GASTRONOMíA

[VIDEO] Las Bolena: un acogedor espacio especializado en té

[VIDEO] Las Bolena: un acogedor espacio especializado en té
Redacción ContentLab
Miércoles 14 de agosto del 2019

Esta Lima sibarita se está poniendo cada vez más interesante. A su conocida diversidad de comida criolla, marina, regional y hasta internacional, le está sumando nuevos atractivos en terrenos como el pan artesanal, el café y, por supuesto, el té.

Los pioneros en la introducción de esta elegante costumbre de beber té son los hermanos Ana Lucía y Álvaro Cornejo, quienes hace tres años abrieron Las Bolena, un lugar que nació como un salón del té pero que ha sabido complementar su oferta con un espléndido brunch, variados almuerzos y cenas, convirtiéndose en un punto obligado para todo aquel que disfrute de la vida bien comida (y bebida).

EL TÉ DE LA ABUELA
Álvaro Cornejo
recuerda que su abuela, de origen irlandés, tenía la sana costumbre de beber té en impecable y elegante ceremonia. Lo deslumbraba el rito de hervir el agua, elegir la combinación perfecta de tés, seleccionar la tetera y las tazas y obsesionarse por el preciso colado antes de servir un humeante brebaje que, a veces era rojo, otras dorado, muchas veces negro e incluso verde.

No imaginaba, por entonces, que años después, gracias a una iniciativa que partió de su hermana Ana Lucía, él iba a repetir tan religiosa ceremonia en Las Bolena. Y no solo eso, que una de las teteras que usaría para engreír y celebrar a sus clientes era aquella que su abuela usaba en casa, para celebrar a su familia.

Las Bolena nació hace tres años. Ana Lucía Cornejo acababa de regresar al país después de estudiar Hostelería en Suiza y quería crear un concepto nuevo y disruptivo en esta Lima que se llenaba de cebicherías, barras criollas y comida nikkei.

Fue entonces que no solo recordó a su abuela sino a aquellas ceremonias de las que había sido testigo en Europa, en sus constantes viajes a Inglaterra, Francia y la misma Suiza: la hora del té.

Miró a su alrededor, caminó las calles de Lima y se dio cuenta de que no existía un espacio especializado en tés en una ciudad que se presume como sibarita. Bautizó a su restaurante como Las Bolena, en una especie de homenaje a las famosas hermanas inglesas que unieron su destino con el del rey Enrique VIII.

Empezó a investigar con curiosidad y nostalgia y se dio cuenta de que ese universo era infinito, que había grandes tés en la India, en Japón, en China y en Taiwán, que las cosechas preferidas eran las otoñales, que algunos tienen denominación de origen, que los negros y rojos son apenas dos colores de una paleta infinita, que sus sabores pueden ser intensos y sutiles, frutales y herbáceos, astringentes y frescos, que los hay digestivos pero también festivos, etcétera.

Su primera carta fue amplia y entusiasta. Poco a poco fue decantando su oferta hasta la que hoy encontramos en Las Bolena, que ofrece 20 variedades de té, provenientes de la India, de Japón, de China y, cómo no, del Perú, con tés de muña y una juguetona combinación de chicha morada y otros insumos locales. Lo sabemos, ser puristas nos cuesta.

Y así como eligió los tés, junto con Álvaro seleccionaron las coloridas y simpáticas teteras donde lo sirven. Recorrieron tiendas de antigüedades, edificios y hoteles en demolición y remodelación y, poco a poco, se fueron haciendo de una amplia vajilla que impresiona por su variedad y que complementa el rito de beber un buen té.

LA HORA DEL BRUNCH
Así como Ana Lucía es una amante del té. Álvaro, su hermano, lo es de la cocina. Con estudios en Le Cordon Bleu y experiencia en uno de los Ritz de Estados Unidos, al volver a Lima y entusiasmarse con Las Bolena, le propuso poner su granito de arena ampliando la oferta.

Así, nació el brunch de fin de semana, iniciativa en la que también son pioneros en Lima. Álvaro sentía que eso nos faltaba, la posibilidad de hacer una comida exquisita y golosa sin la frugalidad del desayuno apurado de los días de semana, pero sin la ceremonia del almuerzo dominguero. 

En su carta hay sabrosas y contundentes fritatas (una tortilla italiana de huevos, papa, salsa de tomate y queso), traviesos shakshukas (huevos escalfados en salsa de tomate y salchicha), ricos panqueques (el inglés tiene peras braseadas, helado de vainilla, fudge de chocolate y crema batida) y dulces wafles (el aplatanado lleva salsa de caramelo y pecanas) además de tostas, omelettes, benedictinos, capuccinos y, cómo no, veinte opciones de té.

Su terraza se ha convertido en un punto de encuentro gracias al after office que ofrecen todas las tardes y, como Álvaro no puede con su alma de cocinero, en los almuerzos y cenas, además de ensaladas mediterráneas, cesars y tabulés, ofrece un contundente raclete (queso suizo derretido) sobre papas y lomo fino, un tallarín saltado de abuelita, un rissoto a la huancaína y otros guiños a la sazón criolla. Hay que gustar, y en Las Bolena lo tienen como obsesión.

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