Faltar a clase, no ser puntual y tener el dormitorio hecho un caos es inaceptable. Pero, ¿funciona este condicionamiento simple? Los educadores creen que no. Porque los niños reaccionan emocionalmente: con incomprensión, ira y hasta sed de venganza. El error más común es que la sanción no tenga relación con la falta, resulte arbitraria, se aplique de forma irregular o demasiado tarde.

Pero sobre todo, como instrumento de poder que es, humilla y denigra a los sancionados. Y no los lleva a reflexionar. ¿Es diferente entre los Estados? No mucho. Si un país o la Unión Europea quiere lograr que un gobierno se comporte de otra forma, muchas veces se imponen sanciones económicas.

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