| ¿A quién no le gustaría trabajar en una gran empresa y administrarla desde la comodidad de su cama?

Imagina deshacerte del fastidio de levantarte a las 5 am para bañarte, desayunar -si te da tiempo- y correr a tomar el metro para llegar a tu oficina. El término home office ha adquirido relevancia y se ha puesto de moda debido a las tendencias en las preferencias laborales de nuestra querida generación millennial. Y es que en un mundo globalizado con inimaginables avances en tecnología y conectividad, es posible tener a veinte colaboradores dispersos por el mundo, reunidos en una sala a través de una videoconferencia.

El home office es una estrategia excelente si se pretende ahorrar en inversiones como el pago por renta de oficinas, impresiones, internet, etc. Además, representa la posibilidad de optimizar el tiempo de los empleados y proveerles una mejor calidad de vida y mayor plenitud laboral. Sin embargo, existe la posibilidad de que aún con la mejor presentación ejecutiva, el gerente o dueño de la empresa donde trabajas se niegue rotundamente a siquiera considerar la opción. Y lo más importante es que probablemente tenga razón al no hacerlo.

A continuación te presento 5 razones por las que a tu jefe no le gusta (y jamás le gustará) el home office.