Módulos Temas Día

mundo

América Latina mira más allá de Estados Unidos en comercio

El ataque de Estados Unidos al sistema de comercio global se produce en un momento en que América Latina finalmente está adoptando el libre comercio.

Uno de cada cinco peruanos no conoce a ninguno de los ministros de Vizcarra

Uno de cada cinco peruanos no conoce a ninguno de los ministros de Vizcarra

Uno de cada cinco peruanos no conoce a ninguno de los ministros de Vizcarra

USI

Por Shannon O'Neil (*)

Este fin de semana, una atribulada Argentina recibió a los ministros de finanzas del G20 para preparar la agenda del cónclave que realizarán sus líderes en diciembre en Buenos Aires.

Si bien oficialmente se centraron en la infraestructura y el futuro del trabajo, estas discusiones más técnicas se vieron eclipsadas por las amenazas arancelarias de Estados Unidos y la beligerancia del presidente Donald Trump hacia los aliados y la Organización Mundial del Comercio ( OMC).

El ataque de Estados Unidos al sistema de comercio global se produce en un momento en que América Latina finalmente está adoptando el libre comercio. En un resurgimiento de líderes favorables al mercado, los políticos de izquierda y derecha están buscando expandir la huella comercial global de sus naciones a través de una ola de acuerdos de libre comercio e inversión.

En tiempos normales, podrían haberse dirigido hacia Estados Unidos, un importante inversor y socio comercial para la mayoría de las naciones. Sin embargo, la obstinación de Trump durante todas las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) sugiere que habrá pocos acuerdos para el norte. Como resultado, se está produciendo un cambio marcado.

La Unión Europea se ha convertido en un socio privilegiado: México avanzó en abril la renegociación de su acuerdo del 2000, abriendo los sectores agrícola, de servicios y de productos digitales, simplificando las aduanas y armonizando las regulaciones para facilitar la venta a través de las fronteras.

El Mercosur, el bloque comercial fundado por Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, está avanzando para finiquitar un acuerdo con la UE que se ha estado gestando durante casi dos décadas.

Las naciones latinoamericanas que apoyan en libre comercio también están llevando su causa a Asia. México, Perú y Chile fueron socios fundadores del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, ahora Acuerdo Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico tras la salida de Estados Unidos, y la vecina Colombia es una de las naciones que claman por unirse.

Mercosur está considerando negociar con Corea del Sur, siguiendo un camino trazado por Costa Rica, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Panamá, que firmaron acuerdos bilaterales este año. Panamá inició negociaciones con China, mientras que Colombia y el Mercosur están siendo seducidos por la idea.

Y el bloque comercial sudamericano inició conversaciones con Canadá e hizo acercamientos con Nueva Zelanda y Australia para evaluar el interés en impulsar las relaciones comerciales.

Las principales economías de América Latina también están actuando para hacer realidad el largo y escurridizo sueño de la integración económica regional, en el cual está rezagada frente a todas las regiones excepto África.

Esta semana, los líderes de la Alianza del Pacífico, un acuerdo integral de libre comercio iniciado por México, Colombia, Perú y Chile, se reunirán con sus contrapartes del Mercosur en Puerto Vallarta para discutir la colaboración e incluso una posible fusión. Un acuerdo concentraría el 80% del Producto Bruto Interno (PBI) de la región, creando un mercado de US$ 4.3 billones.

Si bien no es un premio tan grande como la UE o China, este acuerdo preferencial podría ser más importante para la prosperidad futura de América Latina.

El comercio y la inversión intrarregionales se inclinan hacia sectores de tecnología de nivel medio a superior -incluidos productos químicos, automóviles y productos farmacéuticos- e industrias de mayor valor agregado que incorporan tecnología, mejoran la productividad y crean mejores empleos.

Si las naciones latinoamericanas quieren prosperar a partir de las cadenas de suministro mundiales, deben desarrollar la producción regional hasta el punto en que puedan competir con las empresas integradas de Asia, Europa y América del Norte.

Por supuesto, el fervor del libre comercio actual de América Latina podría decaer. Después de que el presidente argentino, Mauricio Macri, sea anfitrión a finales de año, la responsabilidad del G20 se trasladará a Japón.

Los comentarios favorables al TLCAN del presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, no son coherentes con sus llamados más proteccionistas a la autosuficiencia en materia de alimentos y energía. Y en Brasil, el próximo presidente, que tomará el mando en enero, podría reafirmar o descartar el nuevo entusiasmo comercial de la nación.

En ese sentido, los resultados concretos de los acuerdos que están a punto de finiquitarse serán fundamentales. Sin embargo, incluso si el entusiasmo variara, los horizontes comerciales de América Latina se han ampliado. Mientras que la geografía sigue siendo en gran parte lo central, América Latina por ahora se está moviendo sin Estados Unidos.

Después de la cumbre de la OTAN, el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania proclamó que la UE "ya no puede depender por completo de la Casa Blanca". Al menos en el comercio, América Latina ya aprendió esa lección.

(*) Esta columna no necesariamente refleja la opinión de la junta editorial o de Bloomberg LP y sus dueños.

Leer comentarios ( )

Ir a portada