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Un año después, el TLCAN sigue vivo pese a la ira de Donald Trump

Cuando los negociadores de Estados Unidos, Canadá y México se reunieron en un hotel en Washington hace un año, la sobrevivencia del TLCAN difícilmente se daba por hecha.

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Canadá y México se mantienen firmes en sus temas más sensibles del TLCAN.

El presidente Donald Trump no ha ocultado el hecho de que quería que desapareciera el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Un año de negociaciones intermitentes sin una visión clara de un final ha demostrado el poder de permanencia del pacto.

Cuando los negociadores de Estados Unidos, Canadá y México se reunieron en un hotel en Washington hace un año, la sobrevivencia del TLCAN difícilmente se daba por hecha. Su tarea era comenzar a negociar una actualización rápida del pacto de 24 años, que rige US$ 1.2 billones en comercio.

Trump no dejaba de insistir en su amenaza de retirarse del acuerdo. Aun así, al inicio de la primera ronda de conversaciones, los líderes empresariales tenían la esperanza de que EE.UU. lucharía por una modesta modernización que llevaría el acuerdo al siglo 21 en cuestiones como el comercio digital y la propiedad intelectual.

El secretario de Comercio, Wilbur Ross, dijo que EE.UU. quería tener un acuerdo en enero, lo que sugería que la administración podría conformarse con un rápido retoque. Eso probablemente habría satisfecho a México y Canadá, los cuales apoyaban la idea de un continente libre de aranceles.

Pero cuando el Representante de Comercio de EE.UU., Robert Lighthizer, entró a escena el primer día de negociaciones, quedó claro que no estaba interesado en un "simple ajuste". El experimentado abogado de comercio del norte de Ohio proclamó que el TLCAN había fracasado para "innumerables" estadounidenses con la pérdida de empleos en el sector de manufactura. EE.UU. buscaría una gran cantidad de cambios importantes, donde destacaba una reducción en el déficit comercial de EE.UU.

En cuestión de semanas, Lighthizer dio a conocer una serie de demandas diseñadas para "reequilibrar" el comercio en el continente, incluido un aumento en el contenido regional en los automóviles y una "cláusula de caducidad" que haría expirar el acuerdo cada cinco años salvo que los países acordaran extenderlo. México y Canadá rápidamente rechazaron las ideas y algunos comentaristas sugirieron que eran "píldoras venenosas" destinadas a matar las conversaciones.

Pero 12 meses después de que Lighthizer notificara a sus contrapartes, las conversaciones continúan. EE.UU. y México intentan lograr un avance en el contenido automotriz, con la esperanza de que eso pueda allanar el camino para lograr un acuerdo antes de que el nuevo presidente de México asuma el cargo el 1 de diciembre. Sin embargo, la pesadilla de las empresas –el retiro de EE.UU.- no ha ocurrido.

"La lección es que siempre es más complicado y toma más tiempo de lo que piensas", dijo William Reinsch, asesor del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, quien se desempeñó como alto funcionario comercial durante la administración de Clinton. "No se puede simplemente por decreto ordenar de repente que vamos a volver a 1955 y todo se fabricará aquí".

Campaña arancelaria
Trump en la práctica aún puede tomar ese camino. Impuso aranceles al acero y el aluminio, y amenaza con hacer lo mismo con los automóviles y los componentes automotrices importados, medida que podría trastocar las cadenas de suministro norteamericanas de compañías desde General Motors hasta Toyota.

Canadá y México se mantienen firmes en sus temas más sensibles. México rechaza la idea de una cláusula de caducidad. Canadá quiere mantener los sistemas de resolución de controversias en el acuerdo, y no quiere ceder a las demandas de EE.UU. de desmantelar su sector lácteo.

El Congreso también ha causado dolores de cabeza a la administración. Las próximas elecciones de mitad de período se realizarán en noviembre, y los legisladores del propio Partido Republicano de Trump han advertido que un giro proteccionista perjudicaría a las empresas y los consumidores, incluso en los estados que fueron clave para su victoria de 2016. En una carta en mayo, un grupo de senadores que incluían a John Cornyn, de Texas, el segundo republicano de mayor rango en la cámara alta, advirtió a Trump que no adoptara una postura de "tómalo o déjalo" con los legisladores.

Poco margen
Parece que las tres partes estuvieron cerca de alcanzar un acuerdo en mayo. El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, dijo que los países se acercaban a un "momento final de negociación", cuando EE.UU. canceló una reunión con Trump después de que Canadá se negó a aceptar una cláusula de caducidad.

Se está generando un nuevo impulso gracias a las conversaciones entre EE.UU. y México. El presidente electo Andrés Manuel López Obrador ha señalado que preferiría que el actual gobierno mexicano firme el tratado antes de asumir el cargo en diciembre.

"Estoy ligeramente sorprendido de que todavía estén hablando un año después", dijo Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas, grupo que representa a empresas estadounidenses. "Muestra la importancia de TLCAN y la relación de EE.UU. con México, y eso es fundamental".

Incluso si los tres países llegan a un acuerdo este año, no hay garantía de que los legisladores estadounidenses lo aprueben. Casi con certeza es demasiado tarde para impulsar un acuerdo en el Congreso, y los demócratas tienen la oportunidad de recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes en noviembre, lo que significa que Trump tendría que llegar a un acuerdo con miembros de la parte contraria.

Luego está la amenaza de la retirada, que probablemente será inminente mientras Trump sea presidente y el déficit comercial de EE.UU. continúe creciendo. La brecha comercial de bienes con México fue de US$ 71,000 millones el año pasado.

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