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El déficit en el comercio internacional de bienes y servicios de Estados Unidos creció 5% en enero del 2018 y quedó en un saldo total de US$ 56,600 millones, lo que marca su punto más alto en casi diez años, informó el Departamento de Comercio.

En el primer mes del año, las exportaciones bajaron 1.3% hasta US$ 200,900 millones, mientras que las importaciones se quedaron en un nivel similar al mes precedente, en US$ 275,000 millones.

El mayor aumento en las importaciones de petróleo en tres años se vio contrarrestado por disminuciones en los datos de importación de teléfonos celulares, chips de ordenadores y otros bienes relacionados con el consumidor, según el informe.

Ese tipo de importaciones generalmente caen después de la temporada de compras navideñas.

El saldo comercial negativo fue ligeramente superior a lo esperado por los analistas, que anticipaban un déficit de alrededor de US$ 55,200 millones tras la cifra de diciembre, revisada al alza y que quedó en US$ 53,900 millones.

El continuo crecimiento del déficit comercial en el país estadounidense, uno de los mayores temores del presidente Donald Trump, sugiere que su política económica proteccionista basada en "Estados Unidos primero" no está teniendo el efecto esperado en el balance comercial.

Los economistas subrayan, sin embargo, que este desequilibrio refleja el buen comportamiento de la economía estadounidense, con una sólida tasa de crecimiento, ya que en tiempos de prosperidad los consumidores tienden a aumentar las compras de productos extranjeros.

Por su parte, el déficit con China y México, dos de los países más señalados por el magnate neoyorquino como beneficiarios de una "desastrosa" política comercial, según Trump, también creció.

En concreto, el déficit con el gigante asiático aumentó 16.7% hasta US$ 35,500 millones, el punto más alto desde setiembre del 2015.

Además, el registrado con México ascendió hasta US$ 5,600 millones en el primer mes del año.

El Gobierno cerró sin grandes avances esta semana la sétima ronda de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en vigor desde 1994, con México y Canadá, y en su primer día en el cargo Trump retiró al país del Tratado Transpacífico (TPP), en el que participaba junto otras once naciones de la cuenca del Pacífico.

Por otro lado, las importaciones y exportaciones de acero de Estados Unidos, el epicentro de una nueva disputa comercial entre la Casa Blanca y el resto del mundo, quedaron prácticamente invariables.

Estas cifras llegan después de que el mandatario anunciara la semana pasada que impondrá fuertes aranceles de carácter general a las importaciones de acero y aluminio para proteger a los productores domésticos, aunque en los últimos días abrió la puerta a exenciones a México y Canadá en caso de que se firme el nuevo TLCAN.

Consejero económico
Una de las primeras reacciones a esta medida fue la dimisión de Gary Cohn, el principal consejero económico de Trump y ahora expresidente del Consejo Económico Nacional (NEC, en sus siglas en inglés).

Cohn se había posicionado fuertemente contra la decisión del presidente de imponer severas tarifas a la importación de acero y aluminio, lo que ha desatado temores ante una posible guerra comercial.

"Cada vez que hay un gran cambio, un cambio inesperado, tienes que esperar algún tipo de reacción negativa; veremos cómo puede salir a largo plazo", señaló hoy el secretario de Comercio, Wilbur Ross, en una entrevista con la cadena televisiva CNBC.

Además, Ross abrió la puerta a exenciones a otros países en estos aranceles anunciados por Trump al asegurar que "no es inconcebible" que otras naciones queden exentos de esos gravámenes si alcanzan acuerdos con Estados Unidos.