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Crisis monetaria depone a otro autócrata, Omar al-Bashir

Al-Bashir, derrocado el jueves por los militares para terminar con más de 30 años de gobierno, enfrentó meses de protestas contra la mala gestión económica, la represión y la corrupción del gobierno.

Omar al-Bashir

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Para los líderes autocráticos que buscan lecciones del derrocamiento del presidente sudanés Omar al-Bashir, evitar una crisis monetaria puede ser la clave para sobrevivir.

Es el mismo problema que sufrieron gobernantes de larga data, desde Angola hasta Zimbabwe, y aún se le puede reclamar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Al-Bashir, derrocado el jueves por los militares para terminar con más de 30 años de gobierno, enfrentó meses de protestas contra la mala gestión económica, la represión y la corrupción del gobierno. Una de las causas fundamentales de la caída del político de 75 años fue su incapacidad para manejar la escasez de divisas que hizo que la inflación subiera y golpeara los estándares de vida.

Los problemas de Sudán se remontan a la secesión de Sudán del Sur en 2011, que hizo que perdiera casi todos sus campos de petróleo y el 60% de los ingresos fiscales, según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés). Sin embargo, la decisión del gobierno de incrementar el gasto al vincular su moneda solo exacerbó la situación.

"Con la pérdida de los ingresos del petróleo, el gobierno monetizó el déficit, causando que la inflación se disparara y las reservas disminuyeran a medida que el banco central mantuvo una tasa de cambio sobrevaluada", dijeron Jonah Rosenthal y Garbis Iradian, economistas del IIF, con sede en Washington, en una nota el jueves.

El banco central devaluó la libra sudanesa casi al 40% a 47.5 por dólar en octubre. Pero era demasiado poco, demasiado tarde. La tasa del mercado negro de la moneda volvió a caer y ahora se sitúa en alrededor de 75 frente al dólar. La inflación es casi del 120%, según Steve H. Hanke, catedrático de economía aplicada en la Universidad Johns Hopkins en Baltimore.

Al-Bashir está lejos de ser el único hombre fuerte derrocado en los últimos años debido a una crisis de la balanza de pagos. Robert Mugabe fue expulsado por el ejército de Zimbabwe en el 2017 cuando una contracción del dólar causó estragos en la nación del sur de África, mientras que el partido gobernante en Angola presionó al presidente José Eduardo dos Santos a renunciar antes de lo presupuestado en el mismo año.

De manera contundente, una de las primeras cosas que hizo su sucesor, João Lourenço, fue devaluar el kwanza para intentar acabar con una grave escasez de divisas.

Y Abdelaziz Bouteflika de Argelia, quien fue forzado a renunciar a su mandato este mes, se enfrentó a sus propios problemas de divisas. El desplome de los precios del petróleo y el gas en el 2014 afectó las ganancias en dólares de la nación árabe.

Si bien evitó los problemas económicos que se observan en Sudán, gastó más de US$ 100,000 millones en reservas para apoyar el dinar argelino y evitar medidas estrictas, como la devaluación o recurrir al Fondo Monetario Internacional para solicitar un rescate.

En Venezuela, donde la inflación supera el 1 millón por ciento, provocó que el bolívar prácticamente carezca de valor, Maduro ha logrado mantenerse gracias al continuo apoyo de las fuerzas militares y potencias externas, como Rusia. Pero si Sudán y Zimbabwe son una guía, Maduro también necesitará resolver el caos de la moneda.

Daniel Osorio, presidente de Andean Capital Advisors, con sede en Nueva York, compañía que asesora a los administradores de fondos en América Latina, dijo el jueves en una conferencia de deuda en Washington que "nadie sobrevive a la hiperinflación. Tarde o temprano te empuja".

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