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El Brexit no le quita el sueño a la música británica

El mercado discográfico británico sigue siendo uno de los cinco más potentes del mundo, por detrás de Estados Unidos y Japón y en liza con Alemania.

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(Foto: carlease)

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La ominosa "palabra que empieza por B", como se citó el Brexit este jueves en el Mercado Internacional del Disco y de la Edición Musical (Midem), es más una jaqueca de trasfondo político para el partido de Theresa May que para la industria que centra esta feria mundial.

"La música es capaz de atravesar cualquier barrera, lo hizo en Rusia, lo hizo en China. El Reino Unido no está en Schengen ni en el euro, así que estamos hechos para pasar los controles de las fronteras allá donde vamos. Incluso las normas fiscales son distintas, por lo que no sabría decir cuáles serán las diferencias", asevera el histórico promotor británico Harvey Goldsmith.

Esa es la conclusión a la que llegan los numerosos expertos consultados en hasta tres debates diferentes sobre el presente y el futuro de esta "pequeña isla" que constituye uno de los principales mercados globales de la música, una vez salga de la Unión Europea.

La situación actual en el Reino Unido no podría ser mejor y los expertos dudan de que el Brexit vaya a perjudicar esa curva ascendente que el país emprendió hace años empujado, como el resto de los mercados musicales, por el auge del "streaming".

"Somos muy optimistas. Los artistas que más discos vendieron en el mundo en tres de los últimos seis años eran británicos", destaca Ian Moss, responsable de Relaciones Públicas de BPI, que engloba al 85% de las empresas del sector discográfico en Reino Unido.

En concreto, el 2017 fue dominado por Ed Sheeran con su álbum "Divide", el 2016 y 2015 por Adele con "25", pero la lista se remonta más atrás: la propia Adele ya se coronó reina del 2012 y 2011 con su anterior trabajo, "21", Susan Boyle lo hizo en el 2009 con su debut y Coldplay en el 2008 con "Viva la vida".

El mercado discográfico británico sigue siendo uno de los cinco más potentes del mundo, por detrás de Estados Unidos y Japón y en liza con Alemania, gracias a los 865.5 millones de libras (US$ 1,098 millones) generados en el 2018, cuatro veces el volumen de España (US$ 267 millones).

Reino Unido no es solo una potencia exportadora de talento creativo, también ejecutivo, como demuestra el hecho de que dos de los tres máximos responsables de las tres grandes multinacionales discográficas son británicos: Lucian Grainge en Universal Music Group y Rob Stringer en Sony Music Entertainment.

"Todo eso es gracias a una infraestructura que ampara el talento creativo desde la escuela y provee las plataformas adecuadas para su desarrollo, de la BBC al gran número de sellos, estudios de música o ingenieros", han coincidido los ponentes citados en Midem.

De los cerca de US$ 1,125 millones de ingresos, un 54% procedieron del "streaming", sistema de reproducción transnacional que no entiende de fronteras físicas ni aranceles a la distribución, más allá de la negociación de los derechos de autor en cada país.

"La música es tan popular ahora como lo ha sido siempre, pero hemos aumentado nuestros ingresos porque hemos aprendido a monetizarlo mejor", señala Peter Leathem, directivo de PPL, una de las dos grandes sociedades de gestión de derechos colectivos junto a PRS.

Esta organización recaudó 246.8 millones de libras en el 2018 (unos US$ 313 millones), registro histórico que representa una subida del 13% respecto al ejercicio previo y que llegó impulsado por la explotación internacional de su catálogo, de donde llegaron unos 71 millones de libras (US$ 90 millones), el 90% por actuaciones de sus artistas en otros países.

Los promotores, que ya tienen su vista puesta en los territorios emergentes, no temen que la velocidad de crucero en el extranjero aminore con el Brexit, al menos en el corto plazo, ya que la mayor parte de los conciertos y giras hasta noviembre del 2020 ya están cerradas.

"El negocio no se va a parar", advierten, antes de subrayar los cientos de problemas diarios reales con los que se enfrentan ajenos a las condiciones de "esa palabra con B". Por ejemplo: las dificultades para obtener visados en países como Estados Unidos o Rusia, especialmente para bandas pequeñas.

En las giras, que suelen negociarse en dólares y euros, lo que a veces provoca auténticos traumas por las fluctuaciones de las monedas locales, se viven otros episodios locos como cancelaciones porque alguien no pensó en el cambio de voltaje de los equipos de un país a otro.

"Si la amenaza del terrorismo reflota, ese sí será un problema mayor", destaca Nick Hobbs, propietario de Charmenko, promotora asentada en Turquía

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