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Banca en los 90: cuando el cliente buscaba al banco y no al revés

Ocho mil ediciones después desde aquel primer número del diario en setiembre de 1990, Gestión hace un recuento de los últimos 29 años de la banca en el Perú y, con expertos del sector, analiza el impacto de su evolución en la población y economía del país.

Si había algo que caracterizaba a los bancos en el Perú a inicios de la década de 1990, era la simplicidad de sus servicios orientados a las personas y su postura de espera a la llegada de clientes, quienes en ese entonces tenían que ir (físicamente) a una agencia para realizar cualquier transacción, a diferencia de hoy que muchas de ellas se hacen de manera virtual.

“Uno iba a sacar dinero de su cuenta de ahorros o a pedir un préstamo. Todos teníamos un cartoncito llamado libreta de ahorros, con la que el funcionario del banco buscaba en un libro tu nombre y veía cuánta plata tenías. Para hacer un retiro, el empleado usaba una suerte de caja registradora donde metía la libreta y marcaba como en una máquina de escribir lo que estabas retirando; luego, al costado, ponía su firma y uno se iba con la libreta con total seguridad de que ese mecanismo rudimentario era seguro”, recuerda el economista Carlos Parodi.

Después llegó la inevitable transición de la libreta de ahorros a la tarjeta de débito, marcando un hito en la historia bancaria y financiera del Perú. “Fue un cambio casi simultáneo en todos los bancos. No de un momento a otro, pero sí bien rápido, de pronto aparecieron los cajeros automáticos en todos lados, las tarjetas de débito marcaron un hito porque fue el primer paso hacia el cada vez menor uso del dinero físico”, resaltó el docente de la Universidad del Pacífico.

Respecto al horario de atención, los bancos no abrían los sábados ni atendían al mediodía. Abrían desde las 9 a.m. hasta las 12 o 1 p.m. y algunas entidades empezaron a atender en las tardes en los 90. Hacia finales de la década, a un banco se le ocurrió atender hasta las 6 p.m. de forma ininterrumpida. “Antes si uno quería dinero a la 1:30 p.m., los bancos estaban cerrados. Pero nadie se hacía problemas, la vida no era tan acelerada como ahora”, comenta Parodi.

Hoy en día es común que las personas reciban llamadas de bancos que les ofrecen tarjetas de crédito, préstamos y otros productos. En los inicios de los 90, era al revés... “Un banco jamás te llamaba, si uno quería un préstamo tenía que ir al banco y demostrarle con una tonelada de papeles que podía ser un buen cliente que cumple con los pagos. Había que demostrar si uno tenía vivienda propia e incluso ir con un aval”, explica Parodi. “Y si uno quería un préstamo para su negocio, iba a los bancos estatales que ofrecían tasas subsidiadas por el Estado”.

A diferencia de la última década del siglo pasado, los bancos ahora brindan más servicios a la medida de las necesidades del cliente, de la mano con una calificación más rápida y canales de atención más cercanos. “El avance tecnológico ha sido enorme y rápido, ahora con una llamada ya tienes tarjeta de crédito. Antes si uno quería un préstamo tenías que hacer cola porque solo había un funcionario que veía esa área. Todo el proceso para un préstamo podía durar tres meses”, anota el docente de Economía.

Otra característica del sector a inicios de los 90 era la necesidad de permitir a la gente ahorrar en dólares debido a la galopante inflación que se heredó de la década anterior. “Al mismo compás que los clientes empezaron a usar dólares para sus transacciones diarias, los bancos comenzaron a atraer a la gente para que ahorrase en dólares, por eso la inflación de la época originó la dolarización de la economía, algo que hasta ahora no salimos del todo”, agrega.

“En 1992, la ley que igualó el marco legal para la inversión nacional y extranjera en cualquier área dio lugar al lento ingreso de la banca extranjera, la cual no solo traía dinero sino también nueva tecnología inexistente en el Perú. Por ahí despega el sistema”, subraya el economista.

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