es la resistencia de aquellos a quienes los aranceles deberían ayudar. Si bien apoyaron los aranceles en un inicio, el gremio United Steelworkers los denunció cuando se dieron a conocer porque estos incluían a Canadá, cuyos trabajadores metalúrgicos también llegaron a ser miembros del sindicato.

La Aluminum Association, un organismo de la industria, también intervino. Su lideresa, Heidi Brock, calificó la decisión de Trump como un "desafortunado resultado". Brock esperaba que cualquier medida estaría enfocada a enfrentar los subsidios y exceso de capacidad de China. En cambio, debido a que el 97% de los trabajos de la industria estadounidense están en procesamiento de aluminio, y las cadenas de suministro van y vienen en América del Norte, los aranceles son un dolor de cabeza para sus miembros.

Se espera más sufrimiento. Los socios comerciales de Estados Unidos prometen represalias arancelarias que podrían afectar hasta US$ 43,000 millones de sus exportaciones. Han recogido productos que van desde motocicletas a carne de cerdo. Las represalias aumentan las preocupaciones de que Trump perjudicará y no ayudará la economía de Estados Unidos.

Joseph Francois, Laura Baughman y Daniel Anthony de Trade Partnership, una empresa de consultoría, dijeron que por cada empleo creado en la industria del acero y el aluminio en EE.UU. se perderán 16 en otros sectores.

Es probable que también se dañe la diplomacia comercial. Trump supuestamente todavía está tratando de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Canadá y México. El 5 de junio, Larry Kudlow, su asesor económico, insistió en que el presidente no planeaba retirarse del acuerdo. Pero las conversaciones están estancadas y los aranceles de Trump disminuyen el valor del pacto.

El TLCAN incluye condiciones especiales que sus miembros deben cumplir antes de atacarse unos a otros con aranceles; por eso, cuando el presidente George W. Bush impuso amplios aranceles al acero en el 2002, los socios estadounidenses del TLCAN no fueron tocados. Trump está haciendo todo lo posible para demostrar que mientras él está a cargo, esas condiciones valen poco.

Los ofendidos aliados de Estados Unidos muestran una unidad inusual. Colectivamente, su respuesta es más amplia que la más grande autorizada por la Organización Mundial del Comercio (OMC) desde su fundación en 1995. Pero su naturaleza es más notable que su tamaño.

Por lo general, los paneles de solución de controversias de la OMC escuchan argumentos legales y emiten una resolución antes de que los demandantes tomen represalias. Pero a pesar de que la UE y diversos países han presentado quejas formales, parece poco probable que estos esperen la bendición de la OMC para actuar esta vez.La disputa cae en un espacio legal indefinido. La administración Trump afirma que actúa en nombre de la seguridad nacional y que ningún juez de la OMC debería poder cuestionar la evaluación de un país a ese derecho.

Canadá, China, la UE, India, Japón, México y Turquía dicen que el argumento de seguridad nacional de Trump es falso. Estados Unidos está en cambio "salvaguardando" su industria. Según las reglas de la OMC, dicen, eso les da el derecho de tomar represalias. (Canadá y México pueden reclamar diferentes derechos de represalia en virtud del TLCAN). Todos estos reclamos pueden y serán disputados.

No es que Trump prestará mucha atención a un fallo adverso. Su administración de todos modos está estrangulando al organismo de solución de disputas de la OMC, al bloquear el nombramiento de nuevos jueces. Él prefiere el poder crudo a las reglas.

Las represalias, incluso si doblega las reglas, pueden recordarle a Trump los peligros de un sistema basado en el poder y una oposición unida, a pesar de que es una postura arriesgada para aquellos que creen que las reglas son primordiales.

"¿Es este el principio del fin del sistema de comercio internacional?", pregunta Luis de la Calle, un ex negociador comercial de México. "Yo digo que este es el comienzo de la defensa del sistema de comercio internacional".

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