El desastre climático ya llegó

NYT SYNDICATELa ola de calor y la sequía están afectando gran parte del territorio estadounidense, aunque en Nueva Jersey hay días frescos en pleno verano.

El clima es así, fluctúa.Esta simple observación puede estar destinándonos a la catástrofe climática en dos formas. Por un lado, la variabilidad de las temperaturas diarias y anuales hace que se pierda, ignore u oscurezca la tendencia de largo plazo.

Por otro lado, incluso un modesto aumento en las temperaturas promedio se traduce en una frecuencia mayor de eventos extremos —como la devastadora sequía que se cierne sobre el centro del país—, que causan daños enormes.

Con respecto al primer punto: aun si se tuviera la mejor disposición del mundo, sería difícil para la mayor parte de la gente focalizarse en el panorama completo frente a las fluctuaciones de corto plazo. Cuando el mercurio está elevado y los cultivos se marchitan, todos hablan de eso y algunos relacionan el hecho con el calentamiento global.

Pero a medida que los días se hacen más frescos y llega la lluvia, inevitablemente la atención del público se desvía a otros asuntos.

Lo que empeora las cosas es el rol de aquellos que no tienen las mejores intenciones del mundo. La negación del cambio climático es un gran negocio profusamente financiado por Exxon, los hermanos Koch y otros que poseen intereses financieros en la explotación de combustibles fósiles.

Y la variabilidad de argumentos es uno de los trucos clave de ese negocio. Sus aplicaciones van desde los perennes comentarios en Fox News —"¡Hace frío, Al Gore estaba equivocado!"— hasta las constantes aseveraciones de que estamos experimentando un enfriamiento global, porque ahora no hace tanto calor como algunos años atrás.

¿Cómo debemos relacionar el cambio climático y la experiencia diaria? Hace casi un cuarto de siglo, el científico de la NASA James Hansen, quien hizo más que el resto para colocar el cambio climático en la agenda, sugirió la analogía de los "dados cargados". Imaginemos un dado con dos caras rojas, dos blancas y dos azules representando, respectivamente, las probabilidades de un verano caluroso, promedio o fresco, de acuerdo con estándares históricos.

Hansen y sus colegas predijeron que para inicios del siglo XXI, el dado tendría cuatro caras rojas, una blanca y una azul. Los veranos calurosos serían mucho más frecuentes, pero aún habría veranos frescos de vez en cuando.

Y así sucedió. Un nuevo estudio de Hansen documenta que, de acuerdo con estándares históricos, los veranos frescos todavía ocurren, pero en raras ocasiones, mientras que los calurosos son ahora doblemente más frecuentes. Además, nueve de los diez años más calurosos han ocurrido a partir del 2000.

Pero eso no es todo: las temperaturas que en realidad son extremadamente altas, que raramente ocurrían en el pasado, se han convertido en algo común. Pensemos en sacar dos seis con los dados, lo cual ocurre menos de 3% de las veces con dados limpios, pero con mayor frecuencia cuando están cargados. Y esta incidencia creciente de eventos extremos —que se reflejan en la variabilidad del clima que puede oscurecer la evidencia del cambio climático—, hace que los costos climáticos no sean una perspectiva distante de varias décadas, sino que ya están aquí, pese a que las temperaturas globales solamente estén un grado Fahrenheit (0.56°C) por encima de sus niveles históricos, una pequeña fracción de un eventual aumento si no actuamos al respecto.

La gran sequía en el medio oeste es un ejemplo, pues ya ha elevado los precios del maíz a su nivel récord. Si continúa, podría causar una crisis alimentaria global, porque las praderas estadounidenses son todavía el granero del mundo.

Y la sequía está vinculada con el cambio climático: tales eventos han ocurrido antes, pero hoy son más probables de lo que solían ser en el pasado.

Claro que esta sequía podría terminar a tiempo para evitar lo peor, pero habrá más eventos como este. El influyente bloguero en temas meteorológicos, Joseph Romm, ha acuñado el término "Dust-Bowlification" en referencia a la perspectiva de la ocurrencia de periodos prolongados de sequía extrema en áreas agrícolas que solían ser productivas.

Romm ha estado argumentando que es probable que este fenómeno, que presenta efectos desastrosos en la seguridad alimenticia, lidere los daños causados por el cambio climático que tendrán lugar en las próximas décadas. La inundación de Florida a raíz del incremento del nivel del mar y todo lo demás ocurrirá después.

¿Conducirá la actual sequía a la toma de acciones climáticas serias? Los antecedentes no son alentadores.

Quienes niegan la realidad seguramente seguirán negándola, especialmente porque admitir a estas alturas que la ciencia que ellos basureaban tenía razón sería admitir su propia culpabilidad por el desastre que se viene. Y es también probable que el público pierda nuevamente interés cuando el dado vuelva a salir blanco o azul.

Pero esperemos que esta vez sea diferente, porque el daño en gran escala que está ocasionando el cambio climático ya no es un desastre esperando ocurrir, sino que ya está ocurriendo.

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