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El secreto de un gran filántropo del mundo empresarial: fracasar

George Roberts, multimillonario cofundador de KKR & Co., concentra su filantropía en apoyar empresas que ofrezcan capacitación y empleos a quienes tengan problemas para conseguirlos, como exadictos y presos.

George Roberts

George Roberts

George Roberts, cofundador de KKR & Co. (Foto: Bloomberg)

George Roberts dona dinero tal como lo ganó: invirtiendo en buenas empresas.

El multimillonario cofundador de KKR & Co. concentra su filantropía en apoyar empresas que ofrezcan capacitación y empleos a quienes tengan problemas para conseguirlos, como exadictos y presos.

“Buena parte de las donaciones —y las apoyo plenamente, no estoy criticándolas— son de ricos a ricos”, dijo Roberts en entrevista la semana pasada desde la sede de KKR en Manhattan.

Harvard puede ir y recaudar US$ 9,500 millones. Probablemente podría juntar más. Es una apuesta segura. La gente fue a la universidad ahí. A la gente le encanta porque hizo algo por ella. Nosotros queríamos hacer algo diferente. Si existe un verdadero norte en la vida de alguien, es la capacidad de conseguir empleo”.

Esto explica la filosofía en que se basa el Roberts Enterprise Development Fund. La fundación con sede en San Francisco apoya a empresas que generan ingresos con una misión social clara. Roberts fundó la organización con su fallecida esposa hace unas dos décadas y desde entonces ayudó a 27,000 personas a conseguir empleo.

En los últimos dos años, el REDF creó 18,000 puestos de trabajo y las empresas que apoyó generaron US$ 180 millones en ingresos. El dinero se reinvirtió en la capacitación de personas para la fuerza de trabajo.

Asumir riesgos
La fortuna de Roberts, de 74 años, se estima en US$ 6,000 millones, según el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, y proviene casi exclusivamente de las ganancias que genera KKR, la empresa que cofundó con su primo Henry Kravis y su exsocio Jerome Kohlberg en 1976.

La compañía participó en algunas de las transacciones más grandes de la historia del capital privado. Pero en lo que atañe a la filantropía, no tuvo tanto éxito con su actitud de asumir riesgos, dijo Roberts.

“Las primeras cosas que hicimos fracasaron”, dijo. Una era una iniciativa para ayudar a mujeres sin techo con hijos a conseguir empleo en San Francisco.

Roberts terminó volviendo a lo que funcionó en KKR: invertir en empresas con capital y experiencia operativa para ayudarlas a crecer. Estos últimos años, el REDF, dirigido por Carla Javits, pasó a actuar en todo EE.UU. y hoy cuenta con unas 21 empresas en su cartera.

Impacto
En Chicago, la fundación financió a Bright Endeavors, una empresa que ayuda a madres en dificultades. La compañía fabrica velas que se alquilan para eventos como bodas y se venden en tiendas como Whole Foods y CB2.

Cuando el REDF comenzó a invertir ahí, el negocio generaba US$ 160,000 por año. La fundación la ayudó a ajustar los precios y optimizar su presencia online y le presentó más compradores. Un año y medio después se cuadruplicaron los ingresos, según Javits.

Cerca del 60% de los que salen de esos emprendimientos sociales retienen sus empleos 18 meses después, muestran los datos. Cuando ingresa a la fuerza de trabajo, la gente puede ganar unos US$ 8 por hora y hasta US$ 45. Además de los ingresos más altos, esos empleados dependen menos de los programas del Gobierno y pagan impuestos.

“Estamos marginando a muchos talentos”, dijo Javits, y agregó que el objetivo del REDF es ayudar a 50,000 personas a conseguir trabajo para el 2020. “Tenemos a millones de personas languideciendo al margen de la fuerza de trabajo”.

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