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Economía británica necesita cambio más allá del Brexit

En lugar de simplemente cerrar ciertos sectores del gobierno, la incapacidad de llegar a un acuerdo sobre el Brexit podría resultar en un enorme caos económico y judicial.

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El Brexit básicamente garantiza que Gran Bretaña pierda una pieza importante de su industria dominante: la financiera. (Foto: Bloomberg)

"Estoy disfrutando mucho el final de temporada del Reino Unido", bromeó el ingeniero de software irlandés Damian Sullivan en Twitter. Puede que su chiste no esté tan alejado de la realidad. Las negociaciones del Brexit se parecen más y más al tipo de política arriesgada que ha experimentado Estados Unidos en los últimos años.

No obstante, en Gran Bretaña hay mucho más en juego. En lugar de simplemente cerrar ciertos sectores del gobierno, la incapacidad de llegar a un acuerdo sobre el Brexit podría resultar en un enorme caos económico y judicial. Eso a su vez podría motivar a Escocia a abandonar el Reino Unido, con lo cual el Brexit efectivamente sería el último capítulo de la Unión.

Al mismo tiempo, el Brexit básicamente garantiza que Gran Bretaña pierda una pieza importante de su industria dominante: la financiera, buena parte de la cual contempla reubicarse a otras ciudades europeas como Fráncfort:

A la larga probablemente esto sea bueno para el Reino Unido, ya que se había vuelto muy dependiente del sector financiero, aunque está destinado a causar disrupción económica. Los británicos dependen mucho de las exportaciones, las cuales representan casi un tercio de su producto interno bruto:

Compare esto con Japón, famoso por su potencia exportadora, pero cuyas ventas al extranjero dan cuenta de menos de la mitad del porcentaje británico del PBI.

Está claro que una vez ocurra el Brexit el Reino Unido tendrá que venderle al mundo algo más que servicios financieros. Las alternativas de mayor valor son el software, las energías limpias, la manufactura de alta tecnología, la biotecnología y tal.

Estas industrias probablemente se desarrollarán de manera natural hasta cierto punto, pero la urgencia del Brexit significa que el gobierno británico debe pensar en darles un envión. En otras palabras, el Reino Unido debe adoptar lo que detesta hace tiempo, una política industrial.

Afortunadamente, aquello está en marcha. El gobierno de Theresa May, con todos sus defectos, ha estado muy activo en esta materia. A fines del 2017, May publicó un documento que describe una serie de iniciativas audaces orientadas a resucitar la potencia industrial británica.

Las ideas son en su mayoría buenas. Además de invertir en infraestructura y educación, una iniciativa central debiera ser el aumento de los fondos para investigación. Ahora mismo el Reino Unido invierte un porcentaje mucho menor de su producción económica en esta área respecto a sus pares:

El plan de May incrementaría esto al 2.4% del PBI de aquí al 2027, lo que mantendría a Gran Bretaña en la parte inferior pero no tan rezagado. Además de créditos fiscales, préstamos para actividades empresariales innovadoras y mejoras en infraestructura, el gobierno contempla subsidiar directamente la investigación mediante un fondo de 725 millones de libras (casi US$ 1,000 millones). Este vehículo invertiría en una serie de áreas tecnológicas que el gobierno considere prometedoras o importantes, como baterías de última generación, medicina de precisión y muchas otras.

De manera importante, el gobierno prevé colaborar con universidades para llevar a cabo buena parte de esta innovación. Las asociaciones entre universidades y privados han demostrado ser muy efectivas en EE.UU., estableciendo iniciativas como financiamiento del gobierno a laboratorios académicos, comercialización empresarial y startups.

Asimismo, las universidades suelen dar un impulso a las economías regionales rezagadas al concentrar el capital humano en un área y atraer inversión privada. Años de desarrollo centrado en el mundo financiero han dejado al Reino Unido con una economía desbalanceada en términos geográficos, con lo cual Londres prospera mientras otras regiones flaquean.

La investigación en universidades ajenas a la capital ayudará a revertir esta tendencia.Este enfoque es la culminación de muchos años de esfuerzos de líderes de pensamiento británicos para convencer al gobierno de adoptar una política industrial orientada en la investigación. Entre los líderes de pensamiento destacó Mariana Mazzucato, economista estadounidense nacida en Italia que actualmente es profesora en el University College de Londres.

En su libro "El Estado emprendedor: mitos del sector público frente al privado", Mazzucato destacó el papel clave que jugó la investigación respaldada por con fondos públicos en la creación de tecnologías importantes como la internet, que más adelante creó enorme riqueza privada.

Los esfuerzos incansables de Mazzucato para promover una estrategia industrial centrada en torno al respaldo de los gobiernos para investigación y comercialización obviamente encontraron una recepción amistosa por parte del gobierno de May y el opositor Partido Laborista.Sin embargo la estrategia de la primera ministra, si bien es un gran paso en la dirección indicada, tiene margen de mejora en un área: la inmigración.

El Reino Unido es un país pequeño, con solo 66 millones de habitantes. Incluso con una educación modernizada significativamente, no hay forma de que Gran Bretaña capacite a suficientes científicos, ingenieros, técnicos y otros trabajadores calificados para satisfacer las necesidades de un polo tecnológico internacional.

Deberá permitir el ingreso de más mentes brillantes del resto del mundo. Actualmente el país tiene un límite de 20.700 visas para trabajos calificados, una cifra pequeña y absolutamente insuficiente.El problema solo se agravará con el Brexit, ya que a los migrantes de la Unión Europea ya no se les otorgará un ingreso fácil.

A la misma Mazzucato, que ha vivido en el Reino Unido durante dos décadas, se le negó hace poco la residencia permanente. Este giro irónico es solo un indicador de los problemas de un sistema migratorio manchado por una ola de xenofobia tras el referendo de 2016 sobre el Brexit.

El gobierno de May prometió aumentar la inmigración de trabajadores calificados y eliminar el límite de visas, pero sus propuestas están llenas de medidas restrictivas y se enfocan de manera abrumadora en las visas temporales de trabajo, lo que refleja el ánimo aislacionista del país.

En lugar de tratar de captar trabajadores invitados talentosos, el Reino Unido debería implementar un programa para que esos talentos ingresen de manera permanente. Ese tipo de sistema ha sido un gran éxito en Canadá, otrora colonia británica.

El Reino Unido es una pequeña isla, pero a raíz de las tasas de fertilidad que están por debajo del nivel necesario para el reemplazo de la población a largo plazo, habrá espacio para la entrada de más personas.

Gran Bretaña avanza en la dirección correcta con su nueva estrategia industrial, pero para convertirse realmente en una potencia de la investigación y la tecnología necesitará más talento, buena parte proveniente de otras naciones.

Por Noah Smith

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

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