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Para un mayor crecimiento fomente la diversidad

Desde el 2014, menos de la mitad de los niños nacidos en EE.UU. proviene de dos padres blancos no hispanos. En algunos estados, como Texas, ya son una minoría mayoritaria.

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El cambio demográfico representa un gran desafío para EE.UU. (Foto: Bloomberg)

Durante las últimas cuatro décadas, Estados Unidos ha logrado una enorme diversidad racial y étnica. La proporción de personas blancas no hispanas que residen en el país ahora es solo del 62%, mientras que los hispanos y asiáticos juntos representan el 22.5%.

Desde el 2014, menos de la mitad de los niños nacidos en EE.UU. proviene de dos padres blancos no hispanos. En algunos estados, como Texas, ya son una minoría mayoritaria.

Este rápido cambio demográfico, que se debe tanto a la inmigración como a las altas tasas de fertilidad entre los estadounidenses de ascendencia hispana, ha provocado inquietud e incluso temor entre algunos, y probablemente contribuyó a la elección del presidente Donald Trump.

Esta mayor ansiedad ocurre pese a que la inmigración desde América Latina está disminuyendo y las tasas de fertilidad hispanas han caído. Mientras tanto, alrededor del 39% de los recién casados ​​hispanos nacidos en EE.UU. y el 46% de los recién casados ​​asiáticos nacidos en EE.UU. se casan con personas de otras razas (en su mayoría blancos), cifra que probablemente aumentará aún más en los próximos años.

Algunos de los hijos y nietos de esas uniones probablemente se identificarán como blancos. Entonces, el descenso demográfico de los blancos estadounidenses es probablemente exagerado.

Pero, exagerado o no, el cambio demográfico representa un gran desafío para EE.UU., que ya arrastra una historia de conflictivas relaciones entre blancos y personas de color como resultado de la esclavitud y la segregación. Las malas relaciones raciales no solo pueden conducir a violencia y discriminación, sino que también pueden crear políticas disfuncionales y conducir a un bajo desempeño económico.

La evidencia de las naciones en desarrollo muestra que las divisiones étnicas, a menudo creadas como resultado de fronteras coloniales arbitrarias, tienden a socavar el suministro de bienes públicos, haciendo que un país tenga mayor propensión a la pobreza.

Sin embargo, esa correlación no es una ley de la naturaleza. Y hasta ahora, EE.UU. ha logrado superar los desafíos planteados por el aumento de la diversidad. Las ciudades con diversidad tienden a gastar tanto o más que las ciudades con menor diversidad, probablemente como resultado de un desarrollo exitoso de coaliciones interétnicas.

Los estados con mayor diversidad del país, como Texas y California, y ciudades con diversidad como Houston, Los Ángeles y San Diego tienden a ser casos de éxito económico (además de tener tasas relativamente bajas de delitos violentos).

Tal vez debido a su economía liberalizada, su relativa tolerancia y su historia como país de inmigrantes, EE.UU. ha hecho un mejor trabajo que la mayoría de los demás países en relación a forjar una sociedad diversa funcional, adinerada y pacífica. Esta actitud de complacencia única hacia la diversidad es visible en las encuestas:

Aún así, como lo han demostrado la elección de Trump y las consiguientes tensiones raciales, crear unidad a partir de la diversidad es una constante batalla cuesta arriba.

En un experimento del 2012, el politólogo Ryan Enos envió a un grupo de hispanoparlantes a pararse en una estación de tren en Boston, y descubrió que los bostonianos blancos que los escuchaban hablar tendían a expresar opiniones más negativas sobre la inmigración.

Más tarde, Enos escribió un libro titulado "El espacio entre nosotros: geografía social y política", sobre cómo una gran minoría étnica que vive cerca puede avivar las tensiones raciales, especialmente en presencia de la segregación.Entonces, para enfrentar el desafío de la diversidad, es de crucial importancia romper las barreras geográficas entre los grupos raciales.

Afortunadamente, la investigación ofrece un rayo de esperanza de que esto se puede lograr. La teoría de que el contacto prolongado mejora las actitudes hacia otros grupos raciales es respaldada por una gran cantidad de estudios de investigación.

Parece que la famosa frase de la novela "Matar a un ruiseñor" –" La mayoría de las personas lo son [buenas], cuando finalmente logras verlas"–, describe una fuerza real y poderosa que puede cambiar los comportamientos de los seres humanos hacia otros grupos étnicos, religiosos o raciales. Por lo tanto, los esfuerzos de integración deberían centrarse en producir interacciones positivas a largo plazo y repetidas entre grupos raciales.

Pero, ¿cómo se puede hacer esto? En cualquier economía remotamente libre, las personas, especialmente las más ricas, podrán elegir dónde viven. Eso hace que sea difícil evitar la segregación voluntaria, incluso si las personas tienen solo una leve preferencia por vivir cerca de personas de su misma etnia, puede llevar a una homogeneización sustancial por vecindario con el tiempo.

Dar a los pobres bonos para vivienda y ejecutar estrictamente leyes de vivienda y préstamos antidiscriminatorios puede ayudar, pero no puede superar el problema por completo. Mientras tanto, la integración en las escuelas públicas a través de transporte en autobús resultó ser políticamente difícil en la mayor parte del país.

Se requieren enfoques más creativos. Uno de estos es el denso desarrollo urbano. A pesar de que las preferencias raciales de vivienda tienden a dividir a los grupos, la necesidad de vivir y trabajar en un espacio compartido los obliga a estar cerca.

Las investigaciones muestran que, desde 1990, los estadounidenses blancos se han mudado, en promedio, a barrios con mayor diversidad racial y se han quedado allí. El renacimiento urbano del país es, sin duda, una parte de esto. Por lo tanto, mantener ese renacimiento urbano en marcha, al permitir más desarrollo de viviendas y construir más transporte público en ciudades con más diversidad, es clave.

La integración en las escuelas es otro desafío. Ofrecer exenciones tributarias o incentivos financieros a escuelas públicas o privadas con cuerpos estudiantiles con diversidad podría ayudar a que más niños crezcan cerca de estadounidenses de otras razas.

Una tercera fuerza de integración es el ejército de EE.UU. Prestar servicio juntos es probablemente una forma poderosa de crear actitudes positivas duraderas hacia otras razas. Expandir el ejército de EE.UU. e implementar un programa de servicio nacional ayudaría a los estadounidenses a darse cuenta de que todos están en el mismo equipo.

Finalmente, la universidad puede ser una herramienta potente para fomentar el contacto interracial positivo a largo plazo. Ampliar las universidades públicas, mantener los cuerpos estudiantiles con alto nivel de diversidad, utilizar las asignaciones de compañeros de piso para fomentar el contacto interracial y prohibir o desalentar enérgicamente las fiestas racialmente exclusivas serían medidas clave para hacer de la educación superior una fuerza unificadora más poderosa.

La diversidad puede crear grandes desafíos, pero también ofrece grandes oportunidades: la promesa de una nación más grande y más fuerte que sea más rica tanto en dólares como en ideas culturales. EE.UU., a pesar de sus fallas históricas, está en una posición casi única para aprovechar los beneficios de la diversidad y superar las dificultades.

Por Noah Smith

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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