Sexo, dinero y seriedad

DESAYUNANDO CON KRUGMANPaul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008, es profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton.

NYT SYNDICATE

¿Puede una mujer dirigir de manera eficaz la Reserva Federal (FED)? Ni siquiera debería hacerse esa pregunta. Janet Yellen, la vicepresidenta de la Junta de Gobernadores de la entidad, no solo está a la altura de la tarea, sino que, desde cualquier punto de vista, es la persona más calificada en Estados Unidos para relevar a Ben Bernanke cuando este deje la presidencia de la FED.

Pese a ello, hay en marcha no una, sino dos campañas sexistas contra Yellen. Una consiste de murmuraciones en las que el sexismo es implícito, mientras que la otra denota misoginia pura y dura. Y ambas se las arreglan para combinar el sexismo con pésimos análisis económicos.

Empecemos por la campaña más extrema. La semana pasada, The New York Sun publicó un editorial en el que atacaba a Yellen, titulado "El dólar femenino", que daba por sentado que la FED ha estado siguiendo unas políticas monetarias desastrosamente inflacionarias durante años, a pesar de que la inflación real ha caído a su mínimo de 50 años. Además, advertía que las cosas empeorarían todavía más si el dólar llegaba a estar meramente "respaldado por el género". No lo estoy inventando.

Es verdad que se trata de una publicación marginal, con fuertes tendencias a favor del patrón oro, y nadie le prestaría mucha atención si el resto de la derecha hubiese hecho caso omiso de ese editorial o se hubiese distanciado de él. No obstante, The Wall Street Journal inmediatamente publicó su propio editorial en la misma línea, a lo largo del cual citaba aprobatoriamente el artículo de The New York Sun, dólar femenino incluido.

La otra campaña contra Yellen ha sido más sutil, a base de repetir insinuaciones —casi siempre extraoficiales— de que no tiene la "sustancia" necesaria para dirigir la FED. ¿Qué significa eso? Bueno, supongamos que estamos hablando de un hombre con las credenciales de Yellen: trabajo académico sobresaliente, líder del Consejo de Asesores Económicos, seis años presidiendo la Reserva Federal de San Francisco, un historial de efectividad en el trabajo con sus colegas de la Junta de Gobernadores. ¿Insinuaría alguien que un hombre con esas credenciales no está, por alguna razón, calificado para el cargo?

Lo siento, pero es difícil no llegar a la conclusión de que sustancia, en este contexto, significa básicamente poseer un cromosoma Y.

En consecuencia, ambas campañas denotan un sexismo inequívoco y deberían ser condenadas. Asimismo, resulta que tienen otro problema: están basadas en análisis económicos defectuosos.

En el caso de aquellos que advierten sobre "dólar femenino", la obstinación del planteamiento económico es tan burda y evidente como el sexismo. Los que gritan que la FED está "degradando el dólar" llevan casi cinco años previniéndonos sobre la inflación descontrolada, y se han equivocado a cada paso del camino. Pero lo peor es que no han mostrado la menor voluntad de reconocer que se han equivocado, mucho menos de revisar sus opiniones a la luz de la experiencia. En resumen, son las últimas personas en el mundo a las que deberíamos escuchar en lo referente a política monetaria.

Al igual que con su sexismo, la obcecación del grupo que cuestiona la sustancia de Yellen es más sutil. En la medida en que tener sustancia consiste en algo más que ser varón, significa ser lo que a mí me gusta llamar una "persona muy seria", la clase de gente que habla mucho acerca de la necesidad de tomar decisiones difíciles, lo cual por alguna razón siempre implica exigir sacrificios a las familias comunes y corrientes y, al mismo tiempo, tratar a los ricos con guantes de seda. Pero la cuestión es esta: las personas muy serias se han equivocado con consistencia, aunque no de manera tan espectacular como los histéricos de la inflación.

Esto ha sido claramente cierto en el caso de la política presupuestaria, en el que las personas serias secuestraron el debate nacional, alejándola de la creación de trabajos y centrándola en los déficits, sobre la base de que Estados Unidos se enfrentaba a una inminente crisis fiscal que, por alguna razón, sigue sin aparecer.

Pero también ha sido cierto en el caso de la política monetaria. The Wall Street Journal (la redacción, no la sección de opinión) analizaba no hace mucho el historial de los máximos responsables políticos de la FED a la hora de hacer pronósticos, dividiéndolos en "halcones" (funcionarios que persisten en señalar que la entidad está haciendo demasiado para combatir el desempleo) y "palomas" (que advierten que está haciendo demasiado poco). Su conclusión fue que las palomas hacen sistemáticamente pronósticos mejores y que la mejor pronosticadora de todas es la paloma más prominente: Janet Yellen.

El punto es que, aunque a los de la sustancia les gusta considerarse hombres serios (y quiero decir hombres) que están dispuestos a hacer lo que haga falta hacer, la historia reciente sugiere que de hecho son hombres ansiosos de demostrar su seriedad haciendo lo que no hay necesidad de hacer, a costa de los ciudadanos.

Además, hace no mucho hubo una época en la que casi todos los del grupo de la sustancia, si se les hubiese preguntado quién poseía esa cualidad mística en su forma más pura, seguramente habrían respondido que Alan Greenspan. ¿Y cómo acabó esa época?

Entonces, ¿es Janet Yellen la única candidata posible para ser la próxima presidenta de la FED? Por supuesto que no. Pero los argumentos a favor de otros deberían basarse en sus méritos, y hasta ahora eso no ha estado ocurriendo.Antonio Yonz MartínezTraducción

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