El Muro sigue en pie

BERLÍN y JENA | edición impresa

El equilibrio geográfico es una fortaleza de los negocios alemanes. Mientras que Londres y París dominan en sus países, en Alemania, las grandes compañías están en todas partes, menos en el este. Pasados 25 años de la caída del Muro de Berlín, se ha cerrado buena parte de la brecha macroeconómica: el PBI per cápita del lado oriental equivale al 67% del que registra el lado occidental cuando en 1991 equivalía al 33%. Sin embargo, el emprendimiento todavía está buscando su lugar en los "nuevos estados", que es como se les llama oficialmente.

Muchas empresas del este fueron adquiridas por las del oeste y así como no hay equipos orientales en la Bundesliga, ninguna de las 30 compañías alemanas más grandes que listan en bolsa está basada en el este. Y las sedes corporativas son importantes, pues las personas que allí trabajan son las que trazan las estrategias y ganan más. Además, atraen servicios profesionales: contadores, abogados y consultores.

La excepción es Berlín. Antes de la II Guerra Mundial, era un centro bancario e industrial, pero la destrucción y la división de la ciudad obligaron a compañías como Deutsche Bank y Siemens a mudarse a lugares más amistosos en el oeste. Llamada "pobre pero sexy" por su alcalde, Berlín está tornándose menos pobre.

Air Berlin y Deutsche Bahn (el operador nacional de ferrocarriles) están basadas en la ciudad, lo mismo que la editorial Axel Springer. A estas viejas conocidas se les están uniendo las nuevas dedicadas al negocio digital como Rocket Internet, desarrolladora de negocios de comercio electrónico, la red social para académicos Research Gate, el servicio para compartir música SoundCloud, y el fabricante de juegos en Internet Wooga.

Fuera de Berlín el escenario es irregular. El aumento de la productividad laboral se ha estancado. Esto se debe en parte a que la economía del lado oriental está concentrada en actividades menos productivas como construcción y agricultura. Pero en otras, como finanzas, los trabajadores del este han ganado menos productividad que sus colegas occidentales.

Dicho esto, hay que anotar que el estereotipo del trabajador oriental nostálgico, holgazán y bolchevique está desactualizado. Los del este trabajan más horas y el 44% considera que sus remuneraciones son injustas (frente a alrededor de un tercio en el oeste). Pese a ello, es más probable que consideren que la reunificación alemana ha sido un éxito.

El desempleo ha bajado a 9.7%, aunque principalmente se debe a que los jóvenes se han mudado al oeste en busca de empleo. Esta migración casi se ha detenido recientemente, pero otro shock demográfico se acerca: la tasa de natalidad del este ha caído por debajo de la tasa de reemplazo de la fuerza laboral y esa nueva generación se acerca a la edad laboral.

Además, hay poca oferta de mano de obra calificada. La educación técnica fue una de las fortalezas de Alemania Oriental y todavía cuenta con universidades muy reconocidas en Dresde, Leipzig y Jena. Esto ha ayudado al este a mantener algunos remanentes de sus industrias de antaño como la química, pero muchas empresas se quejan porque no pueden encontrar y retener a los mejores trabajadores.

Una feliz excepción es Jena, en Turingia. En 1846, Carl Zeiss fundó un negocio óptico y cuando la ciudad terminó en la zona soviética, las tropas estadounidenses se llevaron la mayor parte de máquinas y científicos a Alemania Occidental. Lo poco que quedó pasó a conformar uno de los conglomerados estatales de Alemania Oriental.

Tras la caída del Muro, una parte se convirtió en Jenoptik, un fabricante de equipos láser de clase mundial, mientras que el resto se reincorporó a la empresa en el lado oeste.

El "efecto clúster" en Jena ha generado nuevos éxitos como Asphericon, fundada en el 2001, que es una de las pocas empresas que exportan a Marte: sus lentes están a bordo de la nave Curiosity de la NASA. Tanto Zeiss como Asphericon señalan que aunque hay pocos científicos ópticos, pueden encontrar la gente que necesitan, particularmente en el este.

Esta zona necesita más casos de este tipo, pues las empresas pequeñas y medianas son la columna vertebral de la economía alemana. En una época, parecía una buena idea que las compañías del oeste comprasen activos del otro lado, pero está práctica puede haber debilitado el desarrollo del emprendimiento en el este.

Hans-Paul Bürkner, exCEO del Boston Consulting Group, subraya que los niños que crecen en hogares emprendedores tienen más probabilidades de crear sus propios negocios y pocos jóvenes orientales han tenido esa experiencia. Aquellos que funden sus empresas provendrán del puñado de clústeres promovidos por universidades, que son difíciles de reproducir por más que los políticos lo intenten.

En suma, el panorama empresarial del lado este alemán todavía puede verse distinto respecto del lado oeste: un rango más estrecho de sectores concentrados en pocas ciudades innovadoras. Y quizá sean más "disruptivas", como lo sugieren las nuevas empresas digitales berlinesas. A los alemanes les gusta usar esa palabra, pero pocos entienden a cabalidad la idea subyacente. Los del este, que tienen menos que perder al desafiar el statu quo, podrían tener algo que enseñarles a sus primos del oeste.

Traducido para Gestión por Antonio Yonz M. © The Economist Newspaper Ltd,London, 2014

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