Módulos Temas Día

ee.uu.

Donald Trump está librando la guerra comercial equivocada

Donald Trump ha hecho dos cosas muy imprudentes: imponer aranceles a los bienes intermedios y dirigir la guerra comercial a los aliados de Estados Unidos.

El mandatario de Estados Unidos, Donald Trump. (Foto: AP)

El mandatario de Estados Unidos, Donald Trump. (Foto: AP)

El mandatario de Estados Unidos, Donald Trump. (Foto: AP)

Hay dos tipos de guerras comerciales: las peligrosas y las tontas. La primera es el tipo de guerra que corre el riesgo de perjudicar la economía, pero tiene la posibilidad de obtener valiosas concesiones de parte de los socios comerciales para finalmente aumentar las ganancias del comercio. La segunda es del tipo que perjudica al país, incluso si tiene éxito.

Desafortunadamente hasta ahora, gran parte de la guerra comercial del presidente Donald Trump ha sido del segundo tipo. Él ha hecho dos cosas muy imprudentes: imponer aranceles a los bienes intermedios y dirigir la guerra comercial a los aliados de Estados Unidos.

Los bienes intermedios son materiales y piezas que los fabricantes compran para producir cosas, como, por ejemplo, el acero y el aluminio se utilizan para fabricar automóviles, electrodomésticos, maquinaria, edificios y muchas otras cosas.

Los aranceles sobre el acero y el aluminio impulsan a los productores nacionales de esos metales, pero al mismo tiempo perjudican a otros fabricantes nacionales al elevar los precios que tienen que pagar.

Como era de esperar, los aranceles de Trump han hecho la vida más difícil para los fabricantes estadounidenses, aumentando los precios de los metales y ayudando a elevar los costos de fabricación.

Como resultado, algunos fabricantes estadounidenses deberán cesar sus actividades debido a los gravámenes, mientras que otros se verán forzados, irónicamente, a redirigir la producción hacia el extranjero, como el fabricante de motocicletas Harley-Davidson Inc. dijo recientemente que haría.

El otro gran error de Trump ha sido atacar a los aliados de Estados Unidos. Afortunadamente, Trump parece estar tratando de llegar a un acuerdo comercial con Europa y evitar un enfrentamiento, pero los aranceles y las amenazas contra Canadá, Japón, México y otros, continúan.

Los países ricos como Canadá y Japón no le quitan empleos a Estados Unidos ni fuerzan una reducción en los salarios de Estados Unidos a través del comercio, porque sus costos laborales también son altos.

El comercio con los países ricos fortalece la economía estadounidense, en parte porque aumenta la variedad de productos disponibles para los consumidores, y en parte porque las empresas de esos países emplean trabajadores en Estados Unidos.

También son mercados importantes para los productos estadounidenses. Además, si las economías de los principales aliados estadounidenses se ven afectadas, eso debilita la posición global de Estados Unidos.

Entonces, si Trump es inteligente, cambiará de rumbo, eliminará todos los aranceles sobre los bienes intermedios, eliminará todos los aranceles contra las naciones aliadas y enfocará su esfuerzo hacia el problema real: China.

China es la única amenaza comercial real a la que se enfrentan Estados Unidos; es cualitativamente diferente a cualquier otra amenaza. Antes de que China ingresara a la Organización Mundial del Comercio (OMC) y emergiera como una importante potencia comercial en la década del 2000, la mayoría de los trabajadores estadounidenses que eran desplazados por la competencia extranjera lograban obtener otros trabajos similares.

Pero el choque de China, como lo denominan los economistas, llevó a un gran número de trabajadores estadounidenses a ocupaciones de menor remuneración o a las listas de asistencia social.

China era tan grande, y competía en tantas industrias al mismo tiempo, y sus fábricas tenían costos de mano de obra, energía, protección del medio ambiente y financiamiento tan bajos, que la economía de Estados Unidos simplemente no pudo adaptarse a tiempo.

El asalto de China, con la ayuda de una moneda debilitada intencionalmente, es probablemente una razón por la cual el empleo manufacturero total de Estados Unidos, que se había mantenido estable durante las décadas anteriores, incluso frente a la competencia con Europa y Japón, se desplomó en la década del 2000.

Y la producción manufacturera de Estados Unidos, que había estado aumentado sostenidamente, de repente se estabilizó:

Estados Unidos no fue el único país que sufrió el golpe. La mayoría de los países de Europa y Asia oriental vieron cómo su participación en la producción manufacturera mundial se reducía aún más. Los mismos aliados que Trump está atacando ahora también fueron víctimas del rápido ascenso de China a la supremacía manufacturera.

Desafortunadamente, Estados Unidos ha perdido la oportunidad de hacer que China juegue limpio en la industria manufacturera. Los salarios y los costos de energía de China han aumentado; su moneda ya no está tan subvalorada como antes. Incluso si Estados Unidos lograra volver a reactivar la manufactura, ahora es probable que lo hagan robots en lugar de manos humanas.

Pero todavía hay otras formas en que el gobierno chino distorsiona el comercio. Roba grandes cantidades de propiedad intelectual a empresas estadounidenses e inclina el campo de juego en contra de Estados Unidos y otras empresas extranjeras en el mercado chino.

Una campaña concertada de los países ricos podría obligar a China a respetar los derechos de propiedad intelectual y permitir un mayor acceso extranjero a sus mercados, haciendo que el comercio mundial sea más libre y más justo. De hecho, otros países ricos como Japón ya han estado presionando en esta dirección.

A su favor, Trump ahora ha comenzado a enfocar el ataque en China, amenazando con imponer aranceles a todos los productos chinos. También se está enfocando en el tema de la propiedad intelectual, lo cual es bueno.

Por supuesto, un enfoque tan agresivo aún está cargado de peligros: la represalia china podría afectar profundamente a la agricultura estadounidense y el gobierno autoritario de China podría estar mejor equipado para soportar el dolor de una guerra comercial.

Pero al menos Trump ahora está apuntando sus armas más o menos en la dirección correcta. Ahora necesita comenzar a pelear de manera más inteligente. Los aranceles sobre los productos chinos no deberían incluir productos intermedios que las empresas estadounidenses usan para fabricar sus productos; solo deberían aplicarse sobre bienes de consumo como teléfonos, computadoras portátiles, automóviles, lavadoras y refrigeradores. Además, Trump debería hacer una causa común con los aliados ricos de Europa y Asia oriental, eliminando todos sus aranceles contra ellos y alistándolos en un frente unido para obligar a China a jugar limpio.

Las guerras comerciales nunca son fáciles de ganar. Enfrentar a China será una misión plagada de riesgos, pero si Trump lo va a hacer, bien podría hacerlo de formas que no perjudique a su propio país.

(*) Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

Tags Relacionados:

Donald Trump

EE.UU.

Leer comentarios ( )

Ir a portada